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Orar

Lunes, 23 de octubre de 2028

San Juan de Capistrano, presbítero

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Juan de Capistrano, presbítero.

V. Enséñame a cumplir tu voluntad. R. Y a guardarla de todo corazón.

Himno

Dios de la tierra y del cielo,

que, por dejarlas más claras,

las grandes aguas separas,

pones un límite al cielo.

Tú que das cauce al riachuelo

y alzas la nube a la altura,

tú que, en cristal de frescura,

sueltas las aguas del río

sobre las tierras de estío,

sanando su quemadura,

danos tu gracia, piadoso,

para que el viejo pecado

no lleve al hombre engañado

a sucumbir a su acoso.

Hazlo en la fe luminoso,

alegre en la austeridad,

y hágalo tu claridad

salir de sus vanidades;

dale, Verdad de verdades,

el amor a tu verdad. Amén.

Salmodia

Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Salmo 6

Ahora mi alma está agitada… Padre, líbrame de esta hora. (Jn 12, 27)

Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera.

Misericordia, Señor, que desfallezco;

cura, Señor, mis huesos dislocados.

Tengo el alma en delirio,

y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

Vuélvete, Señor, liberta mi alma,

sálvame por tu misericordia.

Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,

y en el abismo, ¿quién te alabará?

Estoy agotado de gemir:

de noche lloro sobre el lecho,

riego mi cama con lágrimas.

Mis ojos se consumen irritados,

envejecen por tantas contradicciones.

Apartaos de mí los malvados,

porque el Señor ha escuchado mis sollozos;

el Señor ha escuchado mi súplica,

el Señor ha aceptado mi oración.

Que la vergüenza abrume a mis enemigos,

que avergonzados huyan al momento.

Sálvame, Señor, por tu misericordia.

El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.

Salmo 9 A

De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

proclamando todas tus maravillas;

me alegro y exulto contigo

y toco en honor de tu nombre, ¡oh Altísimo!

Porque mis enemigos retrocedieron,

cayeron y perecieron ante tu rostro.

Defendiste mi causa y mi derecho

sentado en tu trono como juez justo.

Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío

y borraste para siempre su apellido.

El enemigo acabó en ruina perpetua,

arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.

Dios está sentado por siempre

en el trono que ha colocado para juzgar.

Él juzgará el orbe con justicia

y regirá las naciones con rectitud.

Él será refugio del oprimido,

su refugio en los momentos de peligro.

Confiarán en ti los que conocen tu nombre,

porque no abandonas a los que te buscan.

El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.

Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.

Salmo 9 A

De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos.

Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;

narrad sus hazañas a los pueblos;

él venga la sangre, él recuerda,

y no olvida los gritos de los humildes.

Piedad, Señor;

mira cómo me afligen mis enemigos;

levántame del umbral de la muerte,

para que pueda proclamar tus alabanzas

y gozar de tu salvación en las puertas de Sión.

Los pueblos se han hundido

en la fosa que hicieron,

su pie quedó prendido en la red que escondieron.

El Señor apareció para hacer justicia,

y se enredó el malvado en sus propias acciones.

Vuelvan al abismo los malvados,

los pueblos que olvidan a Dios.

El no olvida jamás al pobre,

ni la esperanza del humilde perecerá.

Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:

sean juzgados los gentiles en tu presencia.

Señor, infúndeles terror,

y aprendan los pueblos que no son más que hombres.

Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro de Ben Sirá · 27, 25—28, 9

El que guiña el ojo trama algo malo, y nadie lo apartará de ello; en tu presencia su boca es melosa, admira tus palabras; después cambia de lenguaje y procura cogerte en tus palabras. Muchas cosas detesto, pero ninguna como a él, porque el Señor mismo lo detesta.

Tira una piedra a lo alto y te caerá en la cabeza: un golpe a traición reparte heridas; el que cava una fosa caerá en ella, el que tiende una red quedará cogido en ella; al que hace el mal se le volverá contra él, aunque no sepa de dónde le viene. Burlas e insultos le tocarán al insolente, pues la venganza le acecha como un león. Los que se alegran de la caída de los buenos se consumirán de pena antes de morir.

Furor y cólera son odiosos: el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados?

Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.

SEGUNDA LECTURA

Del tratado «Espejo de los clérigos», de san Juan de Capistrano, presbítero

Los que han sido llamados a ministrar en la mesa del Señor deben brillar por el ejemplo de una vida loable y recta, en la que no se halle mancha ni suciedad alguna de pecado. Viviendo honorablemente como sal de la tierra, para sí mismos y para los demás, e iluminando a todos con el resplandor de su conducta, como luz que son del mundo, deben tener presente la solemne advertencia del sublime maestro Cristo Jesús, dirigida no sólo a los apóstoles y discípulos, sino también a todos sus sucesores, presbíteros y clérigos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

En verdad es pisado por la gente, como barro despreciable, el clero inmundo y sucio, impregnado de la sordidez de sus vicios y envuelto en las cadenas de sus pecados, considerado inútil para sí y para los demás; porque, como dice san Gregorio: «De aquel cuya vida está desprestigiada queda también desprestigiada la predicación.»

Los presbíteros que dirigen bien merecen doble honorario, sobre todo los que se atarean predicando y enseñando. En efecto, los presbíteros que se comportan con dignidad son acreedores a un doble honorario, material y personal, o sea, temporal y a la vez espiritual, que es lo mismo que decir transitorio y eterno al mismo tiempo; pues, aunque viven en la tierra sujetos a las limitaciones naturales como los demás mortales, su anhelo tiende a la convivencia con los ángeles en el cielo, para ser agradables al Rey, como prudentes ministros suyos. Por lo cual, como un sol que nace para el mundo desde las alturas donde habita Dios, alumbre la luz del clero a los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria al Padre que está en el cielo.

Vosotros sois la luz del mundo. Pues, así como la luz no se ilumina a sí misma, sino que con sus rayos llena de resplandor todo lo que está a su alrededor, así también la vida luminosa de los clérigos virtuosos y justos ilumina y serena, con el fulgor de su santidad, a todos los que la observan. Por consiguiente, el que está puesto al cuidado de los demás debe mostrar en sí mismo cómo deben conducirse los otros en la casa de Dios.

R. No retengas la palabra oportuna ni escondas tu sabiduría; * Pues hablando se muestra la sabiduría, y la inteligencia, en la respuesta de la lengua.
V. Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

Oración

Señor Dios nuestro, que suscitaste a san Juan de Capistrano, para que confortara a tu pueblo en las adversidades, haz que nosotros nos sintamos siempre seguros bajo tu protección y conserva constantemente en paz a tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.