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Orar

Miércoles, 13 de junio de 2029

San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

Tiempo Ordinario · Blanco · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Mi alma espera en el Señor. R. Espera en su palabra.

Himno

Pues busco, debo encontrar;

pues llamo, débenme abrir;

pues pido, me deben dar;

pues amo, débeme amar

aquel que me hizo vivir.

¿Calla? Un día me hablará.

¿Pasa? No lejos irá.

¿Me pone a prueba? Soy fiel.

¿Pasa? No lejos irá:

pues tiene alas mi alma, y va

volando detrás de él.

Es poderoso, mas no

podrá mi amor esquivar;

invisible se volvió,

mas ojos de lince yo

tengo y le habré de mirar.

Alma, sigue hasta el final

en pos del Bien de los bienes,

y consuélate en tu mal

pensando con fe total:

¿Le buscas? ¡Es que lo tienes! Amén.

Salmodia

También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Salmo 38

La creación fue sometida a la frustración…, pero con la esperanza de verse liberada. (Rm 8, 20)

Yo me dije: vigilaré mi proceder,

para que no se me vaya la lengua;

pondré una mordaza a mi boca

mientras el impío esté presente.

Guardé silencio resignado,

no hablé con ligereza;

pero mi herida empeoró,

y el corazón me ardía por dentro;

pensándolo me requemaba,

hasta que solté la lengua.

Señor, dame a conocer mi fin

y cuál es la medida de mis años,

para que comprenda lo caduco que soy.

Me concediste un palmo de vida,

mis días son nada ante ti;

el hombre no dura más que un soplo,

el hombre pasa como pura sombra,

por un soplo se afana,

atesora sin saber para quién.

También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Salmo 38

La creación fue sometida a la frustración…, pero con la esperanza de verse liberada. (Rm 8, 20)

Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?

Tú eres mi confianza.

Líbrame de mis iniquidades,

no me hagas la burla de los necios.

Enmudezco, no abro la boca,

porque eres tú quien lo ha hecho.

Aparta de mí tus golpes,

que el ímpetu de tu mano me acaba.

Escarmientas al hombre

castigando su culpa;

como una polilla roes sus tesoros;

el hombre no es más que un soplo.

Escucha, Señor, mi oración,

haz caso de mis gritos,

no seas sordo a mi llanto;

porque yo soy huésped tuyo,

forastero como todos mis padres.

Aplaca tu ira, dame respiro,

antes de que pase y no exista.

Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

Salmo 51

El que se gloría, que se gloríe en el Señor. (1Co 1, 31)

¿Por qué te glorías de la maldad

y te envalentonas contra el piadoso?

Estás todo el día maquinando injusticias

tu lengua es navaja afilada,

autor de fraudes;

prefieres el mal al bien,

la mentira a la honradez;

prefieres las palabras corrosivas,

lengua embustera.

Pues Dios te destruirá para siempre,

te abatirá y te barrerá de tu tienda;

arrancará tus raíces

del suelo vital.

Lo verán los justos, y temerán,

y se reirán de él:

«Mirad al valiente

que no puso en Dios su apoyo,

confió en sus muchas riquezas,

se insolentó en sus crímenes.»

Pero yo, como verde olivo,

en la casa de Dios,

confío en su misericordia

por siempre jamás.

Te daré siempre gracias

porque has actuado;

proclamaré delante de tus fieles:

«Tu nombre es bueno.»

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro de Josué · 3, 1-17; 4, 14-19; 5, 10-12

Cierto día, Josué, al levantarse por la mañana, ordenó levantar el campamento. Él y todos los israelitas partieron de Sittim y llegaron hasta el Jordán. Pernoctaron ahí tres días, al cabo de los cuales, los escribas pasaron por medio del campamento y dieron al pueblo esta orden:

«Cuando veáis el arca de la alianza del Señor vuestro Dios y a los sacerdotes levitas que la llevan, partiréis del sitio donde estáis e iréis tras ella, para que sepáis qué camino habéis de seguir, pues no habéis pasado nunca hasta ahora por este camino. Pero que haya entre vosotros y el arca una distancia de unos dos mil codos: no os acerquéis.»

