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Orar

Lunes, 21 de febrero de 2028

San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia.

V. Hijo mío, haz caso a mis palabras. R. Presta oído a mis consejos.

Himno

Dios de la tierra y del cielo,

que, por dejarlas más claras,

las grandes aguas separas,

pones un límite al cielo.

Tú que das cauce al riachuelo

y alzas la nube a la altura,

tú que, en cristal de frescura,

sueltas las aguas del río

sobre las tierras de estío,

sanando su quemadura,

danos tu gracia, piadoso,

para que el viejo pecado

no lleve al hombre engañado

a sucumbir a su acoso.

Hazlo en la fe luminoso,

alegre en la austeridad,

y hágalo tu claridad

salir de sus vanidades;

dale, Verdad de verdades,

el amor a tu verdad. Amén.

Salmodia

Vendrá el Señor y no callará.

Salmo 49

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)

El Dios de los dioses, el Señor, habla:

convoca la tierra de oriente a occidente.

Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:

viene nuestro Dios, y no callará.

Lo precede fuego voraz,

lo rodea tempestad violenta.

Desde lo alto convoca cielo y tierra,

para juzgar a su pueblo:

«Congregadme a mis fieles,

que sellaron mi pacto con un sacrificio.»

Proclame el cielo su justicia;

Dios en persona va a juzgar.

Vendrá el Señor y no callará.

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Salmo 49

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;

Israel, voy a dar testimonio contra ti;

—yo, el Señor, tu Dios—

No te reprocho tus sacrificios,

pues siempre están tus holocaustos ante mí.

Pero no aceptaré un becerro de tu casa,

ni un cabrito de tus rebaños;

pues las fieras de la selva son mías,

y hay miles de bestias en mis montes;

conozco todos los pájaros del cielo,

tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría;

pues el orbe y cuanto lo llena es mío.

¿Comeré yo carne de toros,

beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,

cumple tus votos al Altísimo

e invócame el día del peligro:

yo te libraré, y tú me darás gloria.»

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

Salmo 49

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)

Dios dice al pecador:

«¿Por qué recitas mis preceptos

y tienes siempre en la boca mi alianza,

tú que detestas mi enseñanza

y te echas a la espalda mis mandatos?

Cuando ves un ladrón, corres con él;

te mezclas con los adúlteros;

sueltas tu lengua para el mal,

tu boca urde el engaño;

te sientas a hablar contra tu hermano,

deshonras al hijo de tu madre;

esto haces, ¿y me voy a callar?

¿Crees que soy como tú?

Te acusaré, te lo echaré en cara.»

Atención los que olvidáis a Dios,

no sea que os destroce sin remedio.

El que me ofrece acción de gracias,

ése me honra;

al que sigue buen camino

le haré ver la salvación de Dios.

Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

PRIMERA LECTURA (Año II)

De la segunda carta a los Corintios · 1, 15-2, 11

Hermanos: Tenía yo el propósito de ir primero a vosotros para proporcionaros después una segunda gracia, es decir, ir a Macedonia pasando a veros a vosotros y luego, al volver de Macedonia, volver ahí, y ser encaminado por vosotros hacia Judea. ¿Os parece que obré sin más ni más al formar este plan? ¿O que formo mis proyectos con veleidad humana, de modo que para mí el «sí» sea lo mismo que el «no»? Tan cierto como Dios es veraz, que nuestra palabra a vosotros dirigida no es «sí y no». Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, que os hemos predicado yo, Silvano y Timoteo, no ha sido «sí y no». En él solamente ha habido y hay «sí». Todas las promesas hechas por Dios han tenido su «sí» en Cristo. Por eso, por medio de él decimos «Amén» a la gloria de Dios, para darle gloria. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

¡Por mi vida! Pongo por testigo a Dios de que si todavía no he vuelto a Corinto, ha sido por consideración a vosotros. No es que intentemos dominar en vuestra Iglesia, sino que colaboramos con vuestra alegría, pues pertenecéis a la Iglesia. Y yo he hecho el firme propósito de no ir a vosotros otra vez con pesadumbres, pues si yo os aflijo, ¿quién me va a alegrar sino vosotros, que estaréis entristecidos por causa mía? Y en estos mismos términos os escribí, para que, cuando fuese a vosotros, no tuviera que afligirme por causa de aquellos mismos que deberían alegrarme. Yo tengo plena confianza en todos vosotros; sé que mi gozo es a la vez el vuestro. Os escribí con gran pesar y angustia de corazón, con muchas lágrimas, y no para afligiros, sino para que os dieseis cuenta del amor inmenso que os tengo.

