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Orar

Viernes, 16 de noviembre de 2029

Santa Margarita de Escocia

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Margarita de Escocia.

V. Hijo mío, haz caso de mi sabiduría. R. Presta oído a mi inteligencia.

Himno

¡Qué hermosos son los pies

del que anuncia la paz a sus hermanos!

¡Y qué hermosas las manos

maduras en el surco y en la mies!

Grita lleno de gozo,

pregonero, que traes noticias buenas:

se rompen las cadenas,

y el sol de Cristo brilla esplendoroso.

Grita sin miedo, grita,

y denuncia a mi pueblo sus pecados;

vivimos engañados,

pues la belleza humana se marchita.

Toda yerba es fugaz,

la flor del campo pierde sus colores;

levanta sin temores,

pregonero, tu voz dulce y tenaz.

Si dejas los pedazos

de tu alma enamorada en el sendero,

¡qué dulces, mensajero,

qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.

Salmodia

Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.

Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24

Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)

Dios mío, escucha mi oración,

no te cierres a mi súplica;

hazme caso y respóndeme,

me agitan mis ansiedades.

Me turba la voz del enemigo,

los gritos del malvado:

descargan sobre mí calamidades

y me atacan con furia.

Se estremece mi corazón,

me sobrecoge un pavor mortal,

me asalta el temor y el terror,

me cubre el espanto,

y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma

para volar y posarme!

Emigraría lejos,

habitaría en el desierto,

me pondría en seguida a salvo de la tormenta,

del huracán que devora, Señor;

del torrente de sus lenguas.»

Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.

El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.

Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24

Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)

Violencia y discordia veo en la ciudad:

día y noche hacen la ronda

sobre las murallas;

en su recinto, crimen e injusticia;

dentro de ella, calamidades;

no se apartan de su plaza

la crueldad y el engaño.

Si mi enemigo me injuriase,

lo aguantaría;

si mi adversario se alzase contra mí,

me escondería de él;

pero eres tú, mi compañero,

mi amigo y confidente,

a quien me unía una dulce intimidad:

juntos íbamos entre el bullicio

por la casa de Dios.

El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.

Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.

Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24

Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)

Pero yo invoco a Dios,

y el Señor me salva:

por la tarde, en la mañana, al mediodía,

me quejo gimiendo.

Dios escucha mi voz:

su paz rescata mi alma

de la guerra que me hacen,

porque son muchos contra mí.

Dios me escucha, los humilla

el que reina desde siempre,

porque no quieren enmendarse

ni temen a Dios.

Levantan la mano contra su aliado,

violando los pactos;

su boca es más blanda que la manteca,

pero desean la guerra;

sus palabras son más suaves que el aceite,

pero son puñales.

Encomienda a Dios tus afanes,

que él te sustentará;

no permitirá jamás

que el justo caiga.

Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos

a la fosa profunda.

Los traidores y sanguinarios

no cumplirán ni la mitad de sus años.

Pero yo confío en ti.

Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del profeta Ezequiel · 13, 1-16

En aquellos días, el Señor me dirigió la palabra y me dijo:

«Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel, profetiza diciéndoles: Escuchad la palabra del Señor. Esto dice el Señor:

¡Ay de los profetas necios que se inventan profecías, cosas que nunca vieron, siguiendo su inspiración! (Como raposas entre ruinas son tus profetas, Israel.) No acudieron a la brecha ni levantaron cerca en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Visionarios falsos, adivinos de embustes, que decían: “Oráculo del Señor”, cuando el Señor no los enviaba, esperando que cumpliera su palabra. Vosotros habéis visto visiones vanas y habéis pronunciado oráculos falsos, diciendo: “Oráculo del Señor”, cuando el Señor no hablaba.

