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Orar

Viernes, 9 de febrero de 2029

Viernes de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Hijo mío, conserva mis palabras. R. Conserva mis mandatos y vivirás.

Himno

Delante de tus ojos

ya no enrojecemos

a causa del antiguo

pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo

el corazón soberbio

y harás un pueblo humilde

de corazón sincero.

En medio de los pueblos

nos guardas como un resto,

para cantar tus obras

y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva

para los cielos nuevos;

sacerdotal estirpe,

según tu Primogénito.

Caerán los opresores

y exultarán los siervos;

los hijos del oprobio

serán tus herederos.

Señalarás entonces

el día del regreso

para los que comían

su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!

¡Alégrese mi pueblo!

Porque el Señor, que es justo,

revoca sus decretos:

la salvación se anuncia

donde acechó el infierno,

porque el Señor habita

en medio de su pueblo. Amén.

Salmodia

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Pelea, Señor, contra los que me atacan,

guerrea contra los que me hacen guerra;

empuña el escudo y la adarga,

levántate y ven en mi auxilio;

di a mi alma:

«Yo soy tu victoria.»

Y yo me alegraré con el Señor,

gozando de su victoria;

todo mi ser proclamará:

«Señor, ¿quién como tú,

que defiendes al débil del poderoso,

al pobre y humilde del explotador?»

Se presentaban testigos violentos:

me acusaban de cosas que ni sabía,

me pagaban mal por bien,

dejándome desamparado.

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,

me vestía de saco,

me mortificaba con ayunos

y desde dentro repetía mi oración.

Como por un amigo o por un hermano,

andaba triste,

cabizbajo y sombrío,

como quien llora a su madre.

Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,

se juntaron contra mí

y me golpearon por sorpresa;

me laceraban sin cesar,

cruelmente se burlaban de mí,

rechinando los dientes de odio.

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?

Defiende mi vida de los que rugen,

mi único bien, de los leones,

y te daré gracias en la gran asamblea,

te alabaré entre la multitud del pueblo.

Que no canten victoria mis enemigos traidores,

que no se hagan guiños a mi costa

los que me odian sin razón.

Señor, tú lo has visto, no te calles;

Señor, no te quedes a distancia;

despierta, levántate, Dios mío;

Señor mío, defiende mi causa.

Júzgame tú según tu justicia.

Que canten y se alegren

los que desean mi victoria;

que repitan siempre: «Grande es el Señor»,

los que desean la paz a tu siervo.

Mi lengua anunciará tu justicia,

todos los días te alabaré.

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.

PRIMERA LECTURA (Año I)

De la primera carta a los Corintios · 5, 1-13

Hermanos: De hecho, se oye decir que entre vosotros reina la lujuria; pero una lujuria tal, que ni siquiera entre los gentiles; porque llega al extremo de tener uno por mujer a su madrastra. Y vosotros, tan hinchados de orgullo, ¿cómo no lo deplorasteis, para hacer que desapareciese quien tal hizo?

Pues bien, yo, ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, he dado ya mi sentencia, como si me encontrase ahí, contra el autor de esa mala acción. En el nombre de Jesús, Señor nuestro, congregados en asamblea vosotros y mi espíritu, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, he determinado que sea entregado ese tal a Satanás, para su ruina material, a fin de que su espíritu sea salvo en el día de Jesús, el Señor.

No es vuestra jactancia de buena ley. ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Tirad fuera la levadura vieja para que seáis una masa nueva, ya que ahora sois panes ázimos, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado. Así, pues, celebremos nuestra fiesta no con la vieja levadura ni con levadura de malicia y perversidad, sino con los panes ázimos de pureza y verdad.

Os escribí en una carta que no tuvierais trato alguno con los deshonestos. No me refería en general a los deshonestos de este mundo, ni a los avaros, ni a los ladrones, ni a los idólatras; para eso tendríais que escapar de este mundo. Os escribí que no tuvierais trato alguno con el que, llevando el nombre de hermano, fuese deshonesto, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón. Con estos tales, ¡ni comer! Porque, ¿cómo va a tocarme a mí juzgar a los de fuera de la Iglesia? ¿No juzgáis vosotros a los de dentro? Dios juzgará a los de fuera. Arrojad al perverso de en medio de vosotros.

SEGUNDA LECTURA

De los Sermones de san León Magno, papa

Al nacer nuestro Señor Jesucristo como hombre verdadero, sin dejar por un momento de ser Dios verdadero, realizó en sí mismo el comienzo de la nueva creación y, con su nuevo origen, dio al género humano un principio de vida espiritual. ¿Qué mente será capaz de comprender este misterio, qué lengua será capaz de explicar semejante don? La iniquidad es transformada en inocencia, la antigua condición humana queda renovada; los que eran enemigos y estaban alejados de Dios se convierten en hijos adoptivos y herederos suyos.

Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las creaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivo de alabanza y gloria del Creador.

Deja que tus sentidos corporales se impregnen de esta luz corporal y abraza, con todo el afecto de tu mente, aquella luz verdadera que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre, y de la cual dice el salmista: Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si somos templos de Dios y el Espíritu de Dios habita en nosotros, es mucho más lo que cada fiel lleva en su interior que todas las maravillas que contemplamos en el cielo.

Con estas palabras, amadísimos hermanos, no queremos induciros o persuadiros a que despreciéis las obras de Dios, o que penséis que las cosas buenas que ha hecho el Dios bueno significan un obstáculo para vuestra fe; lo que pretendemos es que uséis de un modo racional y moderado de todas las creaturas y de toda la belleza de este mundo, pues, como dice el Apóstol, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.

Por consiguiente, puesto que hemos nacido para las cosas presentes y renacido para las futuras, no nos entreguemos de lleno a los bienes temporales, sino tendamos, como a nuestra meta, a los eternos; y, para que podamos mirar más de cerca el objeto de nuestra esperanza, pensemos qué es lo que la gracia divina ha obrado en nosotros. Oigamos las palabras del Apóstol: Habéis muerto y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios; cuando se manifieste Cristo, que es vuestra vida, os manifestaréis también vosotros con él, revestidos de gloria, el cual vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

R. Tirad fuera la levadura vieja para que seáis una masa nueva, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado. * Así, pues, celebremos nuestra fiesta con el cuerpo del Señor.
V. Fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación.

R. Si tenéis alguna cosa contra alguien, perdonadlo; * porque, si vosotros perdonáis al prójimo sus faltas, también os perdonará las vuestras vuestro Padre celestial.
V. Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre.

R. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, * tocaré para ti el arpa de diez cuerdas.
V. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.