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Orar

Lunes, 4 de marzo de 2030

San Casimiro

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Casimiro.

V. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor. R. Más que miel en la boca.

Himno

En el principio, tu Palabra.

Antes que el sol ardiera,

antes del mar y las montañas,

antes de las constelaciones,

nos amó tu Palabra.

Desde tu seno, Padre,

era sonrisa su mirada,

era ternura su sonrisa,

era calor de brasa.

En el principio, tu Palabra.

Todo se hizo de nuevo,

todo salió sin mancha,

desde el arrullo del río

hasta el rocío y la escarcha;

nuevo el canto de los pájaros,

porque habló tu Palabra.

Y nos sigues hablando todo el día,

aunque matemos la mañana

y desperdiciemos la tarde,

y asesinemos la alborada.

Como una espada de fuego,

en el principio, tu Palabra.

Llénanos de tu presencia, Padre;

Espíritu, satúranos de tu fragancia;

danos palabras para responderte,

Hijo, eterna Palabra. Amén.

Salmodia

Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.

Salmo 72

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6)

¡Qué bueno es Dios para el justo,

el Señor para los limpios de corazón!

Pero yo por poco doy un mal paso,

casi resbalaron mis pisadas:

porque envidiaba a los perversos,

viendo prosperar a los malvados.

Para ellos no hay sinsabores,

están sanos y engreídos;

no pasan las fatigas humanas

ni sufren como los demás.

Por eso su collar es el orgullo,

y los cubre un vestido de violencia;

de las carnes les rezuma la maldad,

el corazón les rebosa de malas ideas.

Insultan y hablan mal,

y desde lo alto amenazan con la opresión.

Su boca se atreve con el cielo,

y su lengua recorre la tierra.

Por eso mi pueblo se vuelve a ellos

y se bebe sus palabras.

Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber,

se va a enterar el Altísimo?»

Así son los malvados:

siempre seguros, acumulan riquezas.

Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Salmo 72

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6)

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón

y he lavado en la inocencia mis manos?

¿Para qué aguanto yo todo el día

y me corrijo cada mañana?

Si yo dijera: «Voy a hablar como ellos»,

renegaría de la estirpe de tus hijos.

Meditaba yo para entenderlo,

pero me resultaba muy difícil;

hasta que entré en el misterio de Dios,

y comprendí el destino de ellos.

Es verdad: los pones en el resbaladero,

los precipitas en la ruina;

en un momento causan horror,

y acaban consumidos de espanto.

Como un sueño al despertar, Señor,

al despertarte desprecias sus sombras.

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.

Salmo 72

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6)

Cuando mi corazón se agriaba

y me punzaba mi interior,

yo era un necio y un ignorante,

yo era un animal ante ti.

Pero yo siempre estaré contigo,

tú tomas mi mano derecha,

me guías según tus planes,

y me llevas a un destino glorioso.

¿No te tengo a ti en el cielo?;

y contigo, ¿qué me importa la tierra?

Se consumen mi corazón y mi carne

por Dios, mi herencia eterna.

Sí: los que se alejan de ti se pierden;

tú destruyes a los que te son infieles.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios,

hacer del Señor mi refugio,

y proclamar todas tus acciones

en las puertas de Sión.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.

PRIMERA LECTURA (Año II)

De la segunda carta a los Corintios · 8, 1-24

Hermanos: Os queremos dar a conocer la gracia de Dios que se ha manifestado en las Iglesias de Macedonia. Pasaban por una dura prueba de escasez y, sin embargo, su rebosante gozo y su extremada pobreza culminaron en la riqueza de su liberalidad. Porque según sus posibilidades (de esto soy testigo), y aun por encima de ellas, nos pedían espontáneamente y con mucha insistencia la gracia de poder participar en este servicio en favor de los fieles (de Jerusalén).

Y fueron más allá de lo que esperábamos: ellos mismos se pusieron a disposición primero del Señor y luego de nosotros, porque ésa era la voluntad de Dios. Ante este resultado, rogamos a Tito que, según había comenzado antes, llevase también a feliz término entre vosotros esta obra de caridad.

Por lo tanto, así como sobresalís en toda clase de carismas de fe, de discursos, de ciencia, en toda obra de celo y en la caridad que hemos puesto en vosotros, sobresalid también en esta obra de generosidad. No es una orden que os doy, sino que, movido por el interés de los demás, quiero comprobar lo sincero de vuestra caridad. Bien conocéis el ejemplo de liberalidad de nuestro Señor Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para que os enriquecierais con su pobreza.

