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Orar

Lunes, 11 de febrero de 2030

Nuestra Señora de Lourdes

Tiempo Ordinario · Blanco · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Enséñame a cumplir tu voluntad. R. Y a guardarla de todo corazón.

Himno

Dios de la tierra y del cielo,

que, por dejarlas más claras,

las grandes aguas separas,

pones un límite al cielo.

Tú que das cauce al riachuelo

y alzas la nube a la altura,

tú que, en cristal de frescura,

sueltas las aguas del río

sobre las tierras de estío,

sanando su quemadura,

danos tu gracia, piadoso,

para que el viejo pecado

no lleve al hombre engañado

a sucumbir a su acoso.

Hazlo en la fe luminoso,

alegre en la austeridad,

y hágalo tu claridad

salir de sus vanidades;

dale, Verdad de verdades,

el amor a tu verdad. Amén.

Salmodia

Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Salmo 6

Ahora mi alma está agitada… Padre, líbrame de esta hora. (Jn 12, 27)

Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera.

Misericordia, Señor, que desfallezco;

cura, Señor, mis huesos dislocados.

Tengo el alma en delirio,

y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

Vuélvete, Señor, liberta mi alma,

sálvame por tu misericordia.

Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,

y en el abismo, ¿quién te alabará?

Estoy agotado de gemir:

de noche lloro sobre el lecho,

riego mi cama con lágrimas.

Mis ojos se consumen irritados,

envejecen por tantas contradicciones.

Apartaos de mí los malvados,

porque el Señor ha escuchado mis sollozos;

el Señor ha escuchado mi súplica,

el Señor ha aceptado mi oración.

Que la vergüenza abrume a mis enemigos,

que avergonzados huyan al momento.

Sálvame, Señor, por tu misericordia.

El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.

Salmo 9 A

De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

proclamando todas tus maravillas;

me alegro y exulto contigo

y toco en honor de tu nombre, ¡oh Altísimo!

Porque mis enemigos retrocedieron,

cayeron y perecieron ante tu rostro.

Defendiste mi causa y mi derecho

sentado en tu trono como juez justo.

Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío

y borraste para siempre su apellido.

El enemigo acabó en ruina perpetua,

arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.

Dios está sentado por siempre

en el trono que ha colocado para juzgar.

Él juzgará el orbe con justicia

y regirá las naciones con rectitud.

Él será refugio del oprimido,

su refugio en los momentos de peligro.

Confiarán en ti los que conocen tu nombre,

porque no abandonas a los que te buscan.

El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.

Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.

Salmo 9 A

De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos.

Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;

narrad sus hazañas a los pueblos;

él venga la sangre, él recuerda,

y no olvida los gritos de los humildes.

Piedad, Señor;

mira cómo me afligen mis enemigos;

levántame del umbral de la muerte,

para que pueda proclamar tus alabanzas

y gozar de tu salvación en las puertas de Sión.

Los pueblos se han hundido

en la fosa que hicieron,

su pie quedó prendido en la red que escondieron.

El Señor apareció para hacer justicia,

y se enredó el malvado en sus propias acciones.

Vuelvan al abismo los malvados,

los pueblos que olvidan a Dios.

El no olvida jamás al pobre,

ni la esperanza del humilde perecerá.

Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:

sean juzgados los gentiles en tu presencia.

Señor, infúndeles terror,

y aprendan los pueblos que no son más que hombres.

Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro del Génesis · 41, 1-17a. 25-43

Pasaron dos años, y el Faraón tuvo un sueño: Estaba en pie junto al Nilo, cuando vio salir del Nilo siete vacas hermosas y bien cebadas que se pusieron a pastar. Detrás de ellas, salieron del Nilo otras siete vacas flacas y mal alimentadas, y se pusieron junto a las otras a la orilla del Nilo; y las vacas flacas y mal alimentadas se comieron a las siete vacas hermosas y bien cebadas. El Faraón despertó.

Tuvo un segundo sueño: Siete espigas brotaban de un tallo, hermosas y granadas; y siete espigas secas y con tizón brotaban detrás de ellas. Las siete espigas secas devoraban a las siete espigas granadas y llenas. El Faraón despertó; había sido un sueño.

A la mañana siguiente, agitado, mandó llamar a todos los magos de Egipto y a sus sabios, y les contó el sueño; pero ninguno sabía interpretárselo al Faraón. Entonces, el copero mayor dijo al Faraón:

«Tengo que confesar hoy mi pecado. Cuando el Faraón se irritó contra sus siervos, y me metió en la cárcel en casa del mayordomo, a mí y al panadero mayor, él y yo tuvimos un sueño la misma noche; cada sueño con su propio sentido. Había allí con nosotros un joven hebreo, siervo del mayordomo; le contamos el sueño, y él lo interpretó, a cada uno su interpretación. Y tal como él lo interpretó así sucedió: a mí me restablecieron en mi cargo, a él lo colgaron.»

El Faraón mandó llamar a José. Lo sacaron aprisa del calabozo; se afeitó, se cambió el traje y se presentó al Faraón. El Faraón dijo a José:

«He soñado un sueño, y nadie sabe interpretarlo; he oído decir de ti que oyes un sueño y lo interpretas.»

