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Martes, 18 de diciembre de 2029

18 de diciembre

Adviento · Morado

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Como hoy el Salmo 66 se dijo en el Invitatorio, aquí se dice en su lugar el Salmo 94.

Himno

La pena que la tierra soportaba

a causa del pecado, se ha trocado

en canto que brota jubiloso

en labios de María pronunciado.

El sí de las promesas ha llegado,

la alianza se cumple, poderosa,

el Verbo eterno de los cielos

con nuestra débil carne se desposa.

Misterio que sólo la fe alcanza,

María es nuevo templo de la gloria,

rocío matinal, nube que pasa,

luz nueva en presencia misteriosa.

A Dios sea la gloria eternamente,

al Hijo suyo amado Jesucristo,

que quiso nacer para nosotros

y darnos su Espíritu divino. Amén.

Que viene Cristo repiten

con su clamor los profetas

previniendo que la gracia

de la redención se acerca.

Se anuncia nuestro mañana,

los corazones se alegran,

anunciadores de gloria

miles de voces resuenan.

Fue el primer advenimiento

no de castigo ni de pena,

sino por curar heridas

salvando a quien pereciera.

Mas que ha de venir de nuevo,

su venida nos alerta,

a coronar a los justos

y a darles la recompensa.

Luz perenne se nos brinda,

la salvación centellea,

y un resplandor nos convoca

a las mansiones etéreas.

Oh Cristo, anhelamos verte

cual Dios en visión perpetua,

porque este gozo será

bienaventuranza eterna. Amén.

Salmodia

Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.

Salmo 84

Dios bendijo a nuestra tierra cuando le envió el Salvador. (Orígenes)

Señor, has sido bueno con tu tierra,

has restaurado la suerte de Jacob,

has perdonado la culpa de tu pueblo,

has sepultado todos sus pecados,

has reprimido tu cólera,

has frenado el incendio de tu ira.

Restáuranos, Dios salvador nuestro;

cesa en tu rencor contra nosotros.

¿Vas a estar siempre enojado,

o a prolongar tu ira de edad en edad?

¿No vas a devolvernos la vida,

para que tu pueblo se alegre contigo?

Muéstranos, Señor, tu misericordia

y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:

«Dios anuncia la paz

a su pueblo y a sus amigos

y a los que se convierten de corazón.»

La salvación está ya cerca de sus fieles,

y la gloria habitará en nuestra tierra;

la misericordia y la fidelidad se encuentran,

la justicia y la paz se besan;

la fidelidad brota de la tierra,

y la justicia mira desde el cielo;

el Señor dará la lluvia,

y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante él,

la salvación seguirá sus pasos.

Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.

Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya.

Cántico · Is 26, 1-4. 7-9. 12

La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras. (Ap 21, 14)

Tenemos una ciudad fuerte,

ha puesto para salvarla murallas y baluartes:

Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,

que observa la lealtad;

su ánimo está firme y mantiene la paz,

porque confía en ti.

Confiad siempre en el Señor,

porque el Señor es la Roca perpetua:

La senda del justo es recta.

Tú allanas el sendero del justo;

en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,

ansiando tu nombre y tu recuerdo.

Mi alma te ansía de noche,

mi espíritu en mi interior madruga por ti,

porque tus juicios son luz de la tierra,

y aprenden justicia los habitantes del orbe.

Señor, tú nos darás la paz,

porque todas nuestras empresas

nos las realizas tú.

Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya.

Conozca la tierra, Señor, tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Salmo 94

INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Animaos unos a otros, día tras día,

mientras perdura el «hoy». (Hb 3, 13)

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

† entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses,

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes.

Suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto:

cuando vuestros padres me pusieron a prueba,

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

“Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso”.»

Si para el Invitatorio se escoge el salmo 99, el 66 o el 23, y el salmo escogido formara ya parte de la salmodia del día, se diría entonces en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.

Conozca la tierra, Señor, tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

LECTURA BREVE

Rm 13, 11b-12

Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

No dejéis de velar: pronto llegará el Señor, nuestro Dios.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

No dejéis de velar: pronto llegará el Señor, nuestro Dios.

Preces

Roguemos, hermanos, al Señor Jesús, juez de vivos y muertos, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, tú que viniste a salvar a los pecadores, — líbranos de caer en la tentación.

Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo, — muestra en nosotros tu poder salvador.

Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu ley, — para que podamos esperar tu venida sin temor.

Tú que eres bendito por los siglos, — concédenos, por tu misericordia, que llevando ya desde ahora una vida sobria y religiosa esperemos con gozo tu gloriosa aparición.

Oración

Concédenos, Señor, que la renovación del misterio de la Navidad de tu Hijo, a la cual nos preparamos, nos libre del antiguo yugo del pecado por el cual estamos oprimidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.