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Orar

Miércoles, 21 de febrero de 2029

San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia

Cuaresma · Morado

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia.

V. Quien guarda su palabra posee el perfecto amor de Dios. R. Y sus mandamientos no son pesados.

Himno

Levántame Señor, que estoy caído,

sin amor, sin temor, sin fe, sin miedo;

quiérome levantar, y estoyme quedo;

yo propio lo deseo, y yo lo impido.

Estoy, siendo uno solo, dividido:

a un tiempo muerto y vivo, triste y ledo;

lo que puedo hacer, eso no puedo;

huyo del mal y estoy en él metido.

Tan obstinado estoy en mi porfía,

que el temor de perderme y de perderte

jamás de mi mal uso me desvía.

Tu poder y bondad truequen mi suerte:

que en otros veo enmienda cada día,

y en mí nuevos deseos de ofenderte. Amén.

Salmodia

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Salmo 17 · 17, 2-30

En aquella hora ocurrió un violento terremoto. (Ap 11, 13)

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo,

mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoco al Señor de mi alabanza

y quedo libre de mis enemigos.

Me cercaban olas mortales,

torrentes destructores me aterraban,

me envolvían las redes del abismo,

me alcanzaban los lazos de la muerte.

En el peligro invoqué al Señor,

grité a mi Dios:

desde su templo él escuchó mi voz

y mi grito llegó a sus oídos.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

El Señor me libró porque me amaba.

Salmo 17 · 17, 2-30

En aquella hora ocurrió un violento terremoto. (Ap 11, 13)

Entonces tembló y retembló la tierra,

vacilaron los cimientos de los montes,

sacudidos por su cólera;

de su rostro se alzaba una humareda,

de su boca un fuego voraz,

y lanzaba carbones ardiendo.

Inclinó el cielo y bajó

con nubarrones debajo de sus pies;

volaba sobre un querubín

cerniéndose sobre las alas del viento,

envuelto en un manto de oscuridad:

como un toldo, lo rodeaban

oscuro aguacero y nubes espesas;

al fulgor de su presencia, las nubes

se deshicieron en granizo y centellas;

y el Señor tronaba desde el cielo,

el Altísimo hacía oír su voz:

disparando sus saetas, los dispersaba,

y sus continuos relámpagos los enloquecían.

El fondo del mar apareció,

y se vieron los cimientos del orbe,

cuando tú, Señor, lanzaste el fragor de tu voz,

al soplo de tu ira.

Desde el cielo alargó la mano y me sostuvo,

me sacó de las aguas caudalosas,

me libró de un enemigo poderoso,

de adversarios más fuertes que yo.

Me acosaban el día funesto,

pero el Señor fue mi apoyo:

me sacó a un lugar espacioso,

me libró porque me amaba.

El Señor me libró porque me amaba.

Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.

Salmo 17 · 17, 2-30

En aquella hora ocurrió un violento terremoto. (Ap 11, 13)

El Señor retribuyó mi justicia,

retribuyó la pureza de mis manos,

porque seguí los caminos del Señor

y no me rebelé contra mi Dios;

porque tuve presentes sus mandamientos

y no me aparté de sus preceptos;

le fui enteramente fiel,

guardándome de toda culpa;

el Señor retribuyó mi justicia,

la pureza de mis manos en su presencia.

Con el fiel, tú eres fiel;

con el íntegro, tú eres íntegro;

con el sincero, tú eres sincero;

con el astuto, tú eres sagaz.

Tú salvas al pueblo afligido

y humillas los ojos soberbios.

Señor, tú eres mi lámpara;

Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.

Fiado en ti, me meto en la refriega;

fiado en mi Dios, asalto la muralla.

Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.

SEGUNDA LECTURA

De las cartas de san Pedro Damiani, obispo

Me has pedido, dilectísimo hermano, que te transmita por carta unas palabras de consuelo capaces de endulzar tu corazón, amargado por tantos sufrimientos como te afligen.

Pero si tu inteligencia está despierta, a mano tienes el consuelo que necesitas, pues la misma palabra divina te instruye como a hijo, destinado a obtener la herencia. Medita en aquellas palabras: Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente.

Donde está el temor está la justicia. La prueba que para nosotros supone cualquier adversidad no es un castigo de esclavos, sino una corrección paterna.

Por esto Job, en medio de sus calamidades, si bien dice: Que Dios se digne triturarme y cortar de un tirón la trama de mi vida, añade a continuación: Sería un consuelo para mi; aun torturado sin piedad, saltaría de gozo.

Para los elegidos de Dios, sus mismas pruebas son un consuelo, pues en virtud de estos sufrimientos momentáneos dan grandes pasos por el camino de la esperanza hasta alcanzar la felicidad del cielo.

Lo mismo hacen el martillo y la lima con el oro, quitándole la escoria para que brille más. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en la tribulación. Por esto dice también Santiago: Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas.

Con razón deben alegrarse quienes sufren por sus malas obras una pena temporal, y, en cambio, obtienen por sus obras buenas los premios sempiternos del cielo:

Todo ello significa que no deben deprimir tu espíritu los sufrimientos que padeces y las correcciones con que te aflige la disciplina celestial; no murmures ni te lamentes, no te consumas en la tristeza o la pusilanimidad. Que resplandezca en tu rostro la serenidad, en tu mente la alegría, en tu boca la acción de gracias.

Alabanza merece la dispensación divina, que aflige temporalmente a los suyos para librarlos del castigo eterno, que derriba para exaltar, corta para curar y deprime para elevar.

Robustece tu espíritu con éstos y otros testimonios de la Escritura y, tras la tristeza, espera con alegría el gozo que vendrá .

Que la esperanza te levante ese gozo, que la caridad encienda tu fervor. As¡ tu mente, bien saciada, será capaz de olvidar los sufrimientos exteriores y progresar en la posesión de los bienes que contempla en su interior.

R. Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte por la riqueza. * Su dicha será consolidada por el Señor.
V. Pudo desviarse y no se desvió, hacer el mal y no lo hizo.

Oración

Concédenos, Dios todopoderoso, seguir las exhortaciones y los ejemplos del santo obispo Pedro Damián, para que, sin anteponer nada al amor de Cristo nos esforcemos en servir siempre a tu Iglesia y así merezcamos gozar un día de la felicidad de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, ti Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.