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Orar

Sábado, 12 de agosto de 2028

Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa.

V. Señor, enséñame tus caminos. R. Instrúyeme en tus sendas.

Himno

A caminar sin ti, Señor, no atino;

tu palabra de fuego es mi sendero;

me encontraste cansado y prisionero

del desierto, del cardo y del espino.

Descansa aquí conmigo del camino,

que en Emaús hay trigo en el granero,

hay un poco de vino y un alero

que cobije tu sueño, Peregrino.

Yo contigo, Señor, herido y ciego;

tú conmigo, Señor, enfebrecido,

el aire quieto, el corazón en fuego.

Y en diálogo sediento y torturado

se encontrarán en un solo latido,

cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.

Salmodia

Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.

Salmo 135

Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)

Dad gracias al Señor porque es bueno:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:

porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:

porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:

porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:

porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:

porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:

porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:

porque es eterna su misericordia.

Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

Salmo 135

Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)

El hirió a Egipto en sus primogénitos:

porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:

porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:

porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:

porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:

porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:

porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.

Salmo 135

Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)

Guió por el desierto a su pueblo:

porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:

porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:

porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:

porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:

porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:

porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:

porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:

porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:

porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro del profeta Malaquías · 3, 1-4, 6

Esto dice el Señor:

«Mirad, yo os envío a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí, y pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis: he aquí que viene —dice el Señor de los ejércitos—. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca?

Será como un fuego de fundidor, como lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos. Os llamaré a juicio: Seré un testigo exacto contra hechiceros y adúlteros, y contra los que juran en falso, contra los que defraudan el salario al obrero, oprimen viudas y huérfanos, y hacen injusticia al forastero, sin ningún temor de mí —dice el Señor de los ejércitos—.

Yo, el Señor, no he cambiado, pero vosotros, hijos de Jacob, no habéis terminado. Desde los tiempos de vuestros padres os habéis apartado de mis preceptos y no los observáis. Convertíos a mí y me convertiré a vosotros —dice el Señor de los ejércitos—. Vosotros objetáis: “¿Cómo es que nos convertimos? ¿Puede acaso un hombre defraudar a Dios?” Si vosotros me defraudáis a mí, y todavía andáis diciendo: “¿En qué te hemos defraudado?” En los diezmos y en los tributos sagrados. Habéis incurrido en maldición, pues toda la nación me defrauda.

Llevad el diezmo íntegro al tesoro del templo, para que haya alimento en mi casa, y ponedme así a prueba —dice el Señor de los ejércitos—, a ver si no os abro las compuertas del cielo y no envío sobre vosotros bendición sin medida. Ahuyentaré de vosotros la langosta para que no destruya la cosecha ni despoje los viñedos. Todas las naciones os felicitarán porque seréis una tierra de delicias —lo dice el Señor de los ejércitos—.

Vuestros discursos son arrogantes contra mí. Vosotros objetáis: “¿Cómo es que hablamos arrogantemente?” Porque decís: “No vale la pena servir al Señor; ¿qué sacamos con guardar sus mandamientos?, ¿para qué andar en duelo en presencia del Señor de los ejércitos? Al contrario: nos parecen dichosos los malvados; aun haciendo el mal les va bien, provocan a Dios y quedan impunes.”

Así hablaron entre sí los que temían a Dios. Pero el Señor puso atención y los oyó, y se escribió ante él un libro memorial en favor de los que lo temen y respetan su nombre. Serán ellos propiedad mía personal —dice el Señor de los ejércitos— en el día que yo preparo. Me compadeceré de ellos, como un padre se compadece del hijo que lo sirve. Entonces veréis la diferencia entre justos e impíos, entre los que sirven a Dios y los que no lo sirven. Porque mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir —dice el Señor de los ejércitos— y no quedará de ellos ni rama ni raíz.

Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en sus rayos; vosotros saldréis brincando como terneros del establo. Pisotearéis a los malvados, que serán como polvo bajo las plantas de vuestros pies; el día en que yo actuaré —dice el Señor de los ejércitos—.

Acordaos de la ley de Moisés, mi siervo, a quien yo prescribí en el Horeb preceptos y normas para todo Israel. Mirad, os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la tierra.»

SEGUNDA LECTURA

De las Memorias escritas por una religiosa, secretaria de santa Juana Francisca

Cierto día, la bienaventurada Juana dijo estas encendidas palabras, que fueron en seguida recogidas fielmente:

«Hijas queridísimas, muchos de nuestros santos Padres y columnas de la Iglesia no sufrieron el martirio; ¿por qué creéis que ocurrió esto?».

Después de haber respondido una por una, la bienaventurada madre dijo:

«Pues yo creo que esto es debido a que hay otro martirio, el del amor, con el cual Dios, manteniendo la vida de sus siervos y siervas, para que sigan trabajando por su gloria, los hace, al mismo tiempo, mártires y confesores. Creo que a las Hijas de la Visitación se les asigna este martirio, y algunas de ellas, si Dios así lo dispone, lo conseguirán si lo desean ardientemente.»

Una hermana preguntó cómo se realizaba dicho martirio. Juana contestó:

«Sed totalmente fieles a Dios, y lo experimentaréis. El amor divino hunde su espada en los reductos más secretos e íntimos de nuestras almas, y llega hasta separarnos de nosotros mismos. Conocí a un alma a quien el amor separó de todo lo que le agradaba, como si un tajo, dado por la espada del tirano, hubiera separado su espíritu de su cuerpo.»

Nos dimos cuenta de que estaba hablando de sí misma. Al preguntarle otra hermana sobre la duración de este martirio, dijo:

«Desde el momento en que nos entregamos a Dios sin reservas hasta el fin de la vida. Pero esto lo hace Dios sólo con los corazones magnánimos que, renunciando completamente a sí mismos, son completamente fieles al amor; a los débiles e inconstantes en el amor, no les lleva el Señor por el camino del martirio, y les deja continuar su vida mediocre, para que no se aparten de él, pues nunca violenta a la voluntad libre.»

Por último, se le preguntó, con insistencia, si este martirio de amor podría igualar al del cuerpo. Respondió la madre Juana:

«No nos preocupemos por la igualdad. De todos modos creo que no tiene menor mérito, pues es fuerte el amor como la muerte, y los mártires de amor sufren dolores mil veces más agudos en vida, para cumplir la voluntad de Dios, que si hubieran de dar mil vidas para testimoniar su fe, su caridad y su fidelidad.»

R. Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, ponedlo por obra: * Y el Dios de la paz estará con vosotros.
V. Todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Oración

Padre, que iluminaste a santa Juana Francisca para que peregrinara en este mundo por caminos de luz y santidad; concédenos, por su intercesión, que viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos constantemente a las obras de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.