Esto no es más que un consejo que os doy; y viene muy bien a vosotros, que desde el año pasado sois los primeros, no sólo en poner manos a la obra en la colecta (ahora interrumpida), sino también en la voluntad de llevarla a cabo. Terminad, pues, ahora, la obra comenzada. Que a vuestra prontitud en la iniciativa corresponda ahora su realización, según vuestras posibilidades.

Cuando la voluntad está pronta es bien recibida con lo que se tenga; no se mira a lo que no se tiene. No se trata de que vosotros paséis escasez para que otros tengan holgura, sino de que haya equidad. En estas circunstancias, que vuestra abundancia remedie la escasez de aquéllos, y que su abundancia alivie vuestra indigencia; y así haya equidad. Dice a este propósito la Escritura: «El que mucho recogió no tuvo de más, y el que poco no anduvo en escasez.»

Gracias doy a Dios porque ha puesto en el corazón de Tito este mismo interés por vosotros. Porque no sólo acogió bien nuestra invitación, sino que, solícito como el que más, por propia iniciativa se dirigió a vuestro lado. Junto con él os enviamos a otro hermano nuestro, que se ha ganado las alabanzas de todas las Iglesias en la difusión del Evangelio. Y no sólo esto, sino que por voto común de las Iglesias (de Macedonia) ha sido designado como compañero de nuestros viajes en esta obra de caridad, obra que llevamos entre manos para gloria del mismo Señor y prueba de nuestra buena voluntad.

Así tratamos de evitar que nadie nos critique por estas abundantes limosnas que vamos recogiendo, pues procuramos el bien no sólo ante Dios, sino también ante los hombres.

Os enviamos con ellos al otro hermano nuestro, de cuyo interés y celo hemos tenido pruebas bien claras en tantas ocasiones; en ésta se ha mostrado mucho más solícito por la gran confianza que tiene en vosotros.

Por lo que se refiere a Tito, sabéis que es mi compañero y colaborador en el apostolado entre vosotros; los demás hermanos nuestros son delegados de las Iglesias, son gloria de Cristo. Así pues, como lo esperan las demás Iglesias, hacedles demostración de vuestra caridad, y demostradles que son verdaderos los elogios que de ella hicimos.

SEGUNDA LECTURA

De la Vida de san Casimiro, escrita por un autor casi contemporáneo

La sorprendente, sincera y no engañosa caridad de Casimiro, por la que amaba ardientemente al Dios todopoderoso en el Espíritu, impregnaba de tal forma su corazón, que brotaba espontáneamente hacia su prójimo. No había cosa más agradable y más deseable para él que repartir sus bienes y entregarse a sí mismo a los pobres de Cristo, a los peregrinos, enfermos, cautivos y atribulados.

Para las viudas y huérfanos y necesitados era no solamente un defensor y un protector, sino que se portaba con ellos como si fuera su padre, su hijo o su hermano.

Tendríamos que escribir una larga historia si hubiésemos de contar uno por uno sus actos de amor a Dios y sus obras de caridad con el prójimo.

Es poco menos que imposible describir su gran amor por la justicia, su templanza, su prudencia, su fortaleza y constancia, precisamente en esa edad en la que los hombres suelen sentir mayor inclinación al mal.

A cada paso exhortaba a su padre, el rey, a respetar la justicia en el gobierno de la nación y en el de los pueblos que le estaban sometidos. Y, si alguna vez el rey por debilidad o negligencia incurría en algún error, no dudaba en reprochárselo con modestia.

Tomaba como suyas las causas de los pobres y miserables, por lo que la gente le llamaba «defensor de los pobres». A pesar de su dignidad de príncipe y de su nobleza de sangre, no tenía dificultad en tratar con cualquier persona por humilde y despreciable que pareciera.

Siempre fue su deseo ser contado más bien entre los pobres de espíritu, de quienes es el reino de los cielos, que entre los personajes famosos y poderosos de este mundo. No tuvo ambición del dominio terreno ni quiso nunca recibir la corona que el padre le ofrecía, por temor de que su alma se viera herida por el aguijón de las riquezas, que nuestro Señor Jesucristo llamó espinas, o sufriera el contagio de las cosas terrenas.

Personas de gran autoridad, algunas de las cuales viven aún y que conocían hasta el fondo su comportamiento, aseguran que permaneció virgen hasta el fin de sus días.

R. Dispón de tus tesoros según el mandato del Altísimo, * y te aprovecharán más que el oro.
V. Corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura.

Oración

Señor Dios todopoderoso, a quien conocer es vivir y a quien servir es reinar, concédenos, por intercesión de san Casimiro, servirte con santidad y justicia todos los días de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.