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Orar

Viernes, 23 de noviembre de 2029

San Clemente I, papa y mártir

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Clemente I, papa y mártir.

V. Hijo mío, conserva mis palabras. R. Conserva mis mandatos y vivirás.

Himno

Delante de tus ojos

ya no enrojecemos

a causa del antiguo

pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo

el corazón soberbio

y harás un pueblo humilde

de corazón sincero.

En medio de los pueblos

nos guardas como un resto,

para cantar tus obras

y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva

para los cielos nuevos;

sacerdotal estirpe,

según tu Primogénito.

Caerán los opresores

y exultarán los siervos;

los hijos del oprobio

serán tus herederos.

Señalarás entonces

el día del regreso

para los que comían

su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!

¡Alégrese mi pueblo!

Porque el Señor, que es justo,

revoca sus decretos:

la salvación se anuncia

donde acechó el infierno,

porque el Señor habita

en medio de su pueblo. Amén.

Salmodia

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Pelea, Señor, contra los que me atacan,

guerrea contra los que me hacen guerra;

empuña el escudo y la adarga,

levántate y ven en mi auxilio;

di a mi alma:

«Yo soy tu victoria.»

Y yo me alegraré con el Señor,

gozando de su victoria;

todo mi ser proclamará:

«Señor, ¿quién como tú,

que defiendes al débil del poderoso,

al pobre y humilde del explotador?»

Se presentaban testigos violentos:

me acusaban de cosas que ni sabía,

me pagaban mal por bien,

dejándome desamparado.

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,

me vestía de saco,

me mortificaba con ayunos

y desde dentro repetía mi oración.

Como por un amigo o por un hermano,

andaba triste,

cabizbajo y sombrío,

como quien llora a su madre.

Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,

se juntaron contra mí

y me golpearon por sorpresa;

me laceraban sin cesar,

cruelmente se burlaban de mí,

rechinando los dientes de odio.

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?

Defiende mi vida de los que rugen,

mi único bien, de los leones,

y te daré gracias en la gran asamblea,

te alabaré entre la multitud del pueblo.

Que no canten victoria mis enemigos traidores,

que no se hagan guiños a mi costa

los que me odian sin razón.

Señor, tú lo has visto, no te calles;

Señor, no te quedes a distancia;

despierta, levántate, Dios mío;

Señor mío, defiende mi causa.

Júzgame tú según tu justicia.

Que canten y se alegren

los que desean mi victoria;

que repitan siempre: «Grande es el Señor»,

los que desean la paz a tu siervo.

Mi lengua anunciará tu justicia,

todos los días te alabaré.

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del profeta Ezequiel · 28, 1-19

En aquellos días, el Señor me dirigió la palabra y me dijo:

«Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor: Se hinchó tu corazón y dijiste: “Soy Dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar”, tú que eres hombre y no dios; te creías listo como los dioses. ¡Si eres más sabio que Daniel!, ningún enigma se te resiste. Con tu talento, con tu habilidad, te hiciste una fortuna; acumulaste oro y plata en tus tesoros. Con agudo talento de mercader, ibas acrecentando tu fortuna, y tu fortuna te llenó de presunción.

Por eso, así dice el Señor: Por haberte creído sabio como los dioses, por eso, traigo contra ti bárbaros pueblos feroces; desenvainarán la espada contra tu, belleza y tu sabiduría, profanando tu esplendor. Te hundirán en la fosa, morirás con muerte ignominiosa en el corazón del mar. Tú que eres hombre y no dios, ¿osarás decir: “Soy Dios”, delante de tus asesinos, en poder de los que te apuñalen? Morirás con muerte de incircunciso, a manos de bárbaros. Yo lo he dicho —oráculo del Señor—.»

Me vino esta palabra del Señor:

«Hijo de hombre, entona una elegía al rey de Tiro. Así dice el Señor: Eras cuño de perfección, colmo de la sabiduría, de acabada belleza; tabas en un jardín de dioses, revestido de piedras preciosas: cornalina, topacio y aguamarina, crisolito, malaquita y jaspe, zafiro, rubí y esmeralda; de oro afiligranado tus zarcillos y dijes, preparados el día de tu creación.

