OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Los salmos se toman de la feria correspondiente.
V. Cantad al Señor, bendecid su nombre. R. Proclamad día tras día su victoria.
Himno
Naciste del Padre, sin principio,
antes que la luz resplandeciera;
del seno sin mancha de María
surges como luz en las tinieblas.
Los pobres acuden a adorarte,
solos, ellos velan en la noche,
sintiendo admirados en tu llanto
la voz del Pastor de los pastores.
El mundo se alegra en este día,
gozan los patriarcas, los profetas;
la flor ha nacido de la rama,
flor que ha perfumado nuestra Iglesia.
Los ángeles cantan hoy tu gloria,
Padre, que enviaste a Jesucristo;
unimos con ellos nuestras voces,
oye, bondadoso, nuestros himnos. Amén.
Salmodia
Cantad al Señor y meditad sus maravillas.
Salmo 104
Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.
¡Estirpe de Abraham, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra.
Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abraham,
del juramento hecho a Isaac,
confirmado como ley para Jacob,
como alianza eterna para Israel:
«A ti te daré el país cananeo,
como lote de vuestra heredad.»
Cuando eran unos pocos mortales,
contados, y forasteros en el país,
cuando erraban de pueblo en pueblo,
de un reino a otra nación,
a nadie permitió que los molestase,
y por ellos castigó a reyes:
«No toquéis a mis ungidos,
no hagáis mal a mis profetas.»
Cantad al Señor y meditad sus maravillas.
No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.
Salmo 104
Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)
Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como esclavo;
le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó.
El rey lo mandó desatar,
el señor de pueblos le abrió la prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus posesiones,
para que a su gusto instruyera a los príncipes
y enseñase sabiduría a los ancianos.
No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.
Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.
Salmo 104
Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)
Entonces Israel entró en Egipto,
Jacob se hospedó en la tierra de Cam.
Dios hizo a su pueblo muy fecundo,
más poderoso que sus enemigos.
A éstos les cambió el corazón
para que odiasen a su pueblo,
y usaran malas artes con sus siervos.
Pero envió a Moisés, su siervo,
y a Aarón, su escogido,
que hicieron contra ellos sus signos,
prodigios en la tierra de Cam.
Envió la oscuridad, y oscureció,
pero ellos resistieron a sus palabras;
convirtió sus aguas en sangre,
y dio muerte a sus peces;
su tierra pululaba de ranas,
hasta en la alcoba del rey.
Ordenó que vinieran tábanos
y mosquitos por todo el territorio;
les dio en vez de lluvia granizo,
llamas de fuego por su tierra;
e hirió higueras y viñas,
tronchó los árboles del país.
Ordenó que viniera la langosta,
saltamontes innumerables,
que roían la hierba de su tierra,
y devoraron los frutos de sus campos.
Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su virilidad.
Sacó a su pueblo cargado de otro y plata,
y entre sus tribus nadie se enfermó;
los egipcios se alegraban de su marcha,
porque los había sobrecogido el terror.
Tendió una nube que los cubriese,
y un fuego que les alumbrase de noche.
Lo pidieron, y envió codornices,
los sació con pan del cielo;
hendió la peña, y brotaron las aguas,
que corrieron en ríos por el desierto.
Porque se acordaba de la palabra sagrada
que había dado a su siervo Abraham,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con gritos de triunfo.
Les asignó las tierras de los gentiles,
y poseyeron las haciendas de las naciones;
para que guarden sus decretos,
y cumplan su ley.
Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.
PRIMERA LECTURA (Año I)
Del libro del profeta Isaías · 42, 1-8
Mirad a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia en las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. No romperá la caña resquebrajada, no apagará la mecha aún humeante. Promoverá con firmeza la justicia, no titubeará ni se doblegará hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.
Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó los cielos, que consolidó la tierra y todo lo que en ella brota, que dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella:
«Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te he llamado en la justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he puesto como alianza del pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas. Yo soy el Señor, éste es mi nombre, no cedo mi gloria a ningún otro ni mi honor a los ídolos.»
PRIMERA LECTURA (Año II)
Del libro del profeta Isaías · 49, 1-9
Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: el Señor me llamó desde el vientre de mi madre, cuando aún estaba yo en el seno materno pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, en ti manifestaré mi gloria.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad el Señor se ocupaba de mi causa, Dios tenía en sus manos mi recompensa; yo era glorificado ante sus ojos, mi Dios era mi fortaleza.
