OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santos Sixto II, papa, y compañeros, mártires.
V. Enséñame, Señor, a gustar y a comprender. R. Porque me fío de tus mandatos.
Himno
¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra!
Penetra como fuego
y divide la entraña.
¡Nada como tu voz,
es terrible tu espada!
¡Nada como tu aliento,
es dulce tu palabra!
Tenemos que vivir
encendida la lámpara,
que para virgen necia
no es posible la entrada.
No basta con gritar
sólo palabras vanas,
ni tocar a la puerta
cuando ya está cerrada.
Espada de dos filos
que me cercena el alma,
que hiere a sangre y fuego
esta carne mimada,
que mata los ardores
para encender la gracia.
Vivir de tus incendios,
luchar por tus batallas,
rumor de tus sandalias.
¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra! Amén.
Salmodia
Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Salmo 36
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. (Mt 5, 4)
No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se agostarán.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará brillar tu justicia como el amanecer;
tu derecho, como el mediodía.
Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el hombre que triunfa
empleando la intriga:
cohíbe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio: ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz abundante.
Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
Salmo 36
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. (Mt 5, 4)
El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.
Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.
Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo sostiene el Señor.
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se saciarán;
pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.
El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano.
Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da prestado;
bendita será su descendencia.
Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás.
Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
Confía en el Señor y sigue su camino.
Salmo 36
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. (Mt 5, 4)
La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan.
El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el juicio.
Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la tierra,
y verás la expulsión de los malvados.
Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo encontré.
Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados quedará truncado.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva,
porque se acogen a él.
Confía en el Señor y sigue su camino.
PRIMERA LECTURA (Año I)
Del primer libro de los Reyes · 22, 1-9. 15-23. 29. 34-38
En aquellos días, transcurrieron tres años sin guerra entre Aram e Israel. Al tercer año bajó Josafat, rey de Judá, hacia Ajab, rey de Israel, y el rey de Israel dijo a sus servidores:
«Vosotros sabéis que Ramot de Galaad nos pertenece y no hacemos nada por rescatarla de manos del rey de Aram.»
Dijo a Josafat:
«¿Quieres venir conmigo para atacar a Ramot de Galaad?»
Josafat respondió al rey de Israel:
«Tú y yo, tu pueblo y mi pueblo, tus caballos y mis caballos son una misma cosa.»
Pero añadió Josafat al rey de Israel:
«Consulta antes, por favor, la palabra del Señor.»
El rey de Israel reunió a los profetas, cuatrocientos hombres, y les dijo:
«¿Debo atacar a Ramot de Galaad, o debo desistir?» Le respondieron:
«Sube, porque el Señor la entregará en tus manos.» Pero Josafat dijo:
«¿No hay aquí algún otro profeta del Señor a quien podamos consultar?»
Dijo el rey de Israel a Josafat:
«Queda todavía un hombre por quien podríamos consultar al Señor, pero yo lo aborrezco, porque no me profetiza el bien, sino el mal. Es Miqueas, hijo de Yimlá.» Replicó Josafat:
«No hable el rey así.»
Entonces el rey de Israel llamó a un eunuco y le dijo: «Trae en seguida a Miqueas, hijo de Yimlá.» Llegó Miqueas: y el rey le dijo: «Miqueas, ¿debemos subir a Ramot de Galaad para atacarla o debemos desistir?»
Le respondió:
«Sube, tendrás éxito, el Señor la entregará en manos del rey.»
Pero el rey dijo
«¿Cuántas veces he de conjurarte a que no me digas más que la verdad en nombre del Señor?»
Entonces él dijo:
«He visto todo Israel disperso por las montañas como ovejas sin pastor. El Señor ha dicho: “No tienen señor; que vuelvan en paz cada cual a su casa.”»
El rey de Israel dijo a Josafat:
«¿No te dije que nunca me anuncia el bien, sino el mal?»
