Saltar al contenido

Orar

Miércoles, 3 de enero de 2029

Santísimo Nombre de Jesús

Tiempo de Navidad · Blanco

VÍSPERAS

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santísimo Nombre de Jesús.

Los salmos y el cántico se toman de la feria correspondiente.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Himno

Te diré mi amor, Rey mío,

en la quietud de la tarde,

cuando se cierran los ojos

y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío,

con una mirada suave,

te lo diré contemplando

tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío,

adorándote en la carne,

te lo diré con mis besos,

quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío,

con los hombres y los ángeles,

con el aliento del cielo

que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío,

con el amor de tu Madre,

con los labios de tu Esposa

y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío,

¡oh Dios del amor más grande!

¡Bendito en la Trinidad,

que has venido a nuestro valle! Amén.

Salmodia

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? †

Salmo 26

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?, ¿quién podrá apartarnos del amor de Cristo? (Rm 8, 31. 35)

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

† El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados

para devorar mi carne,

ellos, enemigos y adversarios,

tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,

mi corazón no tiembla

si me declaran la guerra,

me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,

eso buscaré:

habitar en la casa del Señor

por los días de mi vida;

gozar de la dulzura del Señor

contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda

el día del peligro;

me esconderá en lo escondido de su morada,

me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza

sobre el enemigo que me cerca;

en su tienda sacrificaré

sacrificios de aclamación:

cantaré y tocaré para el Señor.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? †

Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Salmo 26

Algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra Jesús. (Mc 14, 57)

Escúchame, Señor, que te llamo,

ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»

Tu rostro buscaré, Señor,

no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,

que tú eres mi auxilio;

no me deseches, no me abandones,

Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,

el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,

guíame por la senda llana,

porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,

porque se levantan contra mí testigos falsos,

que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor

en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,

ten ánimo, espera en el Señor.

Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico · Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura;

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE

1Jn 1, 5b. 7

Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si caminamos en la luz, lo mismo que está él en la luz, entonces vivimos en comunión unos con otros; y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica de todo pecado.

RESPONSORIO BREVE

R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R. Ten misericordia de mí.
V. No arrebates mi alma con los pecadores.

R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Alegrémonos en el Señor y exultemos en el Espíritu, porque ha aparecido en el mundo la salvación eterna. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Alegrémonos en el Señor y exultemos en el Espíritu, porque ha aparecido en el mundo la salvación eterna. Aleluya.

Preces

Con el nacimiento de Cristo el pueblo de Dios ha dado su mejor fruto y su más bella flor; digamos, pues, con alegría, aclamando a nuestro Salvador:

Que tu nacimiento, Señor, sea la alegría del mundo.

Cristo, vida nuestra, que has venido al mundo para ser cabeza de la Iglesia, — da crecimiento a tu cuerpo y haz que se construya en el amor.

Tú que has querido ser adorado no sólo como Dios, sino también como hombre, — concédenos tener parte en tu divinidad.

Tú que por la encarnación has sido constituido mediador de los hombres, — haz que los ministros de tu Iglesia, ayudados por tu gracia, vivan íntimamente unidos a ti por la santidad de sus vidas.

Tú que al venir al mundo instauraste un nuevo orden entre los hombres, — haz que todos los pueblos conozcan tu salvación.

Tú que al nacer destruiste el poder de la muerte, — libra a todos los difuntos de todo vínculo de pecado.

Oración

Dios nuestro, que quisiste que en el parto de la santísima Virgen María la carne de tu Hijo no quedara sometida a la antigua sentencia dada al género humano, concédenos, ya que por el nacimiento de Cristo hemos entrado a participar de esta renovación de la creatura, que nos veamos libres del contagio de la antigua condición. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.