Saltar al contenido

Orar

Sábado, 19 de agosto de 2028

San Juan Eudes, presbítero

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Juan Eudes, presbítero.

V. Tu fidelidad, Señor, llega hasta las nubes. R. Tus sentencias son como el océano inmenso.

Himno

Señor, tu que llamaste

del fondo del no ser todos los seres,

prodigios del cincel de tu palabra,

imágenes de ti resplandecientes;

Señor, tú que creaste

la bella nave azul en que navegan

los hijos de los hombres, entre espacios

repletos de misterio y luz de estrellas;

Señor, tú que nos diste

la inmensa dignidad de ser tus hijos,

no dejes que el pecado y que la muerte

destruyan en el hombre el ser divino.

Señor, tú que salvaste

al hombre de caer en el vacío,

recréanos de nuevo en tu Palabra

y llámanos de nuevo al paraíso.

Oh Padre, tú que enviaste

al mundo de los hombres a tu Hijo,

no dejes que se apague en nuestras almas

la luz esplendorosa de tu Espíritu. Amén.

Salmodia

Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,

los que él rescató de la mano del enemigo,

los que reunió de todos los países:

norte y sur, oriente y occidente.

Erraban por un desierto solitario,

no encontraban el camino de ciudad habitada;

pasaban hambre y sed,

se les iba agotando la vida;

pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Los guió por un camino derecho,

para que llegaran a ciudad habitada.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Calmó el ansia de los sedientos,

y a los hambrientos los colmó de bienes.

Yacían en oscuridad y tinieblas,

cautivos de hierros y miserias;

por haberse rebelado contra los mandamientos,

despreciando el plan del Altísimo.

Él humilló su corazón con trabajos,

sucumbían y nadie los socorría.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Los sacó de las sombrías tinieblas,

arrancó sus cadenas.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Destrozó las puertas de bronce,

quebró los cerrojos de hierro.

Estaban enfermos, por sus maldades,

por sus culpas eran afligidos;

aborrecían todos los manjares,

y ya tocaban las puertas de la muerte.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Envió su palabra, para curarlos,

para salvarlos de la perdición.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Ofrézcanle sacrificios de alabanza,

y cuenten con entusiasmo sus acciones.

Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

Entraron en naves por el mar,

comerciando por las aguas inmensas.

Contemplaron las obras de Dios,

sus maravillas en el océano.

Él habló y levantó un viento tormentoso,

que alzaba las olas a lo alto:

subían al cielo, bajaban al abismo,

su vida se marchitaba por el mareo,

rodaban, se tambaleaban como ebrios,

y no les valía su pericia.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Apaciguó la tormenta en suave brisa,

y enmudecieron las olas del mar.

Se alegraron de aquella bonanza,

y él los condujo al ansiado puerto.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Aclámenlo en la asamblea del pueblo,

alábenlo en el consejo de los ancianos.

Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.

Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

El transforma los ríos en desierto,

los manantiales de agua en aridez;

la tierra fértil en marismas,

por la depravación de sus habitantes.

Transforma el desierto en estanques,

el erial en manantiales de agua.

Coloca allí a los hambrientos,

y fundan una ciudad para habitar.

Siembran campos, plantan huertos,

recogen cosechas.

Los bendice, y se multiplican,

y no les escatima el ganado.

Si menguan, abatidos por el peso

de infortunios y desgracias,

el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes

y los descarría por una soledad sin caminos

levanta a los pobres de la miseria

y multiplica sus familias como rebaños.

Los rectos lo ven y se alegran,

a la maldad se le tapa la boca.

El que sea sabio, que recoja estos hechos

y comprenda la misericordia del Señor.

Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro del profeta Zacarías · 14, 1-21

Esto dice el Señor:

«Mirad que llega el día del Señor: se repartirá el botín en medio de ti. Haré leva entre todas las naciones, para que den batalla a Jerusalén; conquistarán la ciudad, saquearán las casas, violarán a las mujeres, la mitad de la ciudad irá al destierro y el resto no será arrojado de la ciudad. El Señor saldrá a luchar contra las naciones como el día que luchaba en la batalla.

Aquel día asentará los pies sobre el monte de los Olivos, delante de Jerusalén, al oriente; y dividirá el monte de los Olivos por medio hacia oriente y occidente en un gran valle. La mitad del monte se inclinará hacia el norte, la otra mitad hacia el sur. Entonces huiréis al valle entre mis montes, que alcanzará hasta Azzal; huiréis como huíais cuando el terremoto, en tiempos de Ozías, rey de Judá. Y vendrá el Señor, mi Dios, y con él sus consagrados.

Aquel día no habrá ya frío ni hielo, será un día único, conocido del Señor. Sin día ni noche, pues por la noche habrá luz.