Te puse junto a un querubín protector de alas extendidas. Estabas en la montaña sagrada de los dioses, entre piedras de fuego te paseabas. Era irreprensible tu conducta desde el día de tu creación hasta que se descubrió tu culpa. A fuerza de hacer tratos, te ibas llenando de atropellos, y pecabas. Te desterré entonces de la montaña de los dioses y te expulsó el querube protector de entre las piedras de fuego. Te llenó de presunción tu belleza y tu esplendor te trastornó el sentido; te arrojé por tierra, te hice espectáculo para los reyes.

Con tus muchas culpas, con tus sucios negocios, profanaste tu santuario; hice brotar de tus entrañas fuego que te devoró; te convertí en ceniza sobre el suelo, a la vista de todos. Tus conocidos de todos los pueblos se espantaron de ti; ¡siniestro desenlace!, para siempre dejaste de existir.»

SEGUNDA LECTURA

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios

¡Qué grandes y maravillosos son, amados hermanos, los dones de Dios! La vida en la inmortalidad, el esplendor en la justicia, la verdad en la libertad, la fe en la confianza, la templanza en la santidad; y todos estos dones son los que están ya desde ahora al alcance de nuestro conocimiento. ¿Y cuáles serán, pues, los bienes que están preparados para los que lo aman? Solamente los conoce el Artífice supremo, el Padre de los siglos; sólo él sabe su número y su belleza.

Nosotros, pues, si deseamos alcanzar estos dones, procuremos, con todo ahínco, ser contados entre aquellos que esperan su llegada. ¿Y cómo podremos lograrlo, amados hermanos? Uniendo a Dios nuestra alma con toda nuestra fe, buscando siempre, con diligencia, lo que es grato y acepto a sus ojos, realizando lo que está de acuerdo con su santa voluntad, siguiendo la senda de la verdad y rechazando de nuestra vida toda injusticia, maldad, avaricia, rivalidad, malicia y fraude.

Éste es, amados hermanos, el camino por el que llegamos a la salvación, Jesucristo, el sumo sacerdote de nuestras oblaciones, sostén y ayuda de nuestra debilidad. Por él, podemos elevar nuestra mirada hasta lo alto de los cielos; por él, vemos como en un espejo el rostro inmaculado y excelso de Dios; por él, se abrieron los ojos de nuestro corazón; por él, nuestra mente, insensata y entenebrecida, se abre al resplandor de la luz; por él, quiso el Señor que gustásemos el conocimiento inmortal, ya que él es el reflejo de la gloria de Dios, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Militemos, pues, hermanos, con todas nuestras fuerzas, bajo sus órdenes irreprochables.

Ni los grandes podrían hacer nada sin los pequeños, ni los pequeños sin los grandes; la efectividad depende precisamente de la conjunción de todos. Tomemos como ejemplo a nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies no es nada, como tampoco los pies sin la cabeza; los miembros más ínfimos de nuestro cuerpo son necesarios y útiles a la totalidad del cuerpo; más aún, todos ellos se coordinan entre sí para el bien de todo el cuerpo.

Procuremos, pues, conservar la integridad de este cuerpo que formamos en Cristo Jesús, y que cada uno se ponga al servicio de su prójimo según la gracia que le ha sido asignada por donación de Dios.

El fuerte sea protector del débil, el débil respete al fuerte; el rico dé al pobre, el pobre dé gracias a Dios por haberle deparado quien remedie su necesidad. El sabio manifieste su sabiduría no con palabras, sino con buenas obras; el humilde no dé testimonio de sí mismo, sino deje que sean los demás quienes lo hagan.

Por esto, debemos dar gracias a aquel de quien nos vienen todos estos bienes, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

R. Éste es el hombre prudente que edificó su casa sobre roca, y no encontraron engaño en su boca; * Dios se lo eligió para que fuera sacerdote.
V. Éste es el gran sacerdote que durante su vida agradó al Señor y fue hallado justo.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, cuya gloria resplandece en la fortaleza de tus santos, concédenos celebrar con alegría la festividad del papa san Clemente, ministro de la Iglesia y mártir de tu Hijo, el cual, con su martirio dio testimonio de lo que en el culto celebraba y, con su ejemplo, confirmó lo que sus labios exponían. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.