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Orar

Lunes, 21 de mayo de 2029

María, Madre de la Iglesia

Tiempo Ordinario · Blanco · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

del Común de la S. V. M.:

V. Hijo mío, haz caso a mis palabras. R. Presta oído a mis consejos.

Himno

Lucero de la mañana,

norte que muestra el camino,

cuando turba de continuo

nuestro mar la tramontana.

Quien tanta grandeza explica

sin alas puede volar,

porque no podrá alabar

a la que es más santa y rica.

Sois pastora de tal suerte,

que aseguráis los rebaños

de mortandades y daños,

dando al lobo cruda muerte.

Dais vida a quien se os aplica,

y en los cielos y en la tierra

libráis las almas de guerra,

como poderosa y rica.

Si vuestro ejemplo tomasen

las pastoras y pastores,

yo fío que de dolores

para siempre se librasen.

Tanto Dios se os comunica,

que sin fin os alabamos,

y más cuando os contemplamos

en el mundo la más rica. Amén.

Salmodia

Vendrá el Señor y no callará.

Salmo 49

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)

El Dios de los dioses, el Señor, habla:

convoca la tierra de oriente a occidente.

Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:

viene nuestro Dios, y no callará.

Lo precede fuego voraz,

lo rodea tempestad violenta.

Desde lo alto convoca cielo y tierra,

para juzgar a su pueblo:

«Congregadme a mis fieles,

que sellaron mi pacto con un sacrificio.»

Proclame el cielo su justicia;

Dios en persona va a juzgar.

Vendrá el Señor y no callará.

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Salmo 49

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;

Israel, voy a dar testimonio contra ti;

—yo, el Señor, tu Dios—

No te reprocho tus sacrificios,

pues siempre están tus holocaustos ante mí.

Pero no aceptaré un becerro de tu casa,

ni un cabrito de tus rebaños;

pues las fieras de la selva son mías,

y hay miles de bestias en mis montes;

conozco todos los pájaros del cielo,

tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría;

pues el orbe y cuanto lo llena es mío.

¿Comeré yo carne de toros,

beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,

cumple tus votos al Altísimo

e invócame el día del peligro:

yo te libraré, y tú me darás gloria.»

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

Salmo 49

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)

Dios dice al pecador:

«¿Por qué recitas mis preceptos

y tienes siempre en la boca mi alianza,

tú que detestas mi enseñanza

y te echas a la espalda mis mandatos?

Cuando ves un ladrón, corres con él;

te mezclas con los adúlteros;

sueltas tu lengua para el mal,

tu boca urde el engaño;

te sientas a hablar contra tu hermano,

deshonras al hijo de tu madre;

esto haces, ¿y me voy a callar?

¿Crees que soy como tú?

Te acusaré, te lo echaré en cara.»

Atención los que olvidáis a Dios,

no sea que os destroce sin remedio.

El que me ofrece acción de gracias,

ése me honra;

al que sigue buen camino

le haré ver la salvación de Dios.

Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

PRIMERA LECTURA (Año I)

De la primera carta a los Corintios · 11, 2-16

Hermanos: Os felicito porque en todo os acordáis de mí y porque retenéis las tradiciones tal como os las he trasmitido. Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo varón es Cristo; que la cabeza de la mujer es el varón; y que la cabeza de Cristo es Dios. Todo varón que reza o habla, por inspiración divina, con la cabeza velada deshonra su cabeza. Y toda mujer que reza o habla, por inspiración divina, con la cabeza descubierta deshonra su cabeza; porque está lo mismo que la mujer rapada. Si la mujer no quiere cubrirse, que se rape. Y, si es afrentoso para una mujer el raparse, que se cubra.

El varón no debe cubrirse la cabeza, siendo como es imagen y gloria de Dios. Pero la mujer es gloria del varón. Y así es. Porque no procede el varón de la mujer, sino que la mujer procede del varón. Y no fue creado el varón por la mujer, sino la mujer por el varón. Por esta razón, la mujer debe llevar un signo de la autoridad del marido sobre su cabeza por razón de los ángeles.