Respondió José al Faraón:

«Sin mérito mío, Dios dará al Faraón respuesta propicia.»

El Faraón contó su sueño a José. José dijo al Faraón:

«Se trata de un único sueño: Dios anuncia al Faraón lo que va a hacer. Las siete vacas gordas son siete años, y las siete espigas hermosas son siete años: es el mismo sueño. Las siete vacas flacas y desnutridas que salían detrás de las primeras son siete años, y las siete espigas vacías y con tizón son siete años de hambre. Es lo que he dicho al Faraón: Dios ha mostrado al Faraón lo que va a hacer: Van a venir siete años de gran abundancia en todo el país de Egipto; detrás vendrán siete años de hambre, que harán olvidar la abundancia en Egipto, pues el hambre acabará con el país. No habrá rastro de abundancia en el país, a causa del hambre que seguirá, pues será terrible. El haber soñado el Faraón dos veces indica que Dios confirma su palabra y que se apresura a cumplirla.

Por tanto, que el Faraón busque un hombre sabio y prudente y lo ponga al frente de Egipto; establezca inspectores que dividan el país en regiones y administren durante los siete años de abundancia. Que reúnan toda clase de alimentos durante los siete años buenos que van a venir, metan trigo en los graneros por orden del Faraón, y los guarden en las ciudades. Los alimentos servirán de provisiones para los siete años de hambre que vendrán después en Egipto, y así no perecerá de hambre el país.»

El Faraón y sus ministros aprobaron la propuesta, y el Faraón dijo a sus ministros:

¿Podemos encontrar un hombre como éste, que posee el espíritu de Dios?»

Y el Faraón dijo a José:

«Ya que Dios te ha enseñado todo esto, nadie es sabio y prudente como tú. Tú estarás al frente de mi casa, y todo el pueblo obedecerá tus órdenes; sólo en el trono te precederé.»

Y añadió:

«Mira, te pongo al frente de todo el país.»

Y el Faraón se quitó el anillo del sello de la mano y se lo puso a José; le vistió traje de lino y le puso un collar de oro al cuello. Le hizo sentarse en la carroza de su lugarteniente, y gritar delante de él: «De rodillas» así lo puso al frente de Egipto.

SEGUNDA LECTURA

De una carta de santa María Bernarda Soubirous, virgen

Cierto día fui a la orilla del río Gave a recoger leña con otras dos niñas. En seguida oí como un ruido. Miré a la pradera; pero los árboles no se movían. Alcé entonces la cabeza hacia la gruta y vi a una mujer vestida de blanco, con un cinturón azul celeste y sobre cada uno de sus pies una rosa amarilla, del mismo color que las cuentas de su rosario.

Creyendo engañarme, me restregué los ojos. Metí la mano en el bolsillo para buscar mi rosario. Quise hacer la señal de la cruz, pero fui incapaz de llevar la mano a la frente. Cuando la Señora hizo la señal de la cruz, lo intenté yo también y, aunque me temblaba la mano, conseguí hacerla. Comencé a rezar el rosario, mientras la Señora iba desgranando sus cuentas, aunque sin despegar los labios. Al acabar el rosario, la visión se desvaneció.

Pregunté entonces a las dos niñas si habían visto algo. Ellas lo negaron y me preguntaron si es que tenía que hacerles algún descubrimiento. Les dije que había visto a una mujer vestida de blanco, pero que no sabía de quién se trataba. Les pedí que no lo contaran. Ellas me recomendaron que no volviese más por allí, a lo que me opuse. El Domingo volví, pues sentía internamente que me impulsaban…

Aquella Señora no me habló hasta la tercera vez, y me preguntó si querría ir durante quince días. Le dije que sí, y ella añadió que debía avisar a los sacerdotes para que edificaran allí una capilla. Luego me ordenó que bebiera de la fuente. Como no veía ninguna fuente, me fui hacia el río Gave, pero ella me indicó que no hablaba de ese río, y señaló con el dedo la fuente. Me acerqué, y no había más que un poco de agua entre el barro. Metí la mano, y apenas podía sacar nada, por lo que comencé a escarbar y al final pude sacar algo de agua; por tres veces la arrojé y a la cuarta pude beber. Después desapareció la visión y yo me marché.

Volví a ir allí durante quince días. La Señora se me apareció como de costumbre, menos un Lunes y un Viernes. Siempre me decía que advirtiera a los sacerdotes que debían edificarle una capilla, me mandaba lavarme en la fuente y rogar por la conversión de los pecadores. Le pregunté varias veces quién era, a lo que me respondía con una leve sonrisa. Por fin, levantando los brazos y los ojos al cielo, me dijo: «Yo soy la Inmaculada Concepción.»

En aquellos días me reveló también tres secretos, prohibiéndome absolutamente que los comunicase a nadie; lo que he cumplido fielmente hasta ahora.

R. Proclama mi alma la grandeza del Señor, * porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
V. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones.

Oración

Ven en ayuda de nuestra debilidad, Dios de misericordia, y haz que, al recordar hoy a la inmaculada Madre de tu Hijo, por su intercesión nos veamos libres de nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.