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Orar

Miércoles, 2 de enero de 2030

San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia

Tiempo de Navidad · Blanco

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Los salmos y el cántico se toman de la feria correspondiente.

Himno

Ver a Dios en la criatura,

ver a Dios hecho mortal,

ver en humano portal

la celestial hermosura.

¡Gran merced y gran ventura

a quien verlo mereció!

¡Quién lo viera y fuera yo!

Ver llorar a la alegría,

ver tan pobre a la riqueza,

ver tan baja a la grandeza

y ver que Dios lo quería.

¡Gran merced fue en aquel día

la que el hombre recibió!

¡Quién lo viera y fuera yo!

Poner paz en tanta guerra,

calor donde hay tanto frío,

ser de todos lo que es mío,

plantar un cielo en la tierra.

¡Qué misión de escalofrío

la que Dios nos confió!

¡Quién lo hiciera y fuera yo! Amén.

Salmodia

Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Salmo 35

El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Jn 8, 12)

El malvado escucha en su interior

un oráculo del pecado:

«No tengo miedo a Dios,

ni en su presencia.»

Porque se hace la ilusión de que su culpa

no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,

renuncia a ser sensato y a obrar bien;

acostado medita el crimen,

se obstina en el mal camino,

no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo,

tu fidelidad hasta las nubes,

tu justicia hasta las altas cordilleras;

tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales;

¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!;

los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,

les das a beber del torrente de tus delicias,

porque en ti está la fuente viva

y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,

tu justicia con los rectos de corazón;

que no me pisotee el pie del soberbio,

que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores;

derribados, no se pueden levantar.

Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

Cántico · Jdt 16, 2-3. 15-19

Cantaban un cántico nuevo. (Ap 5, 9)

¡Alabad a mi Dios con tambores,

elevad cantos al Señor con cítaras,

ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,

ensalzad e invocad su nombre!

Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras,

su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:

Señor, tú eres grande y glorioso,

admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación,

porque tú lo mandaste, y existió;

enviaste tu aliento, y la construiste,

nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes,

las peñas en tu presencia se derretirán como cera,

pero tú serás propicio a tus fieles.

Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

Salmo 46

Está sentado a la derecha del Padre y su reino no tendrá fin.

Pueblos todos, batid palmas,

aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Señor es sublime y terrible,

emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos

y nos sojuzga las naciones,

él nos escogió por heredad suya:

gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;

el Señor, al son de trompetas:

tocad para Dios, tocad,

tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:

tocad con maestría.

Dios reina sobre las naciones,

Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen

con el pueblo del Dios de Abraham;

porque de Dios son los grandes de la tierra,

y él es excelso.

Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

LECTURA BREVE

Is 49, 8-9a

Te he constituido como alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las heredades desoladas, para decir a los cautivos: «Salid», y a los que están en tinieblas: «Venid a la luz.»

R. El Señor revela su salvación. Aleluya, aleluya.
V. El Señor revela su salvación. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Los confines de la tierra la han contemplado.

R. El Señor revela su salvación. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Yacía en un pesebre y resplandecía en el cielo; a nosotros venía y con el Padre permanecía.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Yacía en un pesebre y resplandecía en el cielo; a nosotros venía y con el Padre permanecía.

Preces

Dirijamos nuestras súplicas a Cristo, el hombre celeste, nuevo Adán y espíritu que da vida, y digámosle con fe:

Señor, ten piedad.

Cristo Jesús, sol de justicia que manifestaste tu gloria al hacerte hombre como nosotros para llevar a su plena realización la alianza inaugurada con los padres, — te pedimos que nos concedas la abundancia de tu luz.

Cristo Jesús, que fuiste glorificado por los ángeles, anunciado por los pastores y proclamado por Simeón y Ana, — haz que el pueblo heredero de las promesas reciba tu Evangelio.

Cristo Jesús, en cuyo nacimiento los ángeles anunciaron la gloria en el cielo y la paz en la tierra, — te pedimos que tu paz se extienda por todo el mundo.

Cristo Jesús, nuevo Adán que renovaste al hombre envejecido y nos preparaste una mansión en tu reino, — te pedimos que levantes la esperanza de los que se sienten oprimidos.

Oración

Concede, Señor, una fe inquebrantable a tu pueblo, que confiesa y proclama que tu Hijo único, eterno y glorioso como tú, nació de la Virgen María, tomando un cuerpo humano como el nuestro; haz que, por ese misterio inefable, nos veamos libres de las adversidades de esta vida y merezcamos ir después a disfrutar del gozo que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.