Si alguno ha causado aflicción, sepa que no me ha afligido sólo a mí, sino en cierto modo —para no exagerar— a todos vosotros. Sea bastante para este tal el castigo que le ha infligido la mayoría, tanto, que ahora debéis hacer lo contrario, perdonarlo y darle ánimos, no sea que el excesivo pesar lo agobie. Por esto os ruego que os determinéis a usar de caridad para con él. Y con este mismo fin os escribí: para conocer y probar si sois obedientes en todo. A aquel a quien vosotros perdonéis también perdono yo. Lo que yo he perdonado —si es que realmente tuve algo que perdonar— lo he hecho por amor a vosotros en presencia de Cristo. Así no seremos víctimas de los ardides de Satanás, pues no ignoramos sus propósitos.

SEGUNDA LECTURA

De las cartas de san Pedro Damiani, obispo

Me has pedido, dilectísimo hermano, que te transmita por carta unas palabras de consuelo capaces de endulzar tu corazón, amargado por tantos sufrimientos como te afligen.

Pero si tu inteligencia está despierta, a mano tienes el consuelo que necesitas, pues la misma palabra divina te instruye como a hijo, destinado a obtener la herencia. Medita en aquellas palabras: Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente.

Donde está el temor está la justicia. La prueba que para nosotros supone cualquier adversidad no es un castigo de esclavos, sino una corrección paterna.

Por esto Job, en medio de sus calamidades, si bien dice: Que Dios se digne triturarme y cortar de un tirón la trama de mi vida, añade a continuación: Sería un consuelo para mi; aun torturado sin piedad, saltaría de gozo.

Para los elegidos de Dios, sus mismas pruebas son un consuelo, pues en virtud de estos sufrimientos momentáneos dan grandes pasos por el camino de la esperanza hasta alcanzar la felicidad del cielo.

Lo mismo hacen el martillo y la lima con el oro, quitándole la escoria para que brille más. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en la tribulación. Por esto dice también Santiago: Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas.

Con razón deben alegrarse quienes sufren por sus malas obras una pena temporal, y, en cambio, obtienen por sus obras buenas los premios sempiternos del cielo:

Todo ello significa que no deben deprimir tu espíritu los sufrimientos que padeces y las correcciones con que te aflige la disciplina celestial; no murmures ni te lamentes, no te consumas en la tristeza o la pusilanimidad. Que resplandezca en tu rostro la serenidad, en tu mente la alegría, en tu boca la acción de gracias.

Alabanza merece la dispensación divina, que aflige temporalmente a los suyos para librarlos del castigo eterno, que derriba para exaltar, corta para curar y deprime para elevar.

Robustece tu espíritu con éstos y otros testimonios de la Escritura y, tras la tristeza, espera con alegría el gozo que vendrá .

Que la esperanza te levante ese gozo, que la caridad encienda tu fervor. As¡ tu mente, bien saciada, será capaz de olvidar los sufrimientos exteriores y progresar en la posesión de los bienes que contempla en su interior.

R. Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte por la riqueza. * Su dicha será consolidada por el Señor.
V. Pudo desviarse y no se desvió, hacer el mal y no lo hizo.

Oración

Concédenos, Dios todopoderoso, seguir las exhortaciones y los ejemplos del santo obispo Pedro Damián, para que, sin anteponer nada al amor de Cristo nos esforcemos en servir siempre a tu Iglesia y así merezcamos gozar un día de la felicidad de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, ti Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.