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Orar

Sábado, 9 de junio de 2029

Inmaculado Corazón de María

Tiempo Ordinario · Blanco · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Venid a ver las obras del Señor. R. Las maravillas que hace en la tierra.

Himno

Señor, tú que llamaste

del fondo del no ser todos los seres,

prodigios del cincel de tu palabra,

imágenes de ti resplandecientes;

Señor, tú que creaste

la bella nave azul en que navegan

los hijos de los hombres, entre espacios

repletos de misterio y luz de estrellas;

Señor, tú que nos diste

la inmensa dignidad de ser tus hijos,

no dejes que el pecado y que la muerte

destruyan en el hombre el ser divino.

Señor, tú que salvaste

al hombre de caer en el vacío,

recréanos de nuevo en tu Palabra

y llámanos de nuevo al paraíso.

Oh Padre, tú que enviaste

al mundo de los hombres a tu Hijo,

no dejes que se apague en nuestras almas

la luz esplendorosa de tu Espíritu. Amén.

Salmodia

Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Salmo 130

Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. (Mt 11, 29)

Señor, mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad;

sino que acallo y modero mis deseos,

como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor

ahora y por siempre.

Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.

Salmo 131

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre. (Lc 1, 32)

Señor, tenle en cuenta a David

todos sus afanes:

cómo juró al Señor

e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,

no subiré al lecho de mi descanso,

no daré sueño a mis ojos,

ni reposo a mis párpados,

hasta que encuentre un lugar para el Señor,

una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,

la encontramos en el Soto de Jaar:

entremos en su morada,

postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,

ven con el arca de tu poder:

que tus sacerdotes se vistan de gala,

que tus fieles te aclamen.

Por amor a tu siervo David,

no niegues audiencia a tu Ungido.

Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.

El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»

Salmo 131

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre. (Lc 1, 32)

El Señor ha jurado a David

una promesa que no retractará:

«A uno de tu linaje

pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza

y los mandatos que les enseño,

también sus hijos, por siempre,

se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,

ha deseado vivir en ella:

«Ésta es mi mansión por siempre,

aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,

a sus pobres los saciaré de pan;

vestiré a sus sacerdotes de gala,

y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,

enciendo una lámpara para mi Ungido.

A sus enemigos los vestiré de ignominia,

sobre él brillará mi diadema.»

El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»

PRIMERA LECTURA (Año I)

De la carta del apóstol Santiago · 5, 12-20

Sobre todo, hermanos, no juréis ni por el cielo ni por la tierra, ni con ningún otro juramento. Vuestro <<sí>> sea <<sí>>, y vuestro <<no>> sea <<no>>, para no incurrir en condenación.

¿Sufre alguno de vosotros? Que rece. ¿Está uno de buen humor? Que cante. ¿Hay alguno enfermo? Llame a los responsables de la comunidad, que recen por él y lo unjan con aceite, invocando al Señor. La oración hecha con fe dará la salud al enfermo y el Señor hará que se levante; si, además, tiene pecados, se le perdonarán. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y rogad unos por otros, para alcanzar vuestra curación, pues la oración ferviente del justo tiene gran eficacia.

Elías, que era un hombre de la misma condición que nosotros, oró fervorosamente para que no lloviese; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses; y oró de nuevo, y el cielo envió la lluvia y la tierra produjo sus frutos.

Hermanos, si alguno de entre vosotros se desvía de la verdad y otro logra convertirlo, sepa que quien convierte a un pecador de su camino equivocado salvará su alma de la muerte y cubrirá la multitud de sus pecados.

SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Efrén, diácono

Señor, con la meridiana luz de tu sabiduría disipa las tinieblas nocturnas de nuestra mente, para que, iluminada, te sirva en la renovación de nuestra vida purificada. La salida del sol señala el comienzo de las obras de los mortales; prepara tú en nuestros corazones una mansión para aquel día que no tiene ocaso. Concédenos que en nuestra persona lleguemos a ver la vida resucitada y que nada aparte nuestras mentes de tus delicias. Imprime en nuestros corazones, por nuestra asidua búsqueda de ti, el sello de ese día sin fin que no comienza con el movimiento y el curso del sol.

A diario te abrazamos en tus sacramentos y te recibimos en nuestro cuerpo. Haznos dignos de sentir en nuestra persona la resurrección que esperamos. Con la gracia del bautismo hemos escondido tu tesoro en nuestros corazones; este mismo tesoro se acrecienta en la mesa de tus sacramentos; concédenos el gozo de tu gracia. Poseemos, Señor, en nuestra propia persona, tu memorial, tomado en la mesa espiritual; haz que lleguemos a poseerlo en toda su realidad en la renovación futura.

Que seamos capaces de comprender la belleza de nuestra condición mediante esa belleza espiritual que crea tu voluntad inmortal en las mismas criaturas mortales.

La crucifixión fue, Señor, el término de tu vida corporal; concédenos que nuestra mente quede también crucificada figuradamente en nuestra vida espiritual. Que tu resurrección, oh Jesús, preste su grandeza a nuestro hombre espiritual; que la contemplación de tus misterios nos sirva de espejo para conocerla.

Tus designios divinos, oh Salvador nuestro, son figura del mundo espiritual; concédenos la gracia de correr en él como corresponde al hombre espiritual.

No prives a nuestra mente de tu manifestación espiritual, ni apartes de nuestros miembros el calor de tu suavidad. La mortalidad latente en nuestro cuerpo nos lleva a la corrupción; que la difusión de tu amor espiritual repare sus efectos en nuestro corazón.

Concédenos, Señor, llegar cuanto antes a nuestra ciudad y, al igual que Moisés desde la cumbre del monte, poseerla ya por tu revelación.

R. Con todo su corazón amó a su Creador, entonándole himnos cada día; * trajo instrumentos musicales para servicio del altar y, con su acompañamiento, dio dulzura a los cantos. Aleluya.
V. Para alabar el nombre santo del Señor, haciendo resonar desde la aurora el santuario.

Oración

Señor, tú que, con la luz del Espíritu Santo, inspiraste himnos admirables a san Efrén, diácono, para cantar los santos misterios y, con la fuerza de este mismo espíritu, lo llevaste a entregar su vida a tu servicio, llénanos también a nosotros con la luz del Espíritu Santo, para que nuestra alma proclame tu grandeza y nuestro espíritu se alegre, cantándote a ti, nuestro Salvador. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.