Pero, en el nuevo orden de cosas en Cristo, ni la mujer sin el varón ni el varón sin la mujer. Porque así como la mujer procede del varón, así también el varón tiene su existencia por la mujer; y todo viene de Dios. Juzgadlo vosotros mismos: ¿Es decoroso que una mujer esté orando a Dios con la cabeza descubierta?

¿Y no os enseña el mismo sentido natural que es una degradación para el varón dejar crecer la cabellera, mientras que es una gracia para la mujer tener los cabellos largos? Y así es. Porque como un velo ha dado Dios el cabello largo a la mujer. Si, a pesar de todo, alguno cree que puede seguir discutiendo, sepa que nosotros no tenemos tal costumbre, ni la tienen las Iglesias de Dios.

SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo

Queridísimos hermanos, cada vez que celebramos las fiestas de los mártires, debemos pensar que militamos bajo el mismo Rey bajo el que también ellos merecieron luchar y vencer.

Debemos pensar que hemos sido salvados por el mismo bautismo por el que ellos también fueron salvados, que gozamos y somos fortalecidos con los mismos sacramentos que ellos merecieron recibir, que llevamos en la frente el sello del Emperador que ellos también llevaron felizmente.

Por ello, cada vez que celebramos el aniversario de los santos mártires, los bienaventurados mártires deben reconocer en nosotros algo de sus virtudes, para que les agrade suplicar para nosotros la misericordia de Dios. En efecto, todos aman lo que les es semejante. Por tanto, si lo semejante se une a lo semejante, lo desemejante se aleja mucho. Nuestro particular bienaventurado,

cuya festividad deseamos celebrar con gozo, fue sobrio, ¿cómo se le podrá unir el que se da a la bebida? ¿Qué unión puede tener el humilde con el soberbio, el generoso con el envidioso, el espléndido con el avaro, el pacífico con el iracundo?

El bienaventurado mártir fue, sin duda, casto: ¿cómo podrá unirse al adúltero? Queridísimos hermanos, si los gloriosos mártires repartieron lo suyo con los pobres, ¿cómo podrán ser amigos de los que roban lo ajeno? Los santos mártires se afanaban en amar a los enemigos, ¿cómo tendrán parte con los que, a veces, ni siquiera se esfuerzan en el amor recíproco entre amigos?

Queridísimos hermanos, no nos contraríe imitar, en la medida de nuestras fuerzas, a los santos mártires para que, por sus méritos y oraciones, merezcamos ser absueltos de todos los pecados.

Alguno dirá: ¿quién puede imitar a los santos mártires? Con la ayuda de Dios podemos y debemos imitarlos en muchas cosas, si no en todo.

¿No puedes soportar el fuego? Puedes evitar la lujuria. ¿No puedes soportar la pezuña desgarradora? Rechaza la avaricia que conduce a negocios perversos y a ganancias malvadas. Si te vence lo fácil, ¿cómo no te destrozará lo difícil? La paz tiene también sus mártires: pues, en buena medida, participa del martirio el que vence a la ira, el que rehúye la envidia como si fuera un veneno viperino, el que rechaza la soberbia, el que expulsa del corazón el odio, el que refrena los deseos superfluos de la gula, el que no se entrega a la embriaguez.

Cada vez que y en cualquier lugar que trabajes por una causa justa, si das testimonio de ella, serás mártir. Puesto que Cristo es la justicia y la verdad, en cualquier lugar donde trabajes por la justicia o por la verdad o por la castidad, si las defiendes con todas tus fuerzas, recibirás la recompensa de los mártires.

Y como la palabra mártir significa testigo, quien da testimonio en favor de la verdad será indudablemente mártir de Cristo, que es la verdad.

R. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. * Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
V. En la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Oración

Dios eterno y omnipotente, que inspiraste en el presbítero san Cristóbal y sus compañeros la fidelidad al Reino de Cristo hasta el martirio; por su intercesión, concédenos que, perseverantes en la confesión de la verdadera fe, permanezcamos siempre fieles a los mandatos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.