OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Paulino de Nola, obispo.
Del común de mártires: para varios mártires.
V. El Señor nos instruirá en sus caminos. R. Y marcharemos por sus sendas.
Himno
Delante de tus ojos
ya no enrojecemos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de los pueblos
nos guardas como un resto,
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor, que es justo,
revoca sus decretos:
la salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.
Salmodia
Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37
Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
Dios mío, sálvame,
que me llega el agua al cuello:
me estoy hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la hondura del agua,
me arrastra la corriente.
Estoy agotado de gritar,
tengo ronca la garganta;
se me nublan los ojos
de tanto aguardar a mi Dios.
Más que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es que voy a devolver
lo que no he robado?
Dios mío, tú conoces mi ignorancia,
no se te ocultan mis delitos.
Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.
Que por mi causa no se avergüencen
los que te buscan, Dios de Israel.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas conque te afrentan caen sobre mí.
Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;
cuando me visto de saco, se ríen de mí;
sentados a la puerta murmuran,
mientras beben vino me cantan burlas.
Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37
Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude:
arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,
por tu gran compasión vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en peligro, respóndeme en seguida.
Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos:
estás viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me acosan.
La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37
Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias;
le agradará a Dios más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.
Miradlo los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas.
El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella.
Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
PRIMERA LECTURA (Año I)
Del libro de los Jueces · 8, 22-23. 30-32; 9, 1-15. 19-20
En aquellos días, los hombres de Israel dijeron a Gedeón:
«Reina sobre nosotros tú, tu hijo y tu nieto, pues nos has salvado de la mano de Madián.»
Pero Gedeón les respondió:
«No seré yo quien reine sobre vosotros, ni mi hijo: el Señor será vuestro rey.»
Gedeón tuvo setenta hijos, nacidos de él, pues tenía muchas mujeres. Y la concubina que tenía en Siquem le dio a luz también un hijo, a quien puso por nombre Abimelec. Murió Gedeón, hijo de Joás, después de una dichosa vejez y fue enterrado en la tumba de su padre, Joás, en Ofrá de Abiezer.
Abimelec, hijo de Yerubbaal, marchó a Siquem, donde estaban los hermanos de su madre, y les dijo a ellos y a todo el clan de su madre:
«Decid esto, por favor, a oídos de todos los jefes de Siquem: “¿Qué es mejor para vosotros, que os estén mandando setenta hombres, todos los hijos de Yerubbaal, o que os mande uno solo? Recordad, además, que yo soy de vuestros huesos y de vuestra carne.”»
Los hermanos de su madre hablaron de él en los mismos términos a todos los vecinos de Siquem, y su corazón se inclinó hacia Abimelec, porque decían:
«Es nuestro hermano.»
Le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal Berit, con los que Abimelec contrató a hombres miserables y vagabundos, que marcharon con él. Fue entonces a casa de su padre, en Ofrá, y mató a sus hermanos, los hijos de Yerubbaal, setenta hombres, sobre una misma piedra. Sólo escapó Yotán, el hijo menor de Yerubbaal, porque se escondió. Luego se reunieron todos los vecinos de Siquem y todo Bet-Miló y proclamaron rey a Abimelec, junto al terebinto de la estela que hay en Siquem.
Se lo anunciaron a Yotán, quien se colocó en la cumbre del monte Garizim, alzó la voz y clamó:
«Escuchadme, vecinos de Siquem, y que Dios os escuche a vosotros. Un día los árboles se pusieron en camino para buscarse un rey a quien ungir. Y dijeron al olivo:
“Sé tú nuestro rey.”
El olivo les respondió:
“¿Voy a renunciar al aceite con el que; gracias a mí, son honrados los dioses y los hombres, para ir a balancearme por encima de los árboles?”
Entonces los árboles dijeron a la higuera:
“Ven tú a reinar sobre nosotros.”
La higuera les respondió:
“¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?”
Dijeron luego los árboles a la vid:
“Ven tú a reinar sobre nosotros.”
