OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Juan I, papa y mártir.
V. En tu resurrección, oh Cristo. Aleluya. R. El cielo y la tierra se alegran. Aleluya.
Himno
¿Cuándo, Señor, te llevarás cautiva
la historia de pecado que el mundo concibió?;
¿cuándo, Señor, serán cielos y tierra
el cielo de tu amor?
¿Cuándo, también, emprenderá su vuelo
la débil esperanza de nuestro corazón?;
¿cuándo, Señor, florecerá en el barro
tu sangre y tu pasión?
¿Cuándo, Señor, los gritos de los hombres
serán clamor eterno de júbilo y de paz?;
¿cuándo, Señor, las penas y tristezas
tu gloria alumbrarán?
Y ¿cuándo, finalmente, Padre amado,
seremos en el Hijo tus hijos de adopción?;
¿cuándo, Señor, será ya todo en todos
tu Espíritu de amor? Amén.
Salmodia
Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37
Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
Dios mío, sálvame,
que me llega el agua al cuello:
me estoy hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la hondura del agua,
me arrastra la corriente.
Estoy agotado de gritar,
tengo ronca la garganta;
se me nublan los ojos
de tanto aguardar a mi Dios.
Más que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es que voy a devolver
lo que no he robado?
Dios mío, tú conoces mi ignorancia,
no se te ocultan mis delitos.
Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.
Que por mi causa no se avergüencen
los que te buscan, Dios de Israel.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas conque te afrentan caen sobre mí.
Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;
cuando me visto de saco, se ríen de mí;
sentados a la puerta murmuran,
mientras beben vino me cantan burlas.
Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37
Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude:
arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,
por tu gran compasión vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en peligro, respóndeme en seguida.
Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos:
estás viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me acosan.
La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Aleluya.
Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37
Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias;
le agradará a Dios más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.
Miradlo los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas.
El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella.
Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Juan de Ávila, presbítero
Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda nuestra tribulación, de manera que podamos nosotros consolar a los que en toda angustia están; y esto por la consolación, con la cual Dios nos consuela. Porque, así como las tribulaciones de Cristo abundan en nosotros, así por Cristo es abundante nuestra consolación.
Palabras son éstas del apóstol san Pablo. Tres veces fue azotado con varas, y cinco con azotes, y una vez apedreado hasta que fue dejado por muerto, y perseguido de todo linaje de hombres, y atormentado con todo género de trabajos y penas, y esto no pocas veces; mas como él en otra parte dice: Nosotros siempre somos traídos a la muerte por amor de Jesucristo, porque la vida de Jesucristo sea manifiesta en nosotros.
Y, con todas estas tribulaciones, no sólo no murmura ni se queja de Dios, como los flacos suelen hacer; no se entristece, como los amadores de su honra o regalo; no importuna a Dios que se las quite, como los que no le conocen, y por eso no las quieren por compañeras; no las tiene por pequeña merced, como los que las desean poco, mas, toda la ignorancia y flaqueza dejada atrás, bendice en ellas y da gracias por ellas al Dador de ellas, como por una señalada merced, teniéndose por dichoso de padecer algo por la honra de aquel que sufrió tantas deshonras por sacarnos de la deshonra en que estábamos sirviendo a la vileza de los pecados, y nos hermoseó y honró con su espíritu y adopción de hijos de Dios, y nos dio arras y prenda de gozar en el cielo de él y por él.
¡Oh hermanos míos, muy mucho amados! Dios quiere abrir vuestros ojos para considerar cuántas mercedes nos hace en lo que el mundo piensa que son disfavores, y cuán honrados somos en ser deshonrados por buscar la honra de Dios, y cuán alta honra nos está guardada por el abatimiento presente, y cuán blandos, amorosos y dulces brazos nos tiene Dios abiertos para recibir a los heridos en la guerra por él; que, sin duda, exceden sin comparación en placer a toda hiel que los trabajos aquí puedan dar. Y, si algún seso hay en nosotros, mucho deseo tenemos de estos abrazos; porque, ¿quién no desea al que todo es amable y deseable, sino quien no sabe qué cosa es desear?
Pues tened por cierto que si aquellas fiestas os agradan y las deseáis ver y gozar, que no hay otro más seguro camino que el padecer. Esta es la senda por donde fue Cristo y todos los suyos, que él llama estrecha; empero lleva a la vida; y nos dejó esta enseñanza, que si quisiéramos ir donde está él, que fuésemos por el camino por donde fue él; porque no es razón que, yendo el Hijo de Dios por camino de deshonras, vayan los hijos de los hombres por camino de honras, pues que no es mejor el discípulo que el Maestro, ni el esclavo que el Señor.
Ni plega a Dios que nuestra ánima en otra parte descanse, ni otra vida en este mundo escoja, sino trabajar en la cruz del Señor. Aunque no sé si digo bien en llamar trabajos a los de la cruz, porque a mí me parece que son descansos en cama florida y llena de rosas.
R. Aún viviendo, estamos continuamente entregados a la muerte por Jesús, * para que también la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal. (T. P. Aleluya.)
V. Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día.
Oración
Señor Dios nuestro, remunerador de los que creen en ti, escucha las plegarias que tu pueblo te dirige en este día del martirio del papa Juan primero, y haz que sepamos imitar la invicta firmeza de la fe de quien coronó su servicio apostólico mediante el testimonio de su martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
