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Orar

Viernes, 5 de enero de 2029

5 de enero

Tiempo de Navidad · Blanco

VÍSPERAS

Los salmos y el cántico se toman de la feria correspondiente.

Himno

Te diré mi amor, Rey mío,

en la quietud de la tarde,

cuando se cierran los ojos

y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío,

con una mirada suave,

te lo diré contemplando

tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío,

adorándote en la carne,

te lo diré con mis besos,

quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío,

con los hombres y los ángeles,

con el aliento del cielo

que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío,

con el amor de tu Madre,

con los labios de tu Esposa

y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío,

¡oh Dios del amor más grande!

¡Bendito en la Trinidad,

que has venido a nuestro valle! Amén.

Salmodia

Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Salmo 40

Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo. (Mc 14, 18)

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;

en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,

para que sea dichoso en la tierra,

y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,

calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,

sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:

«A ver si se muere y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,

disimula su mala intención,

y cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,

hacen cálculos siniestros:

«Padece un mal sin remedio,

se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,

que compartía mi pan,

es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,

haz que pueda levantarme,

para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:

en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,

me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,

ahora y por siempre. Amén, amén.

Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Salmo 45

Le pondrán por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros». (Mt 1, 23)

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,

poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra

y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,

que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,

el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;

Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;

pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,

las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,

rompe los arcos, quiebra las lanzas,

prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:

más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Cántico · Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA BREVE

1Jn 5, 20

Sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia, para que conozcamos al Dios verdadero y para que estemos en él, su verdadero Hijo, el cual es Dios verdadero y es vida eterna.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Y puso su morada entre nosotros.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, hijo de José, de quien escribió Moisés en la ley y de quien hablaron los profetas.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, hijo de José, de quien escribió Moisés en la ley y de quien hablaron los profetas.

Preces

Bendigamos a Cristo, el «Dios-con-nosotros» a quien María concibió y dio a luz, y supliquémosle, diciendo:

Hijo de la Virgen María, escúchanos.

Tú que diste a María el gozo de la maternidad, — concede a todos los padres y madres de familia poder alegrarse en sus hijos.

Tú que te hiciste niño, — concede a los niños tu sabiduría y tu gracia.

Tú que viniste para hacer del género humano el pueblo de Dios, — haz que todas las naciones alcancen la concordia mutua y vivan como una sola familia.

Tú que al nacer en una familia fortaleciste los vínculos familiares, — haz que las familias vean crecer su unidad.

Tú que quisiste nacer en el tiempo, — concede a los difuntos nacer a tu eternidad.

Oración

Señor Dios, que iniciaste admirablemente la obra de la redención con el nacimiento de tu Hijo, fortalece en nosotros la fe, para que, siguiendo sus enseñanzas, podamos alcanzar la prometida recompensa de la gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.