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Orar

Sábado, 9 de diciembre de 2028

San Juan Diego Cuauhtlatoatzin

Adviento · Morado

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

V. Sus delitos se han amontonado hasta llegar al cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades. R. Salid de ella, pueblo mío, para que no os hagáis cómplices de sus pecados.

No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores. Aleluya.

Himno

Verbo que del cielo bajas,

Luz del Padre que, naciendo,

socorres al mundo mísero

con el correr de los tiempos.

Ilumina el corazón,

quema de amor nuestro pecho,

y borren tus enseñanzas

tantos deslices y yerros,

para que, cuando regreses

como juez de nuestros hechos,

castigues el mal oculto

y corones a los buenos.

Que la maldad no nos lance

por nuestras culpas al fuego,

mas felices moradores

nos veamos en tu reino.

A Dios Padre y a su Hijo

gloria y honor tributemos,

y al Espíritu Paráclito,

por los siglos sempiternos. Amén.

Salmodia

Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

Salmo 104

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,

dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

Cantadle al son de instrumentos,

hablad de sus maravillas;

gloriaos de su nombre santo,

que se alegren los que buscan al Señor.

Recurrid al Señor y a su poder,

buscad continuamente su rostro.

Recordad las maravillas que hizo,

sus prodigios, las sentencias de su boca.

¡Estirpe de Abraham, su siervo;

hijos de Jacob, su elegido!

El Señor es nuestro Dios,

él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente,

de la palabra dada, por mil generaciones;

de la alianza sellada con Abraham,

del juramento hecho a Isaac,

confirmado como ley para Jacob,

como alianza eterna para Israel:

«A ti te daré el país cananeo,

como lote de vuestra heredad.»

Cuando eran unos pocos mortales,

contados, y forasteros en el país,

cuando erraban de pueblo en pueblo,

de un reino a otra nación,

a nadie permitió que los molestase,

y por ellos castigó a reyes:

«No toquéis a mis ungidos,

no hagáis mal a mis profetas.»

Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

Salmo 104

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)

Llamó al hambre sobre aquella tierra:

cortando el sustento de pan;

por delante había enviado a un hombre,

a José, vendido como esclavo;

le trabaron los pies con grillos,

le metieron el cuello en la argolla,

hasta que se cumplió su predicción,

y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey lo mandó desatar,

el señor de pueblos le abrió la prisión,

lo nombró administrador de su casa,

señor de todas sus posesiones,

para que a su gusto instruyera a los príncipes

y enseñase sabiduría a los ancianos.

No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

Salmo 104

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)

Entonces Israel entró en Egipto,

Jacob se hospedó en la tierra de Cam.

Dios hizo a su pueblo muy fecundo,

más poderoso que sus enemigos.

A éstos les cambió el corazón

para que odiasen a su pueblo,

y usaran malas artes con sus siervos.

Pero envió a Moisés, su siervo,

y a Aarón, su escogido,

que hicieron contra ellos sus signos,

prodigios en la tierra de Cam.

Envió la oscuridad, y oscureció,

pero ellos resistieron a sus palabras;

convirtió sus aguas en sangre,

y dio muerte a sus peces;

su tierra pululaba de ranas,

hasta en la alcoba del rey.

Ordenó que vinieran tábanos

y mosquitos por todo el territorio;

les dio en vez de lluvia granizo,

llamas de fuego por su tierra;

e hirió higueras y viñas,

tronchó los árboles del país.

Ordenó que viniera la langosta,

saltamontes innumerables,

que roían la hierba de su tierra,

y devoraron los frutos de sus campos.

Hirió de muerte a los primogénitos del país,

primicias de su virilidad.

Sacó a su pueblo cargado de otro y plata,

y entre sus tribus nadie se enfermó;

los egipcios se alegraban de su marcha,

porque los había sobrecogido el terror.

Tendió una nube que los cubriese,

y un fuego que les alumbrase de noche.

Lo pidieron, y envió codornices,

los sació con pan del cielo;

hendió la peña, y brotaron las aguas,

que corrieron en ríos por el desierto.

