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Orar

Lunes, 25 de marzo de 2030

Anunciación

Cuaresma · Blanco · Ciclo B

Tercia (Hora intermedia)

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. El ángel del Señor anunció a María. (T. P. Aleluya.) R. Y concibió por obra del Espíritu Santo. (T. P. Aleluya.)

Himno

Amigo de los hombres, Jesucristo,

tú solo das sentido a nuestra historia,

y, con los ojos fijos al futuro,

la Iglesia vive fiel a tu memoria.

Este tiempo de ayuno te presenta

de nosotros la parte más oscura,

y tus manos clavadas al madero

nos devuelven tu paz y tu ternura.

A lo largo del día no nos dejes,

no nos falte la luz de tu mirada:

llena de amor los pasos que caminan

de este mundo a la luz de tu alborada. Amén.

Salmodia

Salmo 118 · 118, 89-96

Os doy el mandato nuevo: que os améis mutuamente como yo os he amado. (Jn 13, 34)

Tu palabra, Señor, es eterna,

más estable que el cielo;

tu fidelidad de generación en generación,

igual que fundaste la tierra y permanece;

por tu mandamiento subsisten hasta hoy,

porque todo está a tu servicio.

Si tu voluntad no fuera mi delicia,

ya habría perecido en mi desgracia;

jamás olvidaré tus decretos,

pues con ellos me diste vida;

soy tuyo, sálvame,

que yo consulto tus leyes.

Los malvados me esperaban para perderme,

pero yo meditaba tus preceptos;

he visto el límite de todo, lo perfecto:

tu mandato se dilata sin término.

Salmo 70 · 118, 89-96

Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación. (Rm 12, 12)

A ti, Señor, me acojo:

no quede yo derrotado para siempre;

tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,

inclina a mí tu oído, y sálvame.

Sé tú mi roca de refugio,

el alcázar donde me salve,

porque mi peña y mi alcázar eres tú.

Dios mío, líbrame de la mano perversa,

del puño criminal y violento;

porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza

y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

En el vientre materno ya me apoyaba en ti,

en el seno tú me sostenías,

siempre he confiado en ti.

Muchos me miraban como a un milagro,

porque tú eras mi fuerte refugio.

Llena estaba mi boca de tu alabanza

y de tu gloria, todo el día.

No me rechaces ahora en la vejez,

me van faltando las fuerzas, no me abandones;

porque mis enemigos hablan de mí,

los que acechan mi vida celebran consejo;

dicen: «Dios lo ha abandonado;

perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende.»

Dios mío, no te quedes a distancia;

Dios mío, ven aprisa a socorrerme.

Que fracasen y se pierdan

los que atentan contra mi vida,

queden cubiertos de oprobio y vergüenza,

los que buscan mi daño.

Salmo 70 · 118, 89-96

Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación. (Rm 12, 12)

Yo, en cambio, seguiré esperando,

redoblaré tus alabanzas;

mi boca contará tu auxilio,

y todo el día tu salvación.

Proclamaré tus proezas, Señor mío,

narraré tu victoria, tuya entera.

Dios mío, me instruiste desde mi juventud,

y hasta hoy relato tus maravillas;

ahora, en la vejez y las canas,

no me abandones, Dios mío,

hasta que describa tu brazo

a la nueva generación,

tus proezas y tus victorias excelsas,

las hazañas que realizaste:

Dios mío, ¿quién como tú?

Me hiciste pasar por peligros

muchos y graves:

de nuevo me darás la vida,

me harás subir de lo hondo de la tierra;

acrecerás mi dignidad,

de nuevo me consolarás;

y yo te daré gracias, Dios mío,

con el arpa, por tu lealtad;

tocaré para ti la cítara,

Santo de Israel;

te aclamarán mis labios,

Señor, mi alma, que tú redimiste;

y mi lengua todo el día

recitará tu auxilio,

porque quedaron derrotados y afrentados

los que buscaban mi daño.

Tercia: Ant. Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas.

Sexta: Ant. «Por mi vida —dice el Señor—, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.»

Nona: Ant. Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.

LECTURA BREVE

Ef 1, 9b-10

Éste es al plan que Dios había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: hacer que todas las cosas tenga a Cristo por cabeza, las del cielo y las de la tierra.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.