Por tanto, esto dice el Señor: Por haber dicho mentiras y haber visto engaños, por eso, aquí estoy contra vosotros —oráculo del Señor—. Extenderé mi mano contra los profetas y visionarios falsos y adivinos de embustes; no tomarán parte en la asamblea de mi pueblo, ni serán inscritos en el censo de la casa de Israel, ni entrarán en la tierra de Israel; y sabréis que yo soy el Señor. Sí, porque habéis extraviado a mi pueblo, anunciando paz, cuando no había paz, y, mientras ellos construían la tapia, vosotros la ibais enluciendo.

Diles a los enlucidores: Vendrá una lluvia torrencial, caerá pedrisco, se desencadenará un vendaval. Cuando la pared se derrumbe, os dirán: “¿Qué fue del enlucido que echasteis?” Por tanto, esto dice el Señor: Con furia desencadenaré un vendaval, una lluvia torrencial mandaré con ira, y pedrisco, en el colmo de mi furia. Derribaré la pared que enlucisteis, la tiraré al suelo, quedarán al desnudo sus cimientos; se desplomará y pereceréis debajo, y sabréis que yo soy el Señor.

Cuando agote mi cólera en el muro y en los que lo enlucieron, os dirán: “¿Qué fue del muro y de los que lo enlucieron: de los profetas de Israel que profetizaban para Jerusalén, que tenían para ella visiones de paz, cuando no había paz?” —oráculo del Señor—.»

SEGUNDA LECTURA

De la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo

El hombre y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne, con la íntima unión de personas y de obras se ofrecen mutuamente ayuda y servicio, experimentando así y logrando más plenamente cada día el sentido de su propia unidad.

Esta íntima unión, por ser una donación mutua de dos personas, y el mismo bien de los hijos exigen la plena fidelidad de los esposos y urgen su indisoluble unidad.

El auténtico amor conyugal es asumido por el amor divino y se rige y enriquece por la obra redentora de Cristo y por la acción salvífica de la Iglesia, para que los esposos sean eficazmente conducidos hacia Dios y se vean ayudados y confortados en su sublime papel de padre y madre.

Por eso, los esposos cristianos son robustecidos y como consagrados para los deberes y dignidad de su estado, gracias a este sacramento particular; en virtud del cual, cumpliendo su deber conyugal y familiar, imbuidos por el espíritu de Cristo, con el que toda su vida queda impregnada de fe, esperanza y caridad, se van acercando cada vez más hacia su propia perfección y mutua santificación, y así contribuyen conjuntamente a la glorificación de Dios.

De ahí que, cuando los padres preceden con su ejemplo y oración familiar, los hijos, e incluso cuantos conviven en la misma familia, encuentran más fácilmente el camino de la bondad, de la salvación y de la santidad. Los esposos, adornados de la dignidad y del deber de la paternidad y maternidad, habrán de cumplir entonces con diligencia su deber de educadores, sobre todo en el campo religioso, deber que les incumbe a ellos principalmente.

Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen a su manera a la santificación de sus padres, pues, con el sentimiento de su gratitud, con su amor filial y con su confianza, corresponderán a los beneficios recibidos de sus padres y, como buenos hijos, los asistirán en las adversidades y en la soledad de la vejez.

El estado de viudez, cuando se acepta con ánimo valiente como una continuidad del amor conyugal, será honrado por todos. La familia comunicará generosamente con otras familias sus riquezas espirituales. Por consiguiente, la familia cristiana, al brotar del matrimonio, que es imagen y participación de la unión amorosa entre Cristo y la Iglesia, manifestará a todos la viva presencia del Salvador en el mundo, la auténtica naturaleza de la Iglesia, ya sea con el amor de los esposos, con su generosa fecundidad, con su unidad y fidelidad, ya sea también con la amable cooperación de todos los miembros de la familia.

R. La mujer que teme al Señor merece alabanza. * Está vestida de fuerza y dignidad.
V. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.

Oración

Señor, Dios nuestro, que hiciste resplandecer en santa Margarita de Escocia una admirable caridad hacia los pobres, concédenos que, movidos por su ejemplo y apoyados por su intercesión, logremos también nosotros ser un reflejo de tu bondad para nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.