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Orar

Sábado, 23 de diciembre de 2028

San Juan Kety, presbítero

Adviento · Morado

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Juan Kety, presbítero.

V. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión entre aclamaciones. R. En un momento haré llegar mi Justo, amanecerá como el día mi Salvador.

Himno

Alegría de nieve

por los caminos.

Todo espera la gracia

del Bien Nacido.

Miserables los hombres,

dura la tierra.

Cuanta más nieve cae,

más cielo cerca.

La tierra tan dormida

ya se despierta.

Y hasta el hombre más muerto

se despereza.

Ya los montes se allanan

y las colinas,

y el corazón del hombre

vuelve a la vida.

Gloria al Padre y al Hijo,

gloria al Espíritu,

que han mirado a la tierra

compadecidos. Amén.

Salmodia

Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,

los que él rescató de la mano del enemigo,

los que reunió de todos los países:

norte y sur, oriente y occidente.

Erraban por un desierto solitario,

no encontraban el camino de ciudad habitada;

pasaban hambre y sed,

se les iba agotando la vida;

pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Los guió por un camino derecho,

para que llegaran a ciudad habitada.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Calmó el ansia de los sedientos,

y a los hambrientos los colmó de bienes.

Yacían en oscuridad y tinieblas,

cautivos de hierros y miserias;

por haberse rebelado contra los mandamientos,

despreciando el plan del Altísimo.

Él humilló su corazón con trabajos,

sucumbían y nadie los socorría.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Los sacó de las sombrías tinieblas,

arrancó sus cadenas.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Destrozó las puertas de bronce,

quebró los cerrojos de hierro.

Estaban enfermos, por sus maldades,

por sus culpas eran afligidos;

aborrecían todos los manjares,

y ya tocaban las puertas de la muerte.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Envió su palabra, para curarlos,

para salvarlos de la perdición.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Ofrézcanle sacrificios de alabanza,

y cuenten con entusiasmo sus acciones.

Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

Entraron en naves por el mar,

comerciando por las aguas inmensas.

Contemplaron las obras de Dios,

sus maravillas en el océano.

Él habló y levantó un viento tormentoso,

que alzaba las olas a lo alto:

subían al cielo, bajaban al abismo,

su vida se marchitaba por el mareo,

rodaban, se tambaleaban como ebrios,

y no les valía su pericia.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Apaciguó la tormenta en suave brisa,

y enmudecieron las olas del mar.

Se alegraron de aquella bonanza,

y él los condujo al ansiado puerto.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Aclámenlo en la asamblea del pueblo,

alábenlo en el consejo de los ancianos.

Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.

Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

El transforma los ríos en desierto,

los manantiales de agua en aridez;

la tierra fértil en marismas,

por la depravación de sus habitantes.

Transforma el desierto en estanques,

el erial en manantiales de agua.

Coloca allí a los hambrientos,

y fundan una ciudad para habitar.

Siembran campos, plantan huertos,

recogen cosechas.

Los bendice, y se multiplican,

y no les escatima el ganado.

Si menguan, abatidos por el peso

de infortunios y desgracias,

el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes

y los descarría por una soledad sin caminos

levanta a los pobres de la miseria

y multiplica sus familias como rebaños.

Los rectos lo ven y se alegran,

a la maldad se le tapa la boca.

El que sea sabio, que recoja estos hechos

y comprenda la misericordia del Señor.

Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.

SEGUNDA LECTURA

Nadie duda que san Juan de Kety debe ser contado entre aquellos excelentes varones que fueron eximios por su santidad y doctrina, porque practicaban lo que enseñaban, y por la defensa de la fe ortodoxa, impugnada por los herejes. Mientras en las regiones vecinas pululaban las herejías y los cismas, el bienaventurado Juan enseñaba en la universidad de Cracovia la doctrina tomada de su más pura fuente, y confirmaba la más auténtica doctrina moral, que con mucho empeño explicaba al pueblo en sus sermones, con la humildad, castidad, misericordia, penitencia y todas las otras virtudes propias de un santo sacerdote y de un celoso ministro.

Así, pues, constituye no sólo una honra y gloria para los profesores de aquella universidad, sino que dejó un ejemplo maravilloso, que producirá abundantes frutos, para todos aquellos que se dedican a este ministerio, es decir, para que no cesen en su empeño de conseguir ser unos doctores perfectos, y para que se esfuercen en enseñar, con las palabras y con las obras, la ciencia de Dios, junto con las restantes disciplinas, para alabanza y gloria de Dios.

A la piedad con que se ocupaba de las cosas de Dios, se añadía su humildad, y, aunque aventajaba a todos en ciencia, se anonadaba a sí mismo y no se anteponía a nadie; más aún, deseaba ser despreciado y pospuesto por todos; y llegaba tan lejos que trataba con la misma equidad a los que lo despreciaban y denigraban.

A su humildad acompañaba una extraordinaria sencillez, propia de un niño, y por esto en sus hechos y dichos no había ni ambigüedad ni fingimiento; lo que tenía en el corazón lo proclamaba con sus labios. Si sospechaba que casualmente, al decir la verdad, había ofendido a alguien, antes de acercarse a celebrar, pedía perdón no tanto por su error como por el ajeno. Durante el día, una vez cumplido su deber de enseñar, se dirigía directamente a la iglesia, donde, por largo tiempo, se dedicaba a la oración y a la contemplación ante Cristo, escondido en la Eucaristía. Dios era el mismo en su corazón y en sus labios.

Responsorio Is 58, 7-8

R. Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo; * entonces brillará tu luz como la aurora, y tu justicia te abrirá camino. V. Cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.

R. Entonces brillará tu luz como la aurora, y tu justicia te abrirá camino.

Laudes: La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os améis unos a otros.

Vísperas: Os aseguro que lo que hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

R. Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? * Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados.
V. Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

R. Nos nacerá un niño y será llamado «Dios poderoso», * se sentará sobre el trono de David, su padre, y grande será su poder: llevará sobre sus hombros el señorío.
V. Él era la fuente de la vida, y esta vida era la luz para los hombres.

Oración

Concédenos, Señor, que, siguiendo el ejemplo de san Juan de Kanty, crezcamos en santidad y, practicando como él la misericordia para con nuestros hermanos, obtengamos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.