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Orar

Miércoles, 24 de mayo de 2028

Miércoles de la 6ª semana de Pascua

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Dios resucitó a Cristo de entre los muertos. Aleluya. R. Para que nuestra fe y esperanza se centren en Dios. Aleluya.

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás. Aleluya.

Himno

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa. Amén.

Salmodia

También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Salmo 38

La creación fue sometida a la frustración…, pero con la esperanza de verse liberada. (Rm 8, 20)

Yo me dije: vigilaré mi proceder,

para que no se me vaya la lengua;

pondré una mordaza a mi boca

mientras el impío esté presente.

Guardé silencio resignado,

no hablé con ligereza;

pero mi herida empeoró,

y el corazón me ardía por dentro;

pensándolo me requemaba,

hasta que solté la lengua.

Señor, dame a conocer mi fin

y cuál es la medida de mis años,

para que comprenda lo caduco que soy.

Me concediste un palmo de vida,

mis días son nada ante ti;

el hombre no dura más que un soplo,

el hombre pasa como pura sombra,

por un soplo se afana,

atesora sin saber para quién.

También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Salmo 38

La creación fue sometida a la frustración…, pero con la esperanza de verse liberada. (Rm 8, 20)

Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?

Tú eres mi confianza.

Líbrame de mis iniquidades,

no me hagas la burla de los necios.

Enmudezco, no abro la boca,

porque eres tú quien lo ha hecho.

Aparta de mí tus golpes,

que el ímpetu de tu mano me acaba.

Escarmientas al hombre

castigando su culpa;

como una polilla roes sus tesoros;

el hombre no es más que un soplo.

Escucha, Señor, mi oración,

haz caso de mis gritos,

no seas sordo a mi llanto;

porque yo soy huésped tuyo,

forastero como todos mis padres.

Aplaca tu ira, dame respiro,

antes de que pase y no exista.

Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

Salmo 51

El que se gloría, que se gloríe en el Señor. (1Co 1, 31)

¿Por qué te glorías de la maldad

y te envalentonas contra el piadoso?

Estás todo el día maquinando injusticias

tu lengua es navaja afilada,

autor de fraudes;

prefieres el mal al bien,

la mentira a la honradez;

prefieres las palabras corrosivas,

lengua embustera.

Pues Dios te destruirá para siempre,

te abatirá y te barrerá de tu tienda;

arrancará tus raíces

del suelo vital.

Lo verán los justos, y temerán,

y se reirán de él:

«Mirad al valiente

que no puso en Dios su apoyo,

confió en sus muchas riquezas,

se insolentó en sus crímenes.»

Pero yo, como verde olivo,

en la casa de Dios,

confío en su misericordia

por siempre jamás.

Te daré siempre gracias

porque has actuado;

proclamaré delante de tus fieles:

«Tu nombre es bueno.»

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

SEGUNDA LECTURA

De las Homilías de San Bernardo Abad.

María es llamada estrella del mar. Efectivamente, con sumo acierto se la compara a una estrella, porque así como el astro sin alterar su naturaleza difunde sus rayos, así, sin menoscabar su cuerpo, la Virgen dio a luz al Hijo de Dios. Y como el rayo no quita a la estrella su esplendor, el Hijo no mengua en la Virgen su integridad. Ella es, pues, la noble estrella de la Casa de Jacob: su luz ilumina todo el mundo, su fulgor resplandece en los cielos y penetra en los abismos; colma también la tierra y esclareciendo las almas más que los cuerpos, facilita la conquista de las virtudes y destruye los vicios. Ella, además, es la fulgente y sublime estrella que, necesariamente elevada sobre el vasto y espacioso mar de la vida, resplandece por sus méritos e ilumina con sus ejemplos.

Tú, quienquiera que seas, si entre las olas del mar de este mundo te sientes arrastrado por violentas borrascas que te impiden alcanzar la orilla y quieres salvarte de la tempestad, no quites tus ojos del resplandor de esta estrella. Si te vieras envuelto por el huracán de las tentaciones y te sintieras golpeado entre los escollos de la tribulación, mira la estrella, invoca a María. Si fueras alcanzado por las ondas de la soberbia, de la ambición, de la calumnia, de la envidia, mira la estrella, invoca a María. Si la ira, la avaricia o la seducción de la carne golpean la navecilla de tu voluntad, mira la estrella, invoca a María. Si, conturbado por la gravedad de los pecados, confundido por la propia indignidad o sobrecogido por el temor del juicio, comenzaras a sumergirte en el abismo de la tristeza o desesperación, piensa en María, invoca a María. En los peligros, en las dificultades, en las dudas, piensa en María, invoca a María. Su nombre esté siempre en tus labios, su amor colme tu corazón y, para asegurarte la eficacia de su plegaria, no olvides los ejemplos de su vida. Siguiéndola no te desviarás del recto sendero; invocándola no podrás desesperar; pensando en Ella no errarás. Si Ella te sostiene, no caerás; si te protege, nada podrás temer; si Ella te guía, no sentirás el cansancio del camino; si Ella te ampara, llegarás a la meta.

R. Bendita tú, Madre de Cristo; has engendrado al que es tu Señor. Fulgente estrella del mar, guía y salva a tus fieles. * Tú, ensalzada por los coros de los ángeles. (T. P. Aleluya.)
V. Ruega por nosotros, dulce Virgen María.

Oración

Señor, que hiciste a la Virgen María madre y auxilio de los cristianos, fortalece a tu Iglesia con su intercesión, para que pueda soportar con paciencia y vencer con amor las opresiones interiores y externas, y así manifestar abiertamente a los hombres el misterio de Cristo. Que vive y reina contigo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.