Josué dijo al pueblo:

«Purificaos para mañana, porque mañana el Señor va a obrar maravillas en medio de vosotros.»

Y dijo Josué a los sacerdotes:

«Tomad el arca de la alianza y pasad al frente del pueblo.»

Ellos tomaron el arca de la alianza y fueron delante del pueblo.

El Señor dijo a Josué:

«Hoy mismo voy a empezar a engrandecerte a los ojos de todo Israel, para que sepan que, lo mismo que estuve con Moisés, estoy contigo. Tú darás esta orden a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza: “En cuanto lleguéis a la orilla del agua del Jordán, os pararéis en el Jordán.”»

Josué dijo a los israelitas:

«Acercaos y escuchad las palabras del Señor vuestro Dios.»

Y dijo Josué:

«En esto conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que arrojará ciertamente de delante de vosotros al cananeo, al hitita, al jiveo, al fereceo, al guirgaseo, al amorreo y al yebuseo. He aquí que el arca de la alianza del Señor de toda la tierra va a pasar el Jordán delante de vosotros. En cuanto las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de la alianza del Señor de toda la tierra pisen las aguas del Jordán, las aguas del Jordán que vienen de arriba quedarán cortadas y se pararán formando un solo bloque.»

Efectivamente, cuando el pueblo partió de sus tiendas para pasar el Jordán y los sacerdotes llevaron el arca de la alianza a la cabeza del pueblo, en cuanto los que llevaban el arca llegaron al Jordán y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca tocaron la orilla de las aguas (y el Jordán baja crecido hasta los bordes todo el tiempo de la siega), las aguas que bajaban de arriba se detuvieron y formaron un solo bloque en una gran extensión —desde Adam hasta la fortaleza de Sartán—, mientras que las que bajaban hacia el mar de la Arabá, o mar de la Sal, desaparecieron por completo, y el pueblo lo pasó frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza del Señor se estuvieron a pie firme, en seco, en medio del Jordán, mientras que todo Israel pasaba en seco, hasta que acabó de pasar el Jordán todo el pueblo. Aquel día el Señor engrandeció a Josué delante de todo Israel, y le miraron a él como habían mirado a Moisés durante toda su vida.

El Señor dijo a Josué:

«Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio que salgan del Jordán.»

Josué mandó a los sacerdotes:

«Salid del Jordán.»

Cuando los sacerdotes portadores del arca de la alianza del Señor salieron del Jordán, apenas las plantas de sus pies tocaron la orilla, las aguas del Jordán siguieron por su cauce y empezaron a correr como antes, por todas sus riberas.

El pueblo salió del Jordán el día diez del mes primero, y acamparon en Guilgal, al oriente de Jericó, y celebraron allí la Pascua en la tarde del día catorce del mes, en los llanos de Jericó. El día mismo de la fiesta comieron panes ázimos y espigas tostadas, pero al día siguiente de la Pascua comieron ya de los frutos del país.

Y el maná cesó desde entonces, desde que empezaron a comer los productos del país. Los israelitas no volvieron a tener maná, y se alimentaron ya aquel año de los productos de la tierra de Canaán.

SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Antonio de Padua, presbítero (I, 226)

El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y, por esto, el Señor maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto sino hojas tan sólo. «La norma del predicador —dice san Gregorio— es poner por obra lo que predica.» En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.

Pero los apóstoles hablaban según el Espíritu les sugería. ¡Dichoso el que habla según le sugiere el Espíritu Santo y no según su propio sentir! Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndoselas a sí mismos. De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas —oráculo del Señor— que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos —oráculo del Señor—, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes y jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso, son inútiles a mi pueblo —oráculo del Señor—.

Hablemos, pues, según nos sugiera el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.

R. El justo florecerá como un lirio * y se alegrará eternamente ante el Señor.
V. En medio de su pueblo se gloría.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que diste a tu pueblo un predicador insigne del Evangelio en san Antonio de Padua, y un intercesor eficaz que lo asistiera en sus dificultades, concédenos, por su intercesión, que seamos fieles a las enseñanzas del Evangelio y que contemos con tu ayuda en todas las adversidades. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.