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Orar

Sábado, 27 de mayo de 2028

San Agustín de Canterbury, obispo

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Agustín de Canterbury, obispo.

V. Mi corazón se alegra. Aleluya. R. Y te canto agradecido. Aleluya.

Himno

La tumba abierta dice al universo:

«¡Vive! ¡Gritad, oh fuego, luz y brisa,

corrientes primordiales, firme tierra,

al Nazareno, dueño de la vida.»

La tumba visitada está exultando:

«¡Vive! ¡Gritad, montañas y colinas!

Le disteis vuestra paz, vuestra hermosura,

para estar con el Padre en sus vigilias.»

La tumba perfumada lo proclama:

«¡Vive! ¡Gritad, las plantas y semillas:

le disteis la bebida y alimento

y él os lleva en su carne florecida!»

La tumba santa dice a las mujeres:

«¡Vive! ¡Gritad, creyentes matutinas,

la noticia feliz a los que esperan,

y colmad a los hombres de alegría!»

¡Vive el Señor Jesús, está delante,

está por dentro, está emanando vida!

¡Cante la vida el triunfo del Señor,

su gloria con nosotros compartida! Amén.

Salmodia

Acuérdate de nosotros, Señor, visítanos con tu salvación. Aleluya.

Salmo 105

Todo esto fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. (1Co 10, 11)

Dad gracias al Señor porque es bueno:

porque es eterna su misericordia.

¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,

pregonar toda su alabanza?

Dichosos los que respetan el derecho

y practican siempre la justicia.

Acuérdate de mí por amor a tu pueblo,

visítame con tu salvación:

para que vea la dicha de tus escogidos,

y me alegre con la alegría de tu pueblo,

y me gloríe con tu heredad.

Hemos pecado como nuestros padres,

hemos cometido maldades e iniquidades.

Nuestros padres en Egipto

no comprendieron tus maravillas;

no se acordaron de tu abundante misericordia,

se rebelaron contra el Altísimo en el mar Rojo,

pero Dios los salvó por amor de su nombre,

para manifestar su poder.

Increpó al mar Rojo, y se secó,

los condujo por el abismo como por tierra firme;

los salvó de la mano del adversario,

los rescató del puño del enemigo;

las aguas cubrieron a los atacantes,

y ni uno solo se salvó:

entonces creyeron sus palabras,

cantaron su alabanza.

Bien pronto olvidaron sus obras,

y no se fiaron de sus planes:

ardían de avidez en el desierto

y tentaron a Dios en la estepa.

Él les concedió lo que pedían,

pero les mandó un cólico por su gula.

Envidiaron a Moisés en el campamento,

y a Aarón, el consagrado al Señor:

se abrió la tierra y se tragó a Datán,

se cerró sobre Abirón y sus secuaces;

un fuego abrasó a su banda,

una llama consumió a los malvados.

Acuérdate de nosotros, Señor, visítanos con tu salvación. Aleluya.

No olvidéis la alianza que el Señor, vuestro Dios, pactó con vosotros. Aleluya.

Salmo 105

Todo esto fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. (1Co 10, 11)

En Horeb hicieron un becerro,

adoraron un ídolo de fundición,

cambiaron su Gloria por la imagen

de un toro que come hierba.

Se olvidaron de Dios, su salvador,

que había hecho prodigios en Egipto,

maravillas en el país de Cam,

portentos junto al mar Rojo.

Dios hablaba ya de aniquilarlos;

pero Moisés, su elegido,

se puso en la brecha junto a él

para apartar su cólera del exterminio.

Despreciaron una tierra envidiable,

no creyeron en su palabra;

murmuraban en las tiendas,

no escucharon la voz del Señor.

Él alzó la mano y juró

que los haría morir en el desierto,

que dispersaría su estirpe por las naciones

y los aventaría por los países.

Se acoplaron con Baal Fegor,

comieron de los sacrificios a dioses muertos;

provocaron a Dios con sus perversiones,

y los asaltó una plaga;

pero Finés se levantó e hizo justicia,

y la plaga cesó;

y se le apuntó a su favor

por generaciones sin término.

Lo irritaron junto a las aguas de Meribá,

Moisés tuvo que sufrir por culpa de ellos:

le habían amargado el alma,

y desvariaron sus labios.