Y ahora habla el Señor, que desde el seno materno me hizo su siervo para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel en torno suyo:
«Es poco que seas mi siervo para restablecer a las tribus de Jacob y hacer volver a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»
Así dice el Señor, el redentor y Santo de Israel, al despreciado y aborrecido de las naciones, al esclavo de los tiranos:
«Te verán los reyes y se pondrán de pie, te verán los príncipes y se postrarán; porque el Señor es fiel, porque el Santo de Israel te ha elegido.»
Así dice el Señor:
«En el tiempo de gracia te he respondido, en el día de salvación te he auxiliado; te he defendido y te he constituido como alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salid”, y a los que están en tinieblas: “Venid a la luz”; aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas.»
SEGUNDA LECTURA
De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo
Cristo es hoy iluminado, dejemos que esta luz divina nos penetre también a nosotros; Cristo es bautizado, bajemos con él al agua, para luego subir también con él.
Juan está bautizando, y Jesús acude a él; posiblemente para santificar al mismo que lo bautiza; con toda seguridad para sepultar en el agua a todo el viejo Adán; antes de nosotros y por nosotros, el que era espíritu y carne santifica el Jordán, para así iniciarnos por el Espíritu y el agua en los sagrados misterios.
El Bautista se resiste, Jesús insiste. Soy yo quien debo ser bautizado por ti, le dice la lámpara al Sol, la voz a la Palabra, el amigo al Esposo, el más grande entre los nacidos de mujer al Primogénito de toda creatura, el que había saltado de gozo ya en el seno materno al que había sido adorado también en el seno de su madre, el que lo había precedido y lo precederá al que se había manifestado y se manifestará. Soy yo quien debo ser bautizado por ti; podía haber añadido: «Y por causa de ti.» Él, en efecto, sabía con certeza que recibiría más tarde el bautismo del martirio y que, como a Pedro, le serían lavados no sólo los pies, sino todo su cuerpo.
Pero, además, Jesús sube del agua; lo cual nos recuerda que hizo subir al mundo con él hacia lo alto, porque en aquel momento ve también cómo el cielo se rasga y se abre, aquel cielo que Adán había cerrado para sí y para su posteridad, como había hecho que se le cerrase la entrada al paraíso con una espada de fuego.
El Espíritu atestigua la divinidad de Cristo, acudiendo a él como a su igual; y una voz bajó del cielo, ya que del cielo procedía aquel de quien testificaba esta voz; y el Espíritu se apareció en forma corporal de una paloma, para honrar así el cuerpo de Cristo, que es también divino por su excepcional unión con Dios. Muchos siglos atrás fue asimismo una paloma la que anunció el fin del diluvio.
Honremos hoy, pues, el bautismo de Cristo y celebremos como es debido esta festividad.
Procurad una limpieza de espíritu siempre en aumento. Nada agrada tanto a Dios como la conversión y salvación del hombre, ya que para él tienen lugar todas estas palabras y misterios; sed como lumbreras en medio del mundo, como una fuerza vital para los demás hombres; si así lo hacéis, llegaréis a ser luces perfectas en la presencia de aquella gran luz, impregnados de sus resplandores celestiales, iluminados de un modo más claro y puro por la Trinidad, de la cual habéis recibido ahora, con menos plenitud, un único rayo proveniente de la única Divinidad, en Cristo Jesús, nuestro Señor, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
R. Éste es mi hijo muy amado, en quien he puesto mis complacencias. * Todas las naciones esperarán en él.
V. Le infundiré mi Espíritu y juzgará a los pueblos.
R. Así dice el Señor, el redentor y Santo de Israel: * «Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»
V. Sobre los que habitaban en tierra de sombras billó un intenso resplandor.
R. Hoy se han abierto los cielos y el mar se dulcificó, la tierra canta de alegría y los montes y colinas se llenan de júbilo: * porque Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán.
V. ¿Qué te pasa, mar, por qué huyes? Y tú, Jordán, ¿por qué te echas atrás?
Oración
Ilumina, Señor, a tus hijos, y haz arder nuestros corazones con el esplendor de tu gloria, para que conozcamos cada vez más a nuestro Salvador y podamos amarlo e imitarlo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
