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Orar

Jueves, 3 de enero de 2030

Santísimo Nombre de Jesús

Tiempo de Navidad · Blanco

VÍSPERAS

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santísimo Nombre de Jesús.

Los salmos y el cántico se toman de la feria correspondiente.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

Himno

Te diré mi amor, Rey mío,

en la quietud de la tarde,

cuando se cierran los ojos

y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío,

con una mirada suave,

te lo diré contemplando

tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío,

adorándote en la carne,

te lo diré con mis besos,

quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío,

con los hombres y los ángeles,

con el aliento del cielo

que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío,

con el amor de tu Madre,

con los labios de tu Esposa

y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío,

¡oh Dios del amor más grande!

¡Bendito en la Trinidad,

que has venido a nuestro valle! Amén.

Salmodia

Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Salmo 29

Cristo, después de su gloriosa resurrección, da gracias al Padre. (Casiodoro)

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,

y tú me sanaste.

Señor, sacaste mi vida del abismo,

me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,

dad gracias a su nombre santo;

su cólera dura un instante;

su bondad, de por vida;

al atardecer nos visita el llanto,

por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:

«No vacilaré jamás.»

Tu bondad, Señor, me aseguraba

el honor y la fuerza;

pero escondiste tu rostro,

y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,

supliqué a mi Dios:

«¿Qué ganas con mi muerte,

con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,

o va a proclamar tu lealtad?

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;

Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,

me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;

te cantará mi alma sin callarse.

Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Salmo 31

David proclama dichoso al hombre a quien Dios confiere la justificación haciendo caso omiso de las obras. (Rm 4, 6)

Dichoso el que está absuelto de su culpa,

a quien le han sepultado su pecado;

dichoso el hombre a quien el Señor

no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,

rugiendo todo el día,

porque día y noche tu mano

pesaba sobre mí;

mi savia se me había vuelto

un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,

no te encubrí mi delito;

propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,

y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique

en el momento de la desgracia:

la crecida de las aguas caudalosas

no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,

me rodeas de cantos de liberación.

Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,

fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,

cuyo brío hay que domar con freno y brida;

si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;

al que confía en el Señor,

la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor,

aclamadlo, los de corazón sincero.

Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Cántico · Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón a tus siervos los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron

en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por esto, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA BREVE

1Jn 1, 5b. 7

Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si caminamos en la luz, lo mismo que está él en la luz, entonces vivimos en comunión unos con otros; y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica de todo pecado.

RESPONSORIO BREVE

R. Nos alimentó el Señor con flor de harina.
V. Nos alimentó el Señor con flor de harina.

R. Con flor de harina.
V. Nos sació con miel silvestre.

R. Nos alimentó el Señor con flor de harina.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Alegrémonos en el Señor y exultemos en el Espíritu, porque ha aparecido en el mundo la salvación eterna. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Alegrémonos en el Señor y exultemos en el Espíritu, porque ha aparecido en el mundo la salvación eterna. Aleluya.

Preces

Con el nacimiento de Cristo el pueblo de Dios ha dado su mejor fruto y su más bella flor; digamos, pues, con alegría, aclamando a nuestro Salvador:

Que tu nacimiento, Señor, sea la alegría del mundo.

Cristo, vida nuestra, que has venido al mundo para ser cabeza de la Iglesia, — da crecimiento a tu cuerpo y haz que se construya en el amor.

Tú que has querido ser adorado no sólo como Dios, sino también como hombre, — concédenos tener parte en tu divinidad.

Tú que por la encarnación has sido constituido mediador de los hombres, — haz que los ministros de tu Iglesia, ayudados por tu gracia, vivan íntimamente unidos a ti por la santidad de sus vidas.

Tú que al venir al mundo instauraste un nuevo orden entre los hombres, — haz que todos los pueblos conozcan tu salvación.

Tú que al nacer destruiste el poder de la muerte, — libra a todos los difuntos de todo vínculo de pecado.

Oración

Dios nuestro, que quisiste que en el parto de la santísima Virgen María la carne de tu Hijo no quedara sometida a la antigua sentencia dada al género humano, concédenos, ya que por el nacimiento de Cristo hemos entrado a participar de esta renovación de la creatura, que nos veamos libres del contagio de la antigua condición. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.