OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Pedro Claver, presbítero.
V. Señor, enséñame tus caminos. R. Instrúyeme en tus sendas.
Himno
A caminar sin ti, Señor, no atino;
tu palabra de fuego es mi sendero;
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del espino.
Descansa aquí conmigo del camino,
que en Emaús hay trigo en el granero,
hay un poco de vino y un alero
que cobije tu sueño, Peregrino.
Yo contigo, Señor, herido y ciego;
tú conmigo, Señor, enfebrecido,
el aire quieto, el corazón en fuego.
Y en diálogo sediento y torturado
se encontrarán en un solo latido,
cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.
Salmodia
Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.
Salmo 135
Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.
El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.
Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.
Salmo 135
Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)
El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.
Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.
Salmo 135
Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)
Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.
Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.
En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su misericordia.
En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.
PRIMERA LECTURA (Año II)
De la segunda carta a Timoteo · 4, 1-22
Querido hermano: Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su parusía y por su reino: proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella, persuade, reprende, exhorta, armado de toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán el saludable magisterio, sino que, esclavos de sus caprichos y ávidos de novedades, se rodearán de una turbamulta de maestros; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, estáte atento en todo, arrostra los trabajos, realiza la función de proclamar la Buena Nueva, cumple tu ministerio con perfección.
Por lo que a mí se refiere, ya estoy para ofrecer mi sangre como libación a Dios, y el tiempo de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, que el Señor, justo juez, me otorgará aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su venida.
Date prisa en venir a verme, porque Demas, prefiriendo el amor de este mundo, me ha abandonado y se ha marchado a Tesalónica; Crescente, a Galacia; Tito, a Dalmacia. Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me puede ayudar en el ministerio. A Tíquico lo mandé a Éfeso. Cuando vengas, tráeme el manto que dejé en Tróade, en casa de Carpo, y también los rollos de papiro y, sobre todo, los pergaminos. Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal. El Señor le dará su merecido, según sus obras. Tú, guárdate de él, porque se ha opuesto tenazmente a nuestra predicación.
En mi primera comparecencia, no me asistió nadie; todos me abandonaron. Que no les tome Dios en cuenta. Pero el Señor me asistió y me dio fuerzas para llevar a feliz término la predicación del mensaje de salvación y hacer que lo escuchen todos los gentiles. El Señor me libró de la boca del león; él me librará de todos los asaltos del maligno y me salvará, llevándome a su reino celestial. A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Saludos a Prisca, a Áquila y a la familia de Onesíforo. Erasto se quedó en Corinto. A Trófimo lo dejé enfermo en Mileto. Date prisa en venir antes del invierno. Te envían saludos Eubulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos. El Señor sea con tu espíritu. La gracia sea con vosotros.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de San Pedro Claver, presbítero.
Ayer, 30 de mayo de este año de 1627, día de la Santísima Trinidad, saltó en tierra un grandísimo navío de negros de los Ríos. Fuimos allí cargados con dos espuertas de naranjas, limones, bizcochuelos y otras cosas. Entramos en sus casas, que parecía otra Guinea. Fuimos rompiendo por medio de la mucha gente hasta llegar a los enfermos, de que había una gran manada echados en el suelo muy húmedo y anegadizo, por lo cual estaba terraplenado de agudos pedazos de tejas y ladrillos, y esta era su cama, con estar en carnes sin un hilo de ropa.
Echamos manteos fuera y fuimos a traer de otra bodega tablas, y entablamos aquel lugar, y trajimos en brazos los muy enfermos, rompiendo por los demás. Juntamos los enfermos en dos ruedas; la una tomó mi compañero con el intérprete, apartados de la otra que yo tomé. Entre ellos había dos muriéndose, ya fríos y sin pulso. Tomamos una teja de brasas y puesta en medio de la rueda junto a los que estaban muriendo, y sacando varios olores de que llevábamos dos bolsas llenas, que se gastaron en esta ocasión y dímosles un sahumerio, poniéndole encima de ellos nuestros manteos, que otra cosa ni la tienen encima, ni hay que perder el tiempo en pedirles a los amos, cobraron calor y nuevos espíritus vitales, el rostro muy alegre, los ojos abiertos y mirándonos.
De esta manera les estuvimos hablando, no con lengua sino con manos y obras, que, como vienen tan persuadidos de que los traen para comerlos, hablarles de otra manera fue con provecho. Asentámonos después o arrodillámonos junto a ellos, y les lavamos los rostros y vientres con vino, y alegrándolos y acariciando mi compañero a los suyos y yo a los míos, les comenzamos a poner delante cuantos motivos naturales hay para alegrar un enfermo.
Hecho esto, entramos en el catecismo del santo bautismo y sus grandiosos efectos en el cuerpo y en el alma, y hechos capaces de ello y respondiéndonos a las preguntas hechas sobre lo enseñado, pasamos al catecismo grande: Uno, remunerador, castigador, etc. Luego les pedimos afectos de dolor, aborrecimiento de sus pecados, etc. Estando ya capaces, les declaramos los misterios de la Santísima Trinidad, Encarnación y Pasión, y poniéndoles delante una imagen de Cristo Señor Nuestro en la Cruz, que se levanta de una pila bautismal y de sus sacratísimas llagas caen en ella arroyos de sangre, les rezamos, en su lengua, el acto de contricción.
R. Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedásteis. * Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
V. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Oración
Oh Dios, que, con el fin de llevar el Evangelio a los esclavos negros, has dotado a san Pedro Claver de admirable amor y paciencia, concédenos, por su intercesión y ejemplo, que, superadas todas las discriminaciones raciales, amemos a todos los hombres con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
