OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Pedro Canisio, presbítero y doctor de la Iglesia.
V. Venid a escuchar, os contaré lo que Dios ha hecho conmigo. R. Proclama mi alma la grandeza del Señor.
Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me tu rostro.
Himno
Alegría de nieve
por los caminos.
Todo espera la gracia
del Bien Nacido.
Miserables los hombres,
dura la tierra.
Cuanta más nieve cae,
más cielo cerca.
La tierra tan dormida
ya se despierta.
Y hasta el hombre más muerto
se despereza.
Ya los montes se allanan
y las colinas,
y el corazón del hombre
vuelve a la vida.
Gloria al Padre y al Hijo,
gloria al Espíritu,
que han mirado a la tierra
compadecidos. Amén.
Salmodia
Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me escondas tu rostro.
Salmo 101
Dios nos consuela en todas nuestras luchas. (2Co 1, 4)
Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco, escúchame en seguida.
Que mis días se desvanecen como humo,
mis huesos queman como brasas;
mi corazón está agostado como hierba,
me olvido de comer mi pan;
con la violencia de mis quejidos,
se me pega la piel a los huesos.
Estoy como lechuza en la estepa,
como búho entre ruinas;
estoy desvelado, gimiendo,
como pájaro sin pareja en el tejado.
Mis enemigos me insultan sin descanso;
furiosos contra mí, me maldicen.
En vez de pan, como ceniza,
mezclo mi bebida con llanto,
por tu cólera y tu indignación,
porque me alzaste en vilo y me tiraste;
mis días son una sombra que se alarga,
me voy secando como la hierba.
Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me escondas tu rostro.
Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
Salmo 101
Dios nos consuela en todas nuestras luchas. (2Co 1, 4)
Tú, en cambio, permaneces para siempre,
y tu nombre de generación en generación.
Levántate y ten misericordia de Sión,
que ya es hora y tiempo de misericordia.
Tus siervos aman sus piedras,
se compadecen de sus ruinas:
los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones,
quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor:
Que el Señor ha mirado
desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor.
Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
Salmo 101
Dios nos consuela en todas nuestras luchas. (2Co 1, 4)
El agotó mis fuerzas en el camino,
acortó mis días;
y yo dije: «Dios mío, no me arrebates
en la mitad de mis días.»
Tus años duran por todas las generaciones:
al principio cimentaste la tierra,
y el cielo es obra de tus manos.
Ellos perecerán, tú permaneces,
se gastarán como la ropa,
serán como un vestido que se muda.
Tú, en cambio, eres siempre el mismo,
tus años no se acabarán.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia.
Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
SEGUNDA LECTURA
De los escritos de san Pedro Canisio, presbítero
San Pedro Canisio, llamado con razón el segundo apóstol de Alemania, antes de marchar para este país, y recibida la bendición del Papa, tuvo una profunda experiencia espiritual, que describe él mismo con estas palabras:
«Tuviste a bien, Pontífice eterno, que yo encomendase solícitamente el efecto y la confirmación de aquella bendición apostólica a tus Apóstoles del Vaticano, que tantas maravillas operan bajo tu dirección. Allí sentí un gran consuelo y la presencia de tu gracia, que me venía por medio de tales intercesores. Pues me bendecían y confirmaban mi misión a Alemania, y me pareció que me prometían su favor como a apóstol de Alemania. Ya sabes, Señor, cómo y cuántas veces pusiste aquel día Alemania en mis manos, esa Alemania que había de ser mi preocupación constante y por la cual deseaba vivir y morir.
Tú, Señor, me ordenaste, finalmente, beber del caudal que manaba de tu santísimo corazón, invitándome a sacar las aguas de mi salvación de tu fuente, Salvador mío. Lo que yo más deseaba es que de ahí derivaran torrentes de fe, esperanza y caridad, en mi persona. Tenía sed de pobreza, castidad y obediencia, y te pedía que me purificaras y vistieras por completo. Por eso, tras haberme atrevido a acercarme a tu dulcísimo corazón, calmando en él mi sed, me prometías un vestido de tres piezas con que cubrir mi alma desnuda y realizar con éxito mi misión: las piezas eran la paz, el amor y la perseverancia. Revestido con este ornamento saludable, confiaba en que nada habría de faltarme, y que todo acontecería para tu gloria.»
R. Un letrado que entiende del reino de los cielos * es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.
V. En corazón sensato habita la sabiduría, aun en medio de necios se da a conocer.
Oración
Señor, Dios nuestro, que otorgaste a san Pedro Canisio, una gran sabiduría y una extraordinaria fortaleza para que confirmara a los cristianos en la fe católica, haz que el pueblo creyente persevere siempre en la fe y concede a todos los que buscan la verdad el gozo de encontrarte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
