VÍSPERAS
Los salmos y el cántico se toman de la feria correspondiente.
Himno
Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.
Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.
Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizá con gotas de sangre.
Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.
Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.
Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro valle! Amén.
Salmodia
El Señor da la victoria a su Ungido.
Salmo 19
Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán. (Hch 2, 21)
Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión;
Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.
Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.
Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.
Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.
Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.
Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.
El Señor da la victoria a su Ungido.
Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Salmo 20 · 20, 2-8. 14
El Señor resucitado recibió la vida, años que se prolongan sin término. (S. Ireneo)
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia:
porque el rey confía en el Señor
y con la gracia del Altísimo no fracasará.
Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Cántico · Ap 4, 11; 5, 9-10. 12
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
LECTURA BREVE
Col 1, 13-15
Dios nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura.
R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
R. Aleluya, aleluya.
V. Y puso su morada entre nosotros.
R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Magnificat
Oh dichosa Infancia, que ha restaurado la vida humana; Cristo, como el esposo que sale de su alcoba, ha salido del seno de María.
Cántico de María Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Oh dichosa Infancia, que ha restaurado la vida humana; Cristo, como el esposo que sale de su alcoba, ha salido del seno de María.
Preces
Dios, que de muchas maneras habló en otro tiempo a nuestros antepasados por los profetas, ahora, en estos tiempos, que son los últimos, nos ha hablado por medio de su Hijo; imploremos, pues, su misericordia, diciendo:
Señor, ten piedad.
Por tu Iglesia santa: que todos tus hijos proclamen con fidelidad y valentía que Cristo es el Salvador. — Señor, ten piedad.
Por los que proclaman el Evangelio: que los ministros de la palabra anuncien con valor el nombre del Salvador a todo el mundo. — Señor, ten piedad.
Por nuestros hermanos enfermos: que al invocar el nombre del Salvador obtengan la salud. — Señor, ten piedad.
Por los cristianos que sufren persecución: que acepten con paciencia los insultos e injusticias por el nombre del Salvador. — Señor, ten piedad.
Por nuestros hermanos que han muerto por culpa de los hombres: que por la misericordia de Dios obtengan la vida. — Señor, ten piedad.
Oración
Concede, Señor, una fe inquebrantable a tu pueblo, que confiesa y proclama que tu Hijo único, eterno y glorioso como tú, nació de la Virgen María, tomando un cuerpo humano como el nuestro; haz que, por ese misterio inefable, nos veamos libres de las adversidades de esta vida y merezcamos ir después a disfrutar del gozo que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