Miqueas continuó:
«Escucha la palabra del Señor: He visto al Señor sentado en un trono y todo el ejército de los cielos estaba a su lado, a derecha e izquierda. Preguntó el Señor:
“¿Quién engañará a Ajab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?” Y el uno decía una cosa y el otro otra. Se adelantó un espíritu, se puso ante el Señor y dijo: “Yo lo engañaré.” El Señor le preguntó: “¿De qué modo?” Aquél respondió: “Iré y me haré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas.” El Señor dijo: “Tú conseguirás engañarle. Vete y hazlo así.” Ahora, pues, el Señor ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos estos profetas tuyos, pues el Señor ha predicho el mal contra ti.»
El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron contra Ramot de Galaad. Y acaeció que un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las placas de la coraza. El rey dijo a su auriga:
«Da la vuelta y sácame de la batalla, porque me siento mal.»
Arreció aquel día la batalla y el rey fue sostenido en pie en su carro frente a los arameos, y a la tarde murió; la sangre de la herida corría por el fondo del carro. A la caída del sol se corrió un grito por el campamento:
«Cada uno a su ciudad, cada uno a su tierra. El rey ha muerto.»
Llegaron a Samaría y allí sepultaron al rey Ajab. Lavaron el carro con agua abundante junto a la alberca de Samaria, y los perros lamían la sangre y las prostitutas se bañaron en ella, según la palabra que el-Señor había dicho.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Cipriano, obispo y mártir
El motivo de que no os escribiera en seguida, hermano muy amado, es el hecho de que todos los clérigos, debido al estado de persecución en que nos hallamos, no podían en modo alguno salir de aquí, dispuestos como estaban, por el fervor de su ánimo, a la consecución de la gloria celestial y divina. Sabed que ya han vuelto los que había enviado a Roma con el fin de que se enteraran bien del contenido del rescripto que pesa sobre nosotros, ya que sólo teníamos acerca de él rumores y noticias inciertas.
La verdad es la siguiente: Valeriano ha enviado un rescripto al Senado, según el cual los obispos, presbíteros y diáconos deben ser ejecutados sin dilación; a los senadores y personas distinguidas, así como a los caballeros romanos, se les despojará de su dignidad y de sus bienes, y, si a pesar de ello, perseveran en su condición de cristianos, serán decapitados; a las matronas se les confiscarán sus bienes y se las desterrará; los cesarianos todos que hayan profesado antes o profesen actualmente la fe cristiana serán desposeídos de sus bienes y enviados, en calidad de prisioneros, a las posesiones del Estado, levantándose acta de ello.
El emperador Valeriano ha añadido también a su decreto una copia de la carta enviada a los gobernadores de las provincias, y que hace referencia a nosotros; estamos esperando que llegue de un día a otro esta carta, manteniéndonos firmes en la fe y dispuestos al martirio, en expectación de la corona de vida eterna que confiamos alcanzar con la bondad y la ayuda del Señor. Sabed que Sixto, y con él cuatro diáconos, fueron ejecutados en el cementerio el día seis de agosto. Los prefectos de Roma no cejan ni un día en esta persecución, y todos los que son presentados a su tribunal son ejecutados y sus bienes entregados al fisco.
Os pido que comuniquéis estas noticias a los demás colegas nuestros, para que en todas partes las comunidades cristianas puedan ser fortalecidas por su exhortación y preparadas para la lucha espiritual, a fin de que todos y cada uno de los nuestros piensen más en la inmortalidad que en la muerte y se ofrezcan al Señor con fe plena y fortaleza de ánimo, con más alegría que temor por el martirio que se avecina, sabiendo que los soldados de Dios y de Cristo no son destruidos, sino coronados.
Te deseo en el Señor, hermano muy amado, que disfrutes siempre de buena salud.
R. Estamos continuamente entregados a la muerte por Jesús, * para que también la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal.
V. Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.
Oración
Dios todopoderoso, que concediste al papa san Sixto y a sus compañeros, mártires, la valentía de entregar sus vidas por proclamar tu palabra y por dar testimonio de Jesús, infunde también en nosotros la fuerza del Espíritu Santo, para que seamos siempre dóciles en aceptar la fe y valerosos para proclamarla ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
