Saltar al contenido

Orar

Miércoles, 22 de diciembre de 2027

22 de diciembre

Adviento · Morado

VÍSPERAS

Himno

Escucha, casa de David:

La Virgen pura se halla encinta;

Dios la acaricia y la fecunda

y la hace Madre de la vida.

La Virgen grávida nos lleva

en el secreto de su dicha;

la Virgen fiel nos abre ruta

por su obediencia de discípula.

Espera en calma la agraciada,

con ella el mundo se arrodilla;

levanta el pobre la mirada,

con ella pide la venida.

Nacido en tiempos sin aurora,

el Hijo espera con María.

¡Oh Dios de amor, nuestra esperanza,

cambia tu espera en parusía!

¡A ti, Jesús, Hijo esperado,

aparecido en nuestros días,

con santo júbilo cantamos!

¡Ven en tu reino, ven de prisa! Amén.

Ya muy cercano, Emmanuel,

hoy te presiente Israel,

que en triste exilio vive ahora

y redención de ti implora.

Ven ya, del cielo resplandor,

Sabiduría del Señor,

pues con tu luz, que el mundo ansía,

nos llegará nueva alegría.

Llegando estás, Dios y Señor,

del Sinaí legislador,

que la ley santa promulgaste

y tu poder allí mostraste.

Ven, Vara santa de Jesé,

contigo el pueblo a lo que fue

volver espera, pues aún gime

bajo el cruel yugo que lo oprime.

Ven, Llave de David, que al fin

el cielo abriste al pueblo ruin,

que hoy puede andar, libre su vía,

con la esperanza del gran día.

Aurora tú eres que, al nacer,

nos trae nuevo amanecer,

y con tu luz, viva esperanza

el corazón del hombre alcanza.

Rey de la gloria, tu poder

al enemigo ha de vencer,

y al ayudar nuestra flaqueza,

se manifiesta tu grandeza. Amén.

Salmodia

Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.

Salmo 138 · 138, 1-18. 23-24

¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? (Rm 11, 34)

Señor, tú me sondeas y me conoces;

me conoces cuando me siento o me levanto

de lejos penetras mis pensamientos;

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,

y ya, Señor, te la sabes toda.

Me envuelves por doquier,

me cubres con tu mano.

Tanto saber me sobrepasa,

es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,

adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

tu diestra llegará hasta mí.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí»,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día.

Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.

Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca, como una aurora, su Justo.

Salmo 138 · 138, 1-18. 23-24

¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? (Rm 11, 34)

Tú has creado mis entrañas,

me has tejido en el seno materno.

Te doy gracias,

porque me has formado portentosamente,

porque son admirables tus obras;

conocías hasta el fondo de mi alma,

no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,

y entretejiendo en lo profundo de la tierra,

tus ojos veían mis acciones,

se escribían todas en tu libro,

calculados estaban mis días

antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,

Dios mío, qué inmenso es su conjunto!

Si me pongo a contarlos, son más que arena;

si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,

ponme a prueba y conoce mis sentimientos,

mira si mi camino se desvía,

guíame por el camino eterno.

Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca, como una aurora, su Justo.

El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.

Cántico · Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura;

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.

LECTURA BREVE

St 5, 7-8. 9b

Aguardad con paciencia, hermanos, hasta la manifestación del Señor. Ved cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra. Lo va aguardando pacientemente, hasta que la tierra reciba las lluvias tempranas y las tardías. Aguardad también vosotros con toda paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la manifestación del Señor está ya cerca. Mirad que el juez está a las puertas.

R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Que brille tu rostro y nos salve.

R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Oh Rey de las naciones y deseado de los pueblos, piedra angular de la Iglesia que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Oh Rey de las naciones y deseado de los pueblos, piedra angular de la Iglesia que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

Preces

Oremos, hermanos, a Cristo el Señor, que por nosotros se anonadó a sí mismo, y digámosle confiados:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesús, que con tu encarnación has salvado al mundo, — purifica nuestras almas y nuestros cuerpos de todo pecado.

No permitas que aquellos a quienes llamas hermanos por tu encarnación — se alejen de ti por el pecado.

No permitas que aquellos a quienes has salvado con tu venida — merezcan ser castigados en el día de tu juicio.

Cristo Jesús, que nunca alejas de nosotros tu bondad y tu amor, — haz que alcancemos la corona inmarcesible de gloria.

Te encomendamos, Señor, a nuestros hermanos que han sido separados temporalmente de su cuerpo — haz que, muertos para el mundo, vivan eternamente para ti.

Oración

Dios nuestro, que, compadecido del hombre caído y sentenciado a muerte, quisiste redimirlo con la venida de tu Hijo, concede a los que en esta Navidad han de postrarse ante él con humildad, para adorarlo hecho niño en Belén, que merezcan gozar eternamente de la compañía de su redentor. Que vive y reina contigo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.