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Orar

Viernes, 2 de junio de 2028

Santos Marcelino y Pedro, mártires

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santos Marcelino y Pedro, mártires.

V. En tu resurrección, oh Cristo. Aleluya. R. El cielo y la tierra se alegran. Aleluya.

Himno

¿Cuándo, Señor, te llevarás cautiva

la historia de pecado que el mundo concibió?;

¿cuándo, Señor, serán cielos y tierra

el cielo de tu amor?

¿Cuándo, también, emprenderá su vuelo

la débil esperanza de nuestro corazón?;

¿cuándo, Señor, florecerá en el barro

tu sangre y tu pasión?

¿Cuándo, Señor, los gritos de los hombres

serán clamor eterno de júbilo y de paz?;

¿cuándo, Señor, las penas y tristezas

tu gloria alumbrarán?

Y ¿cuándo, finalmente, Padre amado,

seremos en el Hijo tus hijos de adopción?;

¿cuándo, Señor, será ya todo en todos

tu Espíritu de amor? Amén.

Salmodia

Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Dios mío, sálvame,

que me llega el agua al cuello:

me estoy hundiendo en un cieno profundo

y no puedo hacer pie;

he entrado en la hondura del agua,

me arrastra la corriente.

Estoy agotado de gritar,

tengo ronca la garganta;

se me nublan los ojos

de tanto aguardar a mi Dios.

Más que los cabellos de mi cabeza

son los que me odian sin razón;

más duros que mis huesos,

los que me atacan injustamente.

¿Es que voy a devolver

lo que no he robado?

Dios mío, tú conoces mi ignorancia,

no se te ocultan mis delitos.

Que por mi causa no queden defraudados

los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.

Que por mi causa no se avergüencen

los que te buscan, Dios de Israel.

Por ti he aguantado afrentas,

la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos,

un extranjero para los hijos de mi madre;

porque me devora el celo de tu templo,

y las afrentas conque te afrentan caen sobre mí.

Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;

cuando me visto de saco, se ríen de mí;

sentados a la puerta murmuran,

mientras beben vino me cantan burlas.

Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Pero mi oración se dirige a ti,

Dios mío, el día de tu favor;

que me escuche tu gran bondad,

que tu fidelidad me ayude:

arráncame del cieno, que no me hunda;

líbrame de los que me aborrecen,

y de las aguas sin fondo.

Que no me arrastre la corriente,

que no me trague el torbellino,

que no se cierre la poza sobre mí.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,

por tu gran compasión vuélvete hacia mí;

no escondas tu rostro a tu siervo:

estoy en peligro, respóndeme en seguida.

Acércate a mí, rescátame,

líbrame de mis enemigos:

estás viendo mi afrenta,

mi vergüenza y mi deshonra;

a tu vista están los que me acosan.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.

Espero compasión, y no la hay;

consoladores, y no los encuentro.

En mi comida me echaron hiel,

para mi sed me dieron vinagre.

En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Aleluya.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Yo soy un pobre malherido;

Dios mío, tu salvación me levante.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,

proclamaré su grandeza con acción de gracias;

le agradará a Dios más que un toro,

más que un novillo con cuernos y pezuñas.

Miradlo los humildes, y alegraos,

buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Que el Señor escucha a sus pobres,

no desprecia a sus cautivos.

Alábenlo el cielo y la tierra,

las aguas y cuanto bulle en ellas.

El Señor salvará a Sión,

reconstruirá las ciudades de Judá,

y las habitarán en posesión.

La estirpe de sus siervos la heredará,

los que aman su nombre vivirán en ella.

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Aleluya.

SEGUNDA LECTURA

De la Exhortación al martirio, de Orígenes, presbítero

Si hemos pasado de la muerte a la vida, al pasar de la infidelidad a la fe, no nos extrañemos de que el mundo nos odie. Pues quien no ha pasado aún de la muerte a la vida, sino que permanece en la muerte, no puede amar a quienes salieron de las tinieblas y han entrado, por así decirlo, en esta mansión de la luz edificada con piedras vivas.

Jesús dio su vida por nosotros; demos también nuestra vida, no digo por él, sino por nosotros mismos y, me atrevería a decirlo, por aquellos que van a sentirse alentados por nuestro martirio.

Nos ha llegado, oh cristiano, el tiempo de gloriarnos. Pues dice la Escritura: Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo; aceptemos, pues, con gran gozo los padecimientos de Cristo, y que se multipliquen en nosotros, si realmente apetecemos un abundante consuelo, como lo obtendrán todos aquellos que lloran. Pero este consuelo seguramente superará a los sufrimientos, ya que, si hubiera una exacta proporción, no estaría escrito: Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, rebosa en proporción nuestro ánimo.

Los que se hacen solidarios de Cristo en sus padecimientos participarán también, de acuerdo con su grado de participación, en sus consuelos. Tal es el pensamiento de Pablo, que afirma con toda confianza: Si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo.

Dice también Dios por el Profeta: En el tiempo de gracia te he respondido, en el día de salvación te he auxiliado. ¿Qué tiempo puede ofrecerse más aceptable que el momento en el que, por nuestra fe en Dios por Cristo, somos escoltados solemnemente al martirio, pero como triunfadores, no como vencidos?

Los mártires de Cristo, con su poder, derrotan a los principados y potestades y triunfan sobre ellos, para que, al ser solidarios de sus sufrimientos, tengan también parte en lo que él consiguió por medio de su fortaleza en los sufrimientos.

Por tanto, el día de salvación no es otro que aquel en que de este modo salís de este mundo.

Pero, os lo ruego: Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca deis a nadie motivo de escándalo; al contrario; continuamente dad prueba de que sois ministros de Dios con lo mucho que pasáis, diciendo: Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? Tú eres mi confianza.

R. Nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados y potestades, contra los espíritus del mal. * Tened, pues, ceñida vuestra cintura con la verdad. Aleluya.
V. Echad mano de la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, vencidos todos los enemigos, quedar dueños del campo.

Oración

Señor, que en el glorioso martirio de los santos Marcelino y Pedro nos has dado un modelo de firmeza y un apoyo para nuestra debilidad, concédenos que el ejemplar de su fe nos ilumine para mejorar nuestra vida y que nos conforte siempre su continua intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.