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Sábado, 16 de diciembre de 2028

Sábado de la 2ª semana de Adviento

Adviento · Morado

I VÍSPERAS

I Vísperas del domingo siguiente

Himno

Éste es el tiempo en que llegas,

Esposo, tan de repente,

que invitas a los que velan

y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro

doncellas con ramos verdes

y lámparas que guardaron

copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias

las puertas de tu banquete!

¡Y cómo lloran a oscuras

los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,

Esposo, por si vinieres,

y está el corazón velando

mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,

Amor que a la noche vienes,

antes que la noche acabe

y que la puerta se cierre. Amén.

Jesucristo, Palabra del Padre,

luz eterna de todo creyente:

ven, Señor, porque ya se hace tarde,

ven y escucha la súplica ardiente.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,

en tu amor, tú quisiste ayudarlo

y trajiste, viniendo a la tierra,

esa vida que puede salvarlo.

Ya madura la historia en promesas,

sólo anhela tu pronto regreso;

si el silencio madura la espera,

el amor no soporta el silencio.

Con María, la Iglesia te aguarda

con anhelos de esposa y de madre

y reúne a sus hijos, los fieles,

para juntos poder esperarte.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,

que podamos salir a tu encuentro

y a tu lado vivamos por siempre,

dando gracias al Padre en el reino. Amén.

Salmodia

Alégrate, Jerusalén, porque viene a ti el Salvador. Aleluya.

Salmo 112

Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. (Lc 1, 52)

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa,

como madre feliz de hijos.

Alégrate, Jerusalén, porque viene a ti el Salvador. Aleluya.

Yo soy el Señor: mi hora está cerca; mi salvación no tardará.

Salmo 115

Por medio de Jesús ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb 13, 15)

Tenía fe, aun cuando dije:

«¡Qué desgraciado soy!»

Yo decía en mi apuro:

«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

Yo soy el Señor: mi hora está cerca; mi salvación no tardará.

Envía, Señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.

Cántico · Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Envía, Señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.

LECTURA BREVE

1Ts 5, 23-24

Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser —espíritu, alma y cuerpo— sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Y danos tu salvación.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Antes de mí no existía ningún dios y después de mí ninguno habrá; porque ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Antes de mí no existía ningún dios y después de mí ninguno habrá; porque ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua.

Preces

Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle:

Ven, Señor, y no tardes más.

Esperamos alegres tu venida, — ven, Señor Jesús.

Tú que existes antes de los tiempos, — ven y salva a los que viven en el tiempo.

Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, — ven a restaurar la obra de tus manos.

Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, — ven y arráncanos del dominio de la muerte.

Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, — ven y danos tu vida eterna.

Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, — ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.

Oración

Señor, que ves a tu pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu Hijo, concédenos celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos jubilosos de alabanza y con una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.