OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Pedro Canisio, presbítero y doctor de la Iglesia.
V. Venid a escuchar, os contaré lo que Dios ha hecho conmigo. R. Proclama mi alma la grandeza del Señor.
Himno
Alegría de nieve
por los caminos.
Todo espera la gracia
del Bien Nacido.
Miserables los hombres,
dura la tierra.
Cuanta más nieve cae,
más cielo cerca.
La tierra tan dormida
ya se despierta.
Y hasta el hombre más muerto
se despereza.
Ya los montes se allanan
y las colinas,
y el corazón del hombre
vuelve a la vida.
Gloria al Padre y al Hijo,
gloria al Espíritu,
que han mirado a la tierra
compadecidos. Amén.
Salmodia
Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Salmo 88 · 88, 39-53
Nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David. (Lc 1, 69)
Tú, encolerizado con tu Ungido,
lo has rechazado y desechado;
has roto la alianza con tu siervo
y has profanado hasta el suelo su corona;
has derribado sus murallas
v derrocado sus fortalezas;
todo viandante lo saquea,
y es la burla de sus vecinos;
has sostenido la diestra de sus enemigos
y has dado el triunfo a sus adversarios;
pero a él le has embotado la espada
y no lo has confortado en la pelea;
has quebrado su cetro glorioso
y has derribado su trono;
has acortado los días de su juventud
y lo has cubierto de ignominia.
Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
Salmo 89
Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. (2Pe 3, 8)
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
SEGUNDA LECTURA
De los escritos de san Pedro Canisio, presbítero
San Pedro Canisio, llamado con razón el segundo apóstol de Alemania, antes de marchar para este país, y recibida la bendición del Papa, tuvo una profunda experiencia espiritual, que describe él mismo con estas palabras:
«Tuviste a bien, Pontífice eterno, que yo encomendase solícitamente el efecto y la confirmación de aquella bendición apostólica a tus Apóstoles del Vaticano, que tantas maravillas operan bajo tu dirección. Allí sentí un gran consuelo y la presencia de tu gracia, que me venía por medio de tales intercesores. Pues me bendecían y confirmaban mi misión a Alemania, y me pareció que me prometían su favor como a apóstol de Alemania. Ya sabes, Señor, cómo y cuántas veces pusiste aquel día Alemania en mis manos, esa Alemania que había de ser mi preocupación constante y por la cual deseaba vivir y morir.
Tú, Señor, me ordenaste, finalmente, beber del caudal que manaba de tu santísimo corazón, invitándome a sacar las aguas de mi salvación de tu fuente, Salvador mío. Lo que yo más deseaba es que de ahí derivaran torrentes de fe, esperanza y caridad, en mi persona. Tenía sed de pobreza, castidad y obediencia, y te pedía que me purificaras y vistieras por completo. Por eso, tras haberme atrevido a acercarme a tu dulcísimo corazón, calmando en él mi sed, me prometías un vestido de tres piezas con que cubrir mi alma desnuda y realizar con éxito mi misión: las piezas eran la paz, el amor y la perseverancia. Revestido con este ornamento saludable, confiaba en que nada habría de faltarme, y que todo acontecería para tu gloria.»
R. Un letrado que entiende del reino de los cielos * es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.
V. En corazón sensato habita la sabiduría, aun en medio de necios se da a conocer.
Oración
Señor, Dios nuestro, que otorgaste a san Pedro Canisio, una gran sabiduría y una extraordinaria fortaleza para que confirmara a los cristianos en la fe católica, haz que el pueblo creyente persevere siempre en la fe y concede a todos los que buscan la verdad el gozo de encontrarte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
