Saltar al contenido

Orar

Viernes, 14 de julio de 2028

San Enrique

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Enrique.

V. Mis ojos se consumen aguardando tu salvación. R. Y tu promesa de justicia.

Himno

¡Qué hermosos son los pies

del que anuncia la paz a sus hermanos!

¡Y qué hermosas las manos

maduras en el surco y en la mies!

Grita lleno de gozo,

pregonero, que traes noticias buenas:

se rompen las cadenas,

y el sol de Cristo brilla esplendoroso.

Grita sin miedo, grita,

y denuncia a mi pueblo sus pecados;

vivimos engañados,

pues la belleza humana se marchita.

Toda yerba es fugaz,

la flor del campo pierde sus colores;

levanta sin temores,

pregonero, tu voz dulce y tenaz.

Si dejas los pedazos

de tu alma enamorada en el sendero,

¡qué dulces, mensajero,

qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.

Salmodia

Señor, no me castigues con cólera.

Salmo 37

Todos sus conocidos se mantenían a distancia. (Lc 23, 49)

Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera;

tus flechas se me han clavado,

tu mano pesa sobre mí;

no hay parte ilesa en mi carne

a causa de tu furor,

no tienen descanso mis huesos

a causa de mis pecados;

mis culpas sobrepasan mi cabeza,

son un peso superior a mis fuerzas.

Señor, no me castigues con cólera.

Señor, todas mis ansias están en tu presencia.

Salmo 37

Todos sus conocidos se mantenían a distancia. (Lc 23, 49)

Mis llagas están podridas y supuran

por causa de mi insensatez;

voy encorvado y encogido,

todo el día camino sombrío;

tengo las espaldas ardiendo,

no hay parte ilesa en mi carne;

estoy agotado, deshecho del todo;

rujo con más fuerza que un león.

Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,

no se te ocultan mis gemidos;

siento palpitar mi corazón,

me abandonan las fuerzas,

y me falta hasta la luz de los ojos.

Mis amigos y compañeros se alejan de mí,

mis parientes se quedan a distancia;

me tienden lazos los que atentan contra mí,

los que desean mi daño me amenazan de muerte,

todo el día murmuran traiciones.

Señor, todas mis ansias están en tu presencia.

Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.

Salmo 37

Todos sus conocidos se mantenían a distancia. (Lc 23, 49)

Pero yo, como un sordo, no oigo;

como un mudo, no abro la boca;

soy como uno que no oye

y no puede replicar.

En ti, Señor, espero,

y tú me escucharás, Señor, Dios mío;

esto pido: que no se alegren por mi causa,

que, cuando resbale mi pie, no canten triunfo.

Porque yo estoy a punto de caer,

y mi pena no se aparta de mí:

yo confieso mi culpa,

me aflige mi pecado.

Mis enemigos mortales son poderosos,

son muchos los que me aborrecen sin razón,

los que me pagan males por bienes,

los que me atacan cuando procuro el bien.

No me abandones, Señor,

Dios mío, no te quedes lejos;

ven aprisa a socorrerme,

Señor mío, mi salvación.

Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro de los Proverbios · 15, 8-9. 16-17. 25-26. 29. 33; 16, 1-9; 17, 5

El Señor aborrece el sacrificio del malvado; la oración del honrado alcanza su favor. El Señor abomina la conducta del perverso; pero ama al que busca la justicia.

Más vale tener poco con temor de Dios, que grandes tesoros con sobresalto. Más vale plato de verdura con amor, que buey cebado con rencor.

El Señor arranca la casa del soberbio, y afirma los linderos de la viuda. El Señor aborrece las intenciones perversas, y se complace en las palabras limpias. El Señor está lejos de los malvados, pero escucha las plegarias de los justos. El temor del Señor es escuela de sabiduría; antes de la gloria hay humildad.

El hombre forja planes en su corazón, pero es Dios quien da la decisión. El hombre piensa que sus caminos son rectos, pero es Dios quien pesa los corazones. Encomienda a Dios tus tareas, y te saldrán bien tus proyectos. El Señor da a cada cosa su destino: incluso al malvado en el día funesto. El Señor aborrece al arrogante, tarde o temprano no quedará impune. Bondad y verdad reparan la culpa; el temor del Señor aparta del mal.

Cuando Dios se complace en la conducta de un hombre, lo hace estar en paz aun con sus enemigos. Más vale pocos bienes con justicia, que muchas ganancias con injusticia. El hombre planea su camino, pero es el Señor quien dirige sus pasos.

Quien se burla del pobre afrenta a su Creador; quien se ríe del desgraciado no quedará sin castigo.

SEGUNDA LECTURA

De la Vida de san Camilo, escrita por un colega suyo

Empezaré por la santa caridad, raíz y complemento de todas las virtudes, con la que Camilo estaba familiarizado más que con ninguna otra. Y, así, afirmo que nuestro santo estaba inflamado en el fuego de esta santa virtud, no sólo para con Dios, sino también para con el prójimo, en especial para con los enfermos; y esto en tal grado que la sola vista de los enfermos bastaba para enternecer y derretir su corazón y para hacerle olvidar completamente todas las delicias, deleites y afectos mundanos. Cuando servía a algún enfermo, lo hacía con un amor y compasión tan grandes que parecía como si en ello tuviera que agotar y consumir todas sus fuerzas. De buena gana hubiera tomado sobre sí todos los males y dolencias de los enfermos con tal de aliviar sus sufrimientos o curar sus enfermedades.

Descubría en ellos la persona de Cristo con una viveza tal, que muchas veces, mientras les daba de comer, se imaginaba que eran el mismo Cristo en persona y les pedía su gracia y el perdón de los pecados. Estaba ante ellos con un respeto tan grande como si real y verdaderamente estuviera en presencia del Señor. De nada hablaba con tanta frecuencia y con tanto fervor como de la santa caridad, y hubiera querido poderla infundir en el corazón de todos los mortales.

Deseoso de inflamar a sus hermanos de religión en esta virtud, la primera de todas, acostumbraba inculcarles aquellas dulcísimas palabras de Jesucristo: Estuve enfermo, y me visitasteis. Estas palabras parecía tenerlas realmente esculpidas en su corazón; tanta era la frecuencia con que las decía y repetía.

La caridad de Camilo era tan grande y tan amplia que tenían cabida en sus entrañas de piedad y benevolencia no sólo los enfermos y moribundos, sino toda clase de pobres y desventurados. Finalmente, era tan grande la piedad de su corazón para con los necesitados, que solía decir:

«Si no se hallaran pobres en el mundo, habría que dedicarse a buscarlos y sacarlos de bajo tierra, para ayudarlos y practicar con ellos la misericordia.»

R. Sostened a los débiles, esmeraos siempre en hacer el bien a todos: * Ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de nosotros.
V. Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios.

Oración

Dios nuestro, que otorgaste al presbítero san Camilo de Lelis la gracia de una singular caridad hacia los enfermos, infunde en nosotros un gran amor hacia ti, para que te sirvamos en la persona de nuestros hermanos y podamos así, cuando salgamos de este mundo, presentarnos ante ti llenos de confianza. Por nuestro señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.