OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Catalina de Alexandria, virgen y mártir.
V. Venid a ver las obras del Señor. R. Las maravillas que hace en la tierra.
Himno
Señor, tú que llamaste
del fondo del no ser todos los seres,
prodigios del cincel de tu palabra,
imágenes de ti resplandecientes;
Señor, tú que creaste
la bella nave azul en que navegan
los hijos de los hombres, entre espacios
repletos de misterio y luz de estrellas;
Señor, tú que nos diste
la inmensa dignidad de ser tus hijos,
no dejes que el pecado y que la muerte
destruyan en el hombre el ser divino.
Señor, tú que salvaste
al hombre de caer en el vacío,
recréanos de nuevo en tu Palabra
y llámanos de nuevo al paraíso.
Oh Padre, tú que enviaste
al mundo de los hombres a tu Hijo,
no dejes que se apague en nuestras almas
la luz esplendorosa de tu Espíritu. Amén.
Salmodia
Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Salmo 130
Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. (Mt 11, 29)
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.
Salmo 131
El Señor Dios le dará el trono de David, su padre. (Lc 1, 32)
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.
Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.
El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»
Salmo 131
El Señor Dios le dará el trono de David, su padre. (Lc 1, 32)
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»
Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»
El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»
PRIMERA LECTURA (Año II)
Del libro del profeta Daniel
En aquellos días, algunos caldeos se presentaron a denunciar a los judíos. Tomaron la palabra y dijeron al rey Nabucodonosor:
«¡Viva el rey eternamente! Tú, oh rey, has ordenado que todo hombre, en cuanto oiga sonar el cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, se postre y adore la estatua de oro, y que aquellos que no se postren para adorarla sean arrojados en un horno de fuego ardiente. Pues bien, hay unos judíos a quienes has encargado la administración de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y AbedNegó, que no te hacen caso, oh rey, no sirven a tu dios ni adoran la estatua de oro que tú has erigido.»
Entonces el rey Nabucodonosor, ebrio de cólera y demudada la expresión de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-Negó, dio orden de que se encendiese el horno siete veces más de lo acostumbrado, y mandó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed-Negó y los arrojaran al horno de fuego ardiente. Fueron, pues, atados estos hombres, con sus túnicas, sus gorros y vestidos, y arrojados al horno de fuego ardiente. El horno estaba excesivamente encendido, pues la orden del rey era perentoria, y sus llamaradas mataron a los hombres que habían llevado allá a Sadrac, Mesac y Abed-Negó, y estos tres cayeron atados en medio del horno de fuego ardiente. Pero ellos iban por entre las llamas alabando y bendiciendo a Dios. Entonces el rey Nabucodonosor, estupefacto, se levantó a toda prisa y preguntó a sus consejeros:
«¿No hemos echado nosotros al fuego a estos tres hombres atados?»
Respondieron ellos:
«Indudablemente, oh rey.»
Dijo el rey:
«Pero yo estoy viendo cuatro hombres que se pasean libremente por el fuego sin sufrir daño alguno, y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los dioses.»
Y Nabucodonosor-se acercó a la boca del horno de fuego ardiente y dijo:
«Sadrac, Mesac, Abed-Negó, servidores del Dios Altísimo, salid y venid aquí.»
Entonces salieron ellos de en medio del fuego. Los sátrapas, los prefectos, ;los gobernadores y los consejeros del rey se reunieron para ver a estos hombres: el fuego no había tenido ningún poder sobre su cuerpo, los cabellos de su cabeza no estaban chamuscados, sus mantos no se habían alterado y ni el olor del fuego se les había pegado. Nabucodonosor exclamó:
«Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-Negó, que ha enviado a su ángel a librar a sus siervos que, confiando en él, quebrantaron la orden del rey y entregaron su cuerpo a las llamas antes que servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios. Yo ordeno, pues, pueblos, naciones y lenguas: Todo aquel que hable con ligereza del Dios de Sadrac, Mesac y Abed-Negó será cortado en pedazos y su casa será arrasada, porque no hay otro dios que pueda salvar de este modo.»
Y el rey hizo prosperar a Sadrac, Mesac y Abed-Negó en la provincia de Babilonia.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo
Queridísimos hermanos, parece duro y se considera casi un peso oneroso lo que el Señor mandó en el Evangelio al decir: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo». No es duro lo que mandó aquel que ayuda a que se realice lo que manda. Niéguese, tome su cruz y siga a Cristo. ¿A dónde hay que seguir a Cristo sino a donde Él fue? Sabemos que resucitó y subió al cielo: hay que seguirlo allí. No hay que perder la esperanza, porque Él lo prometió, no porque el hombre pueda algo. El cielo estaba alejado de nosotros antes de que nuestra cabeza subiera al cielo. ¿Por qué desesperamos de estar allí si somos miembros de su cabeza? ¿Por qué? Puesto que en la tierra estamos agobiados con muchas aflicciones y dolores, sigamos a Cristo, donde está la suma felicidad, la suma paz, la perpetua felicidad.
El que quiera seguir a Cristo debe escuchar al Apóstol cuando dice: «Si alguno afirma permanecer en Cristo, debe caminar también como Él caminó». ¿Quieres seguir a Cristo? Sé humilde donde Él fue humilde. No desprecies su humildad si quieres subir a donde Él subió.
El camino se hizo escabroso cuando el hombre pecó. Pero se allanó cuando Cristo lo pisó al resucitar, y el sendero estrechísimo se hizo senda real. Por este camino se corre con dos pies, el de la humildad y el de la caridad. Su grandeza gusta a todos: pero la humildad es el primer peldaño. ¿Por qué adelantas el pie más allá de ti? Quieres caer, no subir. Comienza por el primer peldaño, es decir, por la humildad, y ya has subido. Nuestro Señor y Salvador no dijo solamente: Niéguese a sí mismo, sino que añadió: Tome su cruz y sígame. ¿Qué es tomar la cruz? Soporta lo que es molesto: sígame así. Cuando comience a seguirme en mi manera de vivir y en mis mandamientos, habrá muchos que se le opongan, habrá muchos que lo obstaculicen: no sólo se burlarán sino que también lo perseguirán. Y esto lo harán no sólo los paganos que están fuera de la Iglesia sino también los que parecen estar dentro del Cuerpo aunque están fuera por sus perversas acciones y persiguen continuamente a los buenos cristianos, porque se glorían sólo del nombre de cristiano. Éstos están entre los miembros de la Iglesia como los malos humores en el cuerpo. Por tanto, si deseas seguir a Cristo, no tardes en llevar su cruz: soporta a los malvados, no sucumbas. Así pues, si queremos cumplir lo que dijo el Señor: si alguien quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame, con la ayuda de Dios debemos esforzarnos en cumplir lo que dice el Apóstol: Teniendo el sustento y el vestido estamos contentos, no sea que, si buscamos más de lo que conviene a la naturaleza terrena y deseamos ser ricos, caigamos en la tentación, en la trampa del diablo y en los muchos deseos, inútiles y nocivos, que hunden a los hombres en la muerte y en la perdición. Que el Señor, con su protección, se digne librarnos de esta tentación.
R. Las vírgenes, sus compañeras, son conducidas tras ella hasta el Rey. * Son conducidas hasta ti con alegría y júbilo.
V. Con tu belleza y hermosura ponte en camino, avanza feliz y reina.
Oración
Dios eterno y omnipotente, que conservaste invencible a santa Catalina en la virginidad y en el martirio por tu pueblo, concédenos que, por su intercesión, fortalezcamos nuestra fe y constancia y haz que podamos trabajar incesantemente por la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