La vid les respondió:
“¿Voy a renunciar a mi vino, el que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a bambolearme por encima de los árboles?”
Finalmente, todos los árboles dijeron a la zarza:
“Ven tú a reinar sobre nosotros.”
La zarza respondió a los árboles:
“Si venís“ con sinceridad a ungirme a mí para reinar sobre vosotros, llegad y cobijaos a mi sombra. Y, si así no fuese, brote de la zarza fuego que devore a los cedros del Líbano.”,
Si, pues, habéis obrado vosotros con sinceridad y lealtad con Yerubbaal y con su casa el día de hoy, que Abimelec sea vuestra alegría y vosotros la suya. Pero, si no ha sido así, que salga fuego de Abimelec y devore a los vecinos de Siquem y de Bet-Miló, y que salga fuego de los vecinos de Siquem y de Bet-Miló y devore a Abimelec.»
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Paulino de Nola, obispo
Esta es la verdadera caridad, éste el amor perfecto, el que has demostrado tener para con nuestra pequeñez, señor verdaderamente santo y con razón bienaventurado y amable. En efecto, hemos recibido de manos de Juliano, uno de los de aquí, que volvía de Cartago, una carta tuya que nos revela tu santidad, tan elevada, que nos hace reconocer, más que conocer, tu caridad. Caridad que dimana de aquel que nos predestinó para sí desde el principio del mundo, en el cual fuimos hechos antes de nacer, ya que él nos hizo y somos suyos, y él hizo también lo que tiene que existir en el futuro. Formados, pues, por su presciencia y por su acción, fuimos unidos, antes de conocernos, por los lazos de la caridad, en un mismo sentir y en la unidad de la fe o en la fe de la unidad, de modo que, antes de vernos corporalmente, nos conocemos ya por una especie de revelación interna.
Por eso, nos congratulamos y nos gloriamos en el Señor, porque él, siendo el mismo y único, infunde su amor en los suyos por toda la tierra, por obra del Espíritu Santo, que ha derramado sobre todos los hombres, alegrando con el correr de las acequias su ciudad, sobre cuyos habitantes te ha puesto con toda justicia en la Sede apostólica, como jefe espiritual con los príncipes de su pueblo, como también a mí, que ha querido que tuviera parte en tu mismo ministerio, levantándome de mi bajeza y del polvo en que estaba. Pero nos congratulamos más aún por el don que nos ha hecho el Señor de habitar en tu corazón y de habernos él introducido en tus entrañas, de manera que podemos gloriarnos con seguridad de tu amor, que nos has demostrado con tus servicios y obsequios, obligándonos con ello a corresponderte con un amor semejante.
Para que nada ignores acerca de mí, has de saber que yo fui por mucho tiempo un pecador y que, si en otro tiempo fui sacado de las tinieblas y de la sombra de la muerte para respirar el hálito de vida y si puse la mano en el arado y tomé en mis manos la cruz del Señor, necesito, para perseverar hasta el fin, la ayuda de tus oraciones. Será un mérito más que añadir a los muchos que ya posees, si me ayudas a llevar mi carga. Porque el santo que ayuda al fatigado —y hablo así porque no me atrevo a llamarte hermano— será ensalzado como una gran ciudad.
En señal de unión, enviamos a tu santidad un pan, el cual es también signo de la unión indestructible de la santísima Trinidad. Tú lo convertirás en pan bendito si te dignas comerlo.
R. Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte por la riqueza. * Su dicha será consolidada por el Señor.
V. Pudo desviarse y no se desvió, hacer el mal y no lo hizo.
Oración
Señor, tú que nos has dado, en el obispo san Paulino de Nola un luminoso ejemplo de celo pastoral y de amor a la pobreza, concédenos a quienes celebramos hoy sus méritos imitar sus ejemplos de caridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. SANTOS JUAN FISHER, obispo, y TOMÁS MORO, mártires
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