No olvidéis la alianza que el Señor, vuestro Dios, pactó con vosotros. Aleluya.

Sálvanos, Señor, y reúnenos de entre los gentiles. Aleluya.

Salmo 105

Todo esto fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. (1Co 10, 11)

No exterminaron a los pueblos

que el Señor les había mandado;

emparentaron con los gentiles,

imitaron sus costumbres;

adoraron sus ídolos

y cayeron en sus lazos;

inmolaron a los demonios

a sus hijos y a sus hijas;

derramaron la sangre inocente

y profanaron la tierra ensangrentándola;

se mancharon con sus acciones

y se prostituyeron con sus maldades.

La ira del Señor se encendió contra su pueblo,

y aborreció su heredad;

los entregó en manos de gentiles,

y sus adversarios los sometieron;

sus enemigos los tiranizaban

y los doblegaron bajo su poder.

Cuántas veces los libró;

mas ellos, obstinados en su actitud,

perecían por sus culpas;

pero él miró su angustia,

y escuchó sus gritos.

Recordando su pacto con ellos,

se arrepintió con inmensa misericordia;

hizo que movieran a compasión

a los que los habían deportado.

Sálvanos, Señor, Dios nuestro,

reúnenos de entre los gentiles:

daremos gracias a tu santo nombre,

y alabarte será nuestra gloria.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

desde siempre y por siempre.

Y todo el pueblo diga: «¡Amén!»

Sálvanos, Señor, y reúnenos de entre los gentiles. Aleluya.

SEGUNDA LECTURA

De las cartas de san Gregorio Magno, papa

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor, porque el grano de trigo caído en tierra murió, para no reinar él solo en el cielo; por su muerte vivimos, su debilidad nos conforta, su pasión nos libera de la nuestra, su amor nos hace buscar en las Islas Británicas hermanos a quienes no conocemos, y su don nos hace encontrar a quienes buscábamos sin conocerlos.

¿Quién será capaz de relatar la alegría nacida en el corazón de todos los fieles al tener noticias de que los ingleses, por obra de la gracia de Dios y con tu colaboración, expulsadas las tinieblas de sus errores, han sido revestidos por la luz de la santa fe; de que con espíritu fidelísimo pisotean los ídolos a los que antes estaban sometidos por un temor tirano; de que con puro corazón se someten al Dios omnipotente; de que abandonando sus malas acciones siguen las normas de la predicación; de que se someten a los preceptos divinos y se eleva su inteligencia; de que se humillan en oración hasta la tierra para que su mente no quede en la tierra? ¿Quién ha podido realizar todo esto sino aquel que dijo: Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo?

Para demostrar que no es la sabiduría humana, sino su propio poder el que convierte al mundo, eligió Dios como predicadores suyos a hombres incultos, y lo mismo ha hecho en Inglaterra, realizando obras grandes por medio de instrumentos débiles. Ante este don divino hay, hermano carísimo, mucho de qué alegrarse y mucho de qué temer.

Sé bien que el Dios todopoderoso, por tu amor, ha realizado grandes milagros entre esta gente que ha querido hacerse suya. Por ello, es preciso que este don del cielo sea para ti al mismo tiempo causa de gozo en el temor y de temor en el gozo. De gozo, ciertamente, pues ves cómo el alma de los ingleses es atraída a la gracia interior por obra de los milagros exteriores; de temor, también, para que tu debilidad no caiga en el orgullo al ver los milagros que se producen, y no vaya a suceder que, mientras se te rinde un honor externo, la vanagloria te pierda en tu interior.

Debemos recordar que, cuando los discípulos regresaban gozosos de su misión y dijeron al Señor: Hasta los demonios se nos someten en tu nombre, él les contestó: No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

R. Seguid mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que caminan según el modelo que tenéis en nosotros; * seguid practicando lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros. (T. P. Aleluya.)
V. Os exhorto por el nombre de nuestro Señor Jesucristo a que tengáis todos unión y concordia.

Oración

Señor Dios, que por la predicación de tu obispo san Agustín de Cantorbery llevaste a los pueblos de Inglaterra la luz del Evangelio, concédenos que el fruto de su trabajo apostólico perdure en tu Iglesia con perenne fecundidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.