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Orar

Viernes, 7 de abril de 2028

San Juan Bautista de la Salle, presbítero

Cuaresma · Morado

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Convertíos al Señor, vuestro Dios. R. Porque es compasivo y misericordioso.

Himno

¡Oh Redentor, oh Cristo,

Señor del universo,

víctima y sacerdote,

sacerdote y cordero!

Para pagar la deuda

que nos cerraba el cielo,

tomaste entre tus manos

la hostia de tu cuerpo

y ofreciste tu sangre

en el cáliz del pecho:

altar blando, tu carne;

altar duro, un madero.

¡Oh Cristo Sacerdote,

hostia a la vez y templo!

Nunca estuvo la vida

de la muerte tan dentro,

nunca abrió tan terribles

el amor sus veneros.

El pecado del hombre,

tan huérfano del cielo,

se hizo perdón de sangre

y gracia de tu cuerpo. Amén.

Salmodia

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Pelea, Señor, contra los que me atacan,

guerrea contra los que me hacen guerra;

empuña el escudo y la adarga,

levántate y ven en mi auxilio;

di a mi alma:

«Yo soy tu victoria.»

Y yo me alegraré con el Señor,

gozando de su victoria;

todo mi ser proclamará:

«Señor, ¿quién como tú,

que defiendes al débil del poderoso,

al pobre y humilde del explotador?»

Se presentaban testigos violentos:

me acusaban de cosas que ni sabía,

me pagaban mal por bien,

dejándome desamparado.

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,

me vestía de saco,

me mortificaba con ayunos

y desde dentro repetía mi oración.

Como por un amigo o por un hermano,

andaba triste,

cabizbajo y sombrío,

como quien llora a su madre.

Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,

se juntaron contra mí

y me golpearon por sorpresa;

me laceraban sin cesar,

cruelmente se burlaban de mí,

rechinando los dientes de odio.

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?

Defiende mi vida de los que rugen,

mi único bien, de los leones,

y te daré gracias en la gran asamblea,

te alabaré entre la multitud del pueblo.

Que no canten victoria mis enemigos traidores,

que no se hagan guiños a mi costa

los que me odian sin razón.

Señor, tú lo has visto, no te calles;

Señor, no te quedes a distancia;

despierta, levántate, Dios mío;

Señor mío, defiende mi causa.

Júzgame tú según tu justicia.

Que canten y se alegren

los que desean mi victoria;

que repitan siempre: «Grande es el Señor»,

los que desean la paz a tu siervo.

Mi lengua anunciará tu justicia,

todos los días te alabaré.

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.

SEGUNDA LECTURA

De las Meditaciones de san Juan Bautista de la Salle, presbítero

Caed en la cuenta de lo que dice el apóstol Pablo, esto es, que Dios puso en su Iglesia apóstoles, profetas y doctores, y observaréis que es él quien os puso en vuestro oficio. Pablo es también quien os vuelve a dar testimonio, cuando dice que hay diversos ministerios y diversas operaciones y que es el mismo Espíritu quien se manifiesta en todas ellas para la utilidad común, es decir, para el bien de la Iglesia.

No dudéis entonces de que la gracia que se os ha concedido de enseñar a los niños, de anunciarles el Evangelio y de educar su espíritu religioso es un gran don de Dios, que es quien os ha llamado a este oficio.

Por tanto, los niños, que han sido entregados a vuestro cuidado, han de ver que sois ministros de Dios porque ejercéis vuestro oficio con una caridad sincera y una fraternal diligencia. El pensar que sois no sólo ministros de Dios, sino también de Cristo y de la Iglesia, os debe ayudar a cumplir con vuestra obligación.

Esto es lo que dice san Pablo cuando exhorta a que todos los que anuncian el Evangelio sean considerados como ministros de Cristo y que escriban la carta que Cristo dicta, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón de los niños. Por esto, el amor de Dios debe apremiaros, puesto que Jesucristo murió por todos para que ya no vivamos para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó. Que vuestros discípulos, estimulados por vuestra diligencia y solicitud, sientan que es Dios mismo quien les exhorta por vuestro medio, ya que actuáis como embajadores de Cristo.

Es necesario que manifestéis a la Iglesia el amor que por ella sentís y le deis pruebas de vuestra diligencia, pues trabajáis en unión con la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Que vuestra actuación haga ver que amáis a los que Dios os encomendó con el mismo amor con que Cristo amó a su Iglesia.

Esforzaos porque los niños lleguen efectivamente a formar parte de este templo, de tal modo que sean dignos de presentarse un día ante el tribunal de Jesucristo gloriosamente, sin mancha ni arruga ni nada por el estilo, y puedan así manifestar a los siglos venideros las abundantes riquezas de la gracia que Dios os otorgó para educar y enseñar, y a ellos para aprender, todo con vistas a la herencia del reino de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor.

R. Le presentaban a Jesús unos niños para que les impusiera las manos; pero los discípulos trataban de apartarlos. Jesús, al verlo, les dijo: * «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo estorbéis, porque el reino de Dios es de los que son como ellos.» (T. P. Aleluya.)
V. Y tomándolos en sus brazos los bendecía, imponiendo su mano sobre ellos.

Oración

Señor, Dios nuestro, que elegiste a san Juan Bautista de la Salle para educar cristianamente a la juventud, suscita en tu Iglesia educadores que se consagren por entero a la formación humana y cristiana de los jóvenes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.