Aquel día brotarán aguas de vida de Jerusalén, la mitad hacia el mar oriental, la mitad hacia el mar occidental, tanto en verano como en invierno. El Señor reinará sobre todo el orbe, aquel día será el Señor único, y único será su nombre. Todo el país se allanará desde Gueba hasta Rimón, en el Negueb. Jerusalén será enaltecida y estará habitada, desde la puerta de Benjamín hasta la puerta Vieja, y hasta la puerta del Ángulo; desde la torre de Jananel hasta las bodegas del Rey. Habitarán en ella y no será ya destruida, sino que habitarán en Jerusalén con seguridad. Mirad el castigo con que herirá el Señor a los pueblos que combaten contra Jerusalén: se pudrirá su carne estando ellos todavía en pie, sus ojos se pudrirán en sus cuencas, su lengua se pudrirá en su boca. Así será también la plaga de caballos y mulos, camellos y asnos y ganados del campo, que los alcanzará en aquellos campamentos lo mismo que a los hombres.

Aquel día los asaltará una terrible turbación que el Señor les enviará: agarrará cada uno la mano de su compañero y levantarán la mano unos contra otros. Y Judá estará aquel día en gran festín en Jerusalén, y serán amontonadas las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro, plata y vestiduras en cantidad inmensa. Los supervivientes de los pueblos que atacaron a Jerusalén vendrán de año en año a adorar al Rey Señor de los ejércitos y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Y la familia de la tierra que no suba a Jerusalén para adorar al Rey Señor de los ejércitos no recibirá lluvia en su territorio. Si el pueblo de Egipto no acude, lo alcanzará el castigo de los pueblos que no acuden a la fiesta de los tabernáculos. Éste será el castigo de Egipto y el castigo de todas las naciones que no acudan a la fiesta de los tabernáculos.

Aquel día aun los cascabeles de los caballos llevarán escrito: “Consagrado al Señor”; los calderos del templo serán tan santos como las bandejas del altar. Todo caldero en Jerusalén y en Judá estará consagrado al Señor de los ejércitos. Los que vengan a sacrificar los usarán para guisar en ellos.

Y aquel día ya no habrá, mercaderes en el templo de] Señor de los ejércitos.»

SEGUNDA LECTURA

Del tratado de san Juan Eudes, presbítero, sobre el admirable Corazón de Jesús

Te pido que pienses que nuestro Señor Jesucristo es realmente tu cabeza y que tú eres uno de sus miembros.

Él es para ti como la cabeza para con los miembros; todo lo suyo es tuyo: el espíritu, el corazón, el cuerpo, alma y todas sus facultades, y tú debes usar de todo ello como de algo propio, para que, sirviéndolo, lo alabes, ames y lo glorifiques. En cuanto a ti, eres para él como el miembro para con la cabeza, por lo cual él desea intensamente usar de todas tus facultades como propias, para servir y glorificar al Padre.

Y él no es para ti sólo eso que hemos dicho, sino que además quiere estar en ti, viviendo y dominando en ti a la manera que la cabeza vive en sus miembros y los gobierna. Quiere que todo lo que hay en él viva y domine en ti: su espíritu en tu espíritu, su corazón en él tuyo, todas las facultades de su alma en las tuyas, de modo que en ti se realicen aquellas palabras: Glorificad a Dios con vuestro cuerpo, y que la vida de Jesús se manifieste en vosotros.

Igualmente, tú no sólo eres para el Hijo de Dios sino que debes estar en él como los miembros están en la cabeza. Todo lo que hay en ti debe ser injertado en él, y de él debes recibir la vida y ser gobernado por él. Fuera de él no hallarás la vida verdadera, ya que éles la única fuente de vida verdadera; fuera de él no hallarás sino muerte y destrucción. Él ha de ser el único principio de toda tu actividad y de todas tus energías; debes vivir de él y por él, para que en ti se cumplan aquellas palabras: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor: si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Eres, por tanto, una sola cosa con Jesús, del mismo modo que los miembros son una sola cosa con la cabeza, por eso, debes tener con él un solo espíritu, una sola alma, una sola vida, una sola voluntad, un solo sentir, un solo corazón. Y él debe ser tu espíritu, tu corazón, tu amor, tu vida y todo lo tuyo. Todas estas grandezas del cristiano tienen su origen en el bautismo, son aumentadas y corroboradas por el sacramento de la confirmación y por el buen empleo de las demás gracias comunicadas por Dios, que en la sagrada eucaristía encuentran su mejor complemento.

R. Para esto murió Cristo y retornó a la vida, para ser Señor de vivos y muertos. * Pues tanto en vida como en muerte somos del Señor.
V. Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Que si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, para el Señor morimos.

Oración

Señor, tú que elegiste a san Juan Eudes para que nos anunciara las insondables riquezas de Cristo, haz que nosotros, siguiendo su ejemplo y enseñanzas, te conozcamos cada vez mejor y vivamos cada día con mayor fidelidad el mensaje del Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.