OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Jerónimo Emiliani.
V. Hijo mío, haz caso de mi sabiduría. R. Presta oído a mi inteligencia.
Himno
¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la mies!
Grita lleno de gozo,
pregonero, que traes noticias buenas:
se rompen las cadenas,
y el sol de Cristo brilla esplendoroso.
Grita sin miedo, grita,
y denuncia a mi pueblo sus pecados;
vivimos engañados,
pues la belleza humana se marchita.
Toda yerba es fugaz,
la flor del campo pierde sus colores;
levanta sin temores,
pregonero, tu voz dulce y tenaz.
Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.
Salmodia
Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24
Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.
Me turba la voz del enemigo,
los gritos del malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.
Se estremece mi corazón,
me sobrecoge un pavor mortal,
me asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,
y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,
me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»
Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24
Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)
Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la ronda
sobre las murallas;
en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella, calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.
Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario se alzase contra mí,
me escondería de él;
pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me unía una dulce intimidad:
juntos íbamos entre el bullicio
por la casa de Dios.
El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.
Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24
Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)
Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.
Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que me hacen,
porque son muchos contra mí.
Dios me escucha, los humilla
el que reina desde siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.
Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son más suaves que el aceite,
pero son puñales.
Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás
que el justo caiga.
Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo confío en ti.
Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.
PRIMERA LECTURA (Año II)
Del libro del Génesis · 35, 1-29
En aquellos días, Dios dijo a Jacob:
«Anda, sube a Betel, establécete allí y haz un altar il Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.»
Jacob dijo a toda su familia y a toda su gente:
«Retirad los dioses extraños que tengáis, purificaos cambiad de ropa; vamos a subir a Betel, donde haré in altar al Dios que me escuchó en el peligro y me acompañó en mi viaje.»
Ellos entregaron a Jacob los dioses extraños que tenían y los pendientes que llevaban; Jacob los enterró bajo la encina que hay junto a Siquem. Cuando marchaban, cayó el terror de Dios sobre las ciudades de la comarca, de modo que no persiguieron a los hijos de Jacob. Jacob, con toda su gente, llegó a Luz, en tierra de Canaán, que hoy es Betel; construyó allí un altar y llamó al lugar Betel, porque allí se le había revelado el Señor, mientras huía de su hermano. Débora, nodriza de Rebeca, murió y la enterraron junto a Betel, bajo la encina, a la que llamaron «Encina del llanto.»
Dios se apareció de nuevo a Jacob, al volver de Padán Aram, y lo bendijo, y le dijo:
«Tu nombre es Jacob, pero ya no será Jacob: tu nombre será Israel.»
Y lo llamó Israel, Dios añadió:
«Yo soy el Dios Todopoderoso, crece, multiplícate: un pueblo, un grupo de pueblos nacerá de ti, y saldrán reyes de tus entrañas. La tierra que di a Abraham y a Isaac, te la doy a ti, y a tus descendientes les daré la tierra.»
Dios se separó de donde había hablado con él. Jacob erigió una estela de piedra en el lugar donde había hablado con Dios, derramó sobre ella una libación y la ungió con aceite. Y llamó «Betel» al lugar donde había hablado con Dios.
Después se marchó de Betel y, cuando faltaba un buen trecho para llegar a Efrata, Raquel sintió los dolores del parto; y, cuando le apretaban los dolores, la comadrona le dijo:
«No tengas miedo, que tienes un niño.»
Estando para expirar, lo llamó «Hijo de mi pena», y su padre lo llamó Benjamín. Murió Raquel y la enterraron en el camino de Efrata, hoy Belén, y Jacob erigió una estela sobre el sepulcro, que es hoy la estela del sepulcro de Raquel. Israel marchó de allí y acampó al otro lado de Atalaya del Rebaño.
Mientras vivía Israel en aquella tierra, Rubén fue y se acostó con Bala, concubina de su padre; Israel se enteró y se disgustó mucho.
