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Orar

Lunes, 27 de diciembre de 2027

San Juan, apóstol y evangelista

Tiempo de Navidad · Blanco

VÍSPERAS

Himno

Norabuena vengáis al mundo,

niño de perlas,

que sin vuestra vista

no hay hora buena.

Niño de jazmines,

rosas y azucenas,

niño de la niña

después de él más bella,

que tan buenos años,

que tan buenas nuevas,

que tan buenos días

ha dado a la tierra;

parabién merece,

parabienes tenga,

aunque tantos bienes

como Dios posea.

Norabuena vengáis al mundo,

niño de perlas,

que sin vuestra vista

no hay hora buena.

Mientras os tardasteis,

dulce gloria nuestra,

estábamos todos

llenos de mil penas;

mas, ya que vinisteis

y a la tierra alegra

ver que su esperanza

cumplida en vos sea,

digan los pastores,

respondan las sierras,

pues hombre os adoran

y Dios os contemplan:

Norabuena vengáis al mundo,

niño de perlas,

que sin vuestra vista

no hay hora buena.

Salmodia

Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Salmo 109 · 109, 1-5. 7

Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno,

según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

Salmo 129

Él salvará a su pueblo de los pecados. (Mt 1, 21)

Desde lo hondo a ti grito, Señor;

Señor, escucha mi voz;

estén tus oídos atentos

a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,

y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,

espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,

como el centinela la aurora;

porque del Señor viene la misericordia,

la redención copiosa;

y él redimirá a Israel

de todos sus delitos.

Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

Cántico · Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura;

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

LECTURA BREVE

Rm 8, 3b-4

Dios envió a su propio Hijo, sometido a una existencia semejante a la de la carne de pecado. Así dictó sentencia de condenación contra el pecado, que ejercía su poder en la vida según la carne. De este modo la exigencia y el fin de la ley tuvieron cumplimiento en nosotros, que no vivimos la vida puramente natural según la carne, sino la vida sobrenatural según el espíritu.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Y puso su morada entre nosotros.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Por ti, Virgen María, han llegado a su cumplimiento los oráculos de los profetas que anunciaron a Cristo: siendo virgen, concebiste al Hijo de Dios y, permaneciendo virgen, lo engendraste.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Por ti, Virgen María, han llegado a su cumplimiento los oráculos de los profetas que anunciaron a Cristo: siendo virgen, concebiste al Hijo de Dios y, permaneciendo virgen, lo engendraste.

Preces

Oremos, hermanos, a Dios Padre, que por su gran amor hacia nosotros nos ha enviado a su Hijo, y digámosle:

Que la gracia de tu Hijo nos acompañe, Señor.

Dios de amor y Padre de nuestro Señor Jesucristo, tú que te has compadecido de los que viven en las tinieblas, — escucha las súplicas que te dirigimos por la salvación de todos los hombres.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra, — bendice al pueblo cristiano y concédele abundancia de paz.

Padre de todos los hombres, encamina a los pueblos al conocimiento de Jesucristo — y da a los gobernantes de las naciones la luz de tu Espíritu.

Tú que proclamaste dichosos a los que mueren en tu paz, haz que la luz eterna brille sobre los que han muerto en Cristo, — para que descansen de sus fatigas y reciban el premio de sus obras.

Oración

Dios todopoderoso, concédenos que, al vernos envueltos en la luz nueva de tu Palabra hecha carne, hagamos resplandecer en nuestras obras la fe que haces brillar en nuestra mente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.