Porque se acordaba de la palabra sagrada

que había dado a su siervo Abraham,

sacó a su pueblo con alegría,

a sus escogidos con gritos de triunfo.

Les asignó las tierras de los gentiles,

y poseyeron las haciendas de las naciones;

para que guarden sus decretos,

y cumplan su ley.

Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

SEGUNDA LECTURA

Del decreto del Papa Juan Pablo II (México, 31 de julio de 2002).

Exaltó a los humildes (Lc 1, 52): Dios Padre puso su mirada en un humilde indígena mexicano, Juan Diego, al que enriqueció con el don de renacer en Cristo, de contemplar el rostro de la bienaventurada Virgen María y de unirlo a la evangelización del continente americano. De esta manera se muestra la verdad que encierran las palabras del Apóstol Pablo cuando enseña el método por el que se lleva a cabo la salvación.

Lo plebeyo y despreciable del mundo, lo que no es, Dios lo eligió para vencer lo que es, para que ninguna carne se gloríe en presencia de Dios (1Co 1, 28-29). Este beato que, según la tradición se llama Cuauhtlatoatzin, nombre que significa «águila habladora», nació alrededor del año 1474 en Cuauhtitlan, en el reino conocido comúnmente como Texcoco. Ya adulto y habiendo contraído matrimonio, abrazó el Evangelio y fue bautizado junto con su esposa, dispuesto a vivir a la luz de la fe y de manera coherente con las obligaciones asumidas ante Dios y la Iglesia.

En el mes de diciembre del año 1531, cuando caminaba hacia Tlatelolco, en el monte llamado Tepeyac se le apareció la Madre de Dios, que le ordenó que pidiese al obispo mexicano que se edificase un templo en el lugar de la parición. Ante las peticiones insistentes del indígena, el obispo exigió una prueba evidente del extraordinario suceso. El día 12 de diciembre, la bienaventurada Virgen María se volvió a aparecer a Juan Diego, lo consoló y le ordenó que se dirigiese a la cumbre del monte Tepeyac, donde habría de recoger unas flores y regresar con ellas. A pesar del frío invernal y de la aridez del lugar, el bienaventurado encontró unas flores bellísimas, las puso en su capa y las llevó a la Virgen. Ésta le ordenó que las entregase al obispo como señal de la verdad. En presencia del prelado, Juan Diego extendió la capa y dejó caer las flores; en ese momento apareció en el tejido de la capa, milagrosamente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde entonces se convirtió en el centro espiritual de la nación.

Cuando se construyó el templo en honor de «la Señora del cielo», el beato, movido de gran piedad, dejó todo y consagró toda su vida a guardar aquel pequeño santuario y a recibir a los peregrinos. Recorrió el camino de la santidad en oración y caridad, sacando las fuerzas del banquete eucarístico de nuestro Redentor, del culto a la Madre del Redentor, de la comunión con la santa Iglesia y de la obediencia a los sagrados Pastores. Cuantos lo pudieron conocer, admiraron el esplendor de sus virtudes, sobre todo la fe, la esperanza, la caridad, la humildad y desprecio de las realidades terrenas.

Juan Diego, con la sencillez de su vida cotidiana, guardó fielmente el Evangelio, que no había despreciado su condición indígena, consciente de que Dios no hace distinciones de linaje o de cultura e invita a todos para que sean sus hijos. De esta manera, el beato facilitó el camino para que los indígenas de México y del Nuevo Mundo se encontrasen con Cristo y la Iglesia. Hasta el último día de su vida caminó con Dios, que lo llamó a sí el año 1548. Su recuerdo, que siempre va unido a la aparición de nuestra Señora de Guadalupe, ha trascendido los siglos y ha alcanzado las diversas regiones de la tierra.

R. Dios eligió lo débil del mundo para confundir lo fuerte; lo que no es, * para que ninguna carne se gloríe en presencia de Dios.
V. Hizo proezas con su brazo y exaltó a los humildes.

Oración

Dios nuestro, que por medio de san Juan Diego quisiste mostrar a tu pueblo el amor de Santa María de Guadalupe, concédenos, por su intercesión, que, dóciles al consejo de nuestra Madre, nos esforcemos en cumplir siempre tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.