Los hijos de Jacob fueron doce. Hijos de Lía: Rubén, primogénito de Jacob, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. Hijos de Raquel: José y Benjamín. Hijos de Bala, la sierva de Raquel: Dan y Neftalí. Hijos de Zilfa, la sierva de Lía: Gad y Aser. Éstos son los hijos de Jacob nacidos en Padán Aram.
Jacob volvió a casa de Isaac, su padre, a Mambré, en Quiriat Arba, hoy Hebrón, donde habían residido Abraham e Isaac. Isaac vivió ciento ochenta años; expiró, murió y se reunió con los suyos, anciano y colmado de años; y lo enterraron Esaú y Jacob, sus hijos.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Jerónimo Emiliani a sus hermanos de religión
Hermanos dilectísimos en Cristo e hijos de la Sociedad de los Siervos de los pobres:
Os saluda vuestro humilde padre, y os exhorta a que perseveréis en el amor de Cristo y en la fiel observancia de la ley cristiana, tal como os lo demostré de palabra y obra cuando estaba con vosotros, a fin de que el Señor sea glorificado por mi en vosotros.
Nuestro fin es Dios, fuente de todo bien, y, como decimos en nuestra oración, sólo en él debemos confiar, y no en otros. Nuestro Señor, que es benigno, queriendo aumentar vuestra fe (sin la cual, como dice el Evangelio, Cristo no pudo hacer muchos milagros) y escuchar vuestra oración, determinó que vivierais pobres, enfermos, afligidos, cansados y abandonados de todos, y que os vieseis incluso privados de mi presencia corporal, aunque no de la presencia espiritual de este vuestro pobre padre, que tanto os ama.
Sólo Dios sabe por qué obra así con vosotros; pero podemos sospechar tres razones:
La primera, que nuestro Señor os quiere contar entre sus hijos queridos, con tal que perseveréis en sus caminos; esto es lo que suele hacer con sus amigos para santificarlos.
La otra razón es que pretende haceros confiar exclusivamente en él. Dios, como os he dicho, no realiza sus obras en aquellos que se resisten a depositar en él totalmente su fe y su esperanza; en cambio, infunde la plenitud de su caridad en aquellos que están llenos de fe y esperanza, y realiza grandes obras en ellos. Por eso, si tenéis auténtica fe y esperanza, hará con vosotros grandes cosas, él, que exalta a los humildes. Al hacer que me haya alejado de vosotros, y al alejar también a cualquier otro que goce de vuestro favor, Dios os da a elegir entre dos cosas: apartaros de la fe, volviendo a las cosas del mundo, o permanecer fuertes en la fe y obtener así su aprobación.
He aquí pues, la tercera razón: Dios quiere probaros como al oro en el crisol. El fuego va consumiendo la ganga del oro, pero el oro bueno permanece y aumenta su valor: De igual modo se comporta Dios con su siervo bueno que espera y persevera en la tribulación. El Señor lo levanta y le devuelve, ya en este mundo, el ciento por uno de todo lo que dejó por amor suyo, y después le da la vida eterna.
Así es como se comporta Dios con todos sus santos. Así hizo con el pueblo de Israel después de que pasó tantas tribulaciones en Egipto: lo condujo por el desierto entre prodigios, lo alimentó con el maná y sobre todo le dio la tierra prometida. Si vosotros perseveráis constantes en la fe en medio de las tentaciones, Dios os dará paz y descanso temporal en este mundo, y sosiego imperecedero en el otro.
R. Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad; * porque vuestra vocación mira a esto: a heredar una bendición.
V. En cuanto a caridad fraterna, amaos entrañablemente unos a otros; en cuanto a la mutua estima, tened por más dignos a los demás; nada de pereza en vuestro celo, sirviendo con fervor de espíritu al Señor.
Oración
Dios, Padre bondadoso, que hiciste a san Jerónimo protector y padre de huérfanos, concédenos, por su intercesión y méritos, conservar con fidelidad el espíritu de adopción por el que nos llamamos y somos hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
