Sexta (Hora intermedia)
El himno
El libro ofrece varios; puede rezarse cualquiera de ellos.
La salmodia
Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.
V. Los justos viven eternamente. R. Reciben de Dios su recompensa.
Himno
Oh Señor, Dios eterno y bondadoso,
tú diriges los tiempos y la vida;
son por ti luminosas las mañanas,
con tu sol das el fuego al mediodía.
Que tu paz se derrame en nuestras almas
y que apague el ardor de la discordia;
que descansen los cuerpos fatigados,
anhelando el reposo de tu gloria.
Tu amistad danos, Padre omnipotente,
sea Cristo la senda que sigamos,
ilumine el Espíritu el desierto
en que todos a ti peregrinamos. Amén.
Salmodia
Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, dice el Señor.
Salmo 118 · 118, 153-160
Mira mi abatimiento y líbrame,
porque no olvido tu voluntad;
defiende mi causa y rescátame,
con tu promesa dame vida;
la justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus leyes.
Grande es tu ternura, Señor,
con tus mandamientos dame vida;
muchos son los enemigos que me persiguen,
pero yo no me aparto de tus preceptos;
viendo a los renegados sentía indignación,
porque no guardan tus mandatos.
Mira cómo amo tus decretos, Señor,
por tu misericordia dame vida;
el compendio de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios son eternos.
Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, dice el Señor.
Que el Señor te bendiga y veas la paz todos los días de tu vida.
Salmo 127
«Que el Señor te bendiga desde Sión», es decir, desde su Iglesia. (Arnobio)
¡Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel!
Que el Señor te bendiga y veas la paz todos los días de tu vida.
El Señor peleará a tu favor.
Salmo 128
La Iglesia habla de los sufrimientos que tiene que tolerar. (S. Agustín)
¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud
—que lo diga Israel—,
cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
pero no pudieron conmigo!
Sobre mis espaldas metieron el arado
y alargaron los surcos.
Pero el Señor, que es justo,
rompió las coyundas de los malvados.
Retrocedan, avergonzados,
los que odian a Sión;
sean como la hierba del tejado,
que se seca y nadie la siega;
que no llena la mano del segador
ni la brazada del que agavilla;
ni le dicen los que pasan:
«Que el Señor te bendiga.»
Os bendecimos en el nombre del Señor.
El Señor peleará a tu favor.
LECTURA BREVE
Lm 2, 11
Mis ojos están anegados en llanto, se estremecen mis entrañas, mientras desfallecen los niños y lactantes en las plazas de la ciudad.
Oremos:
Señor Dios, cuya gloria pregonaron en este día los Inocentes mártires, no con palabras, sino dando su vida por ti, haz que nuestra conducta testifique con hechos la fe que proclamamos con los labios. Por Cristo nuestro Señor.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
