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Orar

Viernes, 5 de abril de 2030

San Vicente Ferrer, presbítero

Cuaresma · Morado

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Vicente Ferrer, presbítero.

V. Convertíos al Señor, vuestro Dios. R. Porque es compasivo y misericordioso.

Himno

¡Oh Redentor, oh Cristo,

Señor del universo,

víctima y sacerdote,

sacerdote y cordero!

Para pagar la deuda

que nos cerraba el cielo,

tomaste entre tus manos

la hostia de tu cuerpo

y ofreciste tu sangre

en el cáliz del pecho:

altar blando, tu carne;

altar duro, un madero.

¡Oh Cristo Sacerdote,

hostia a la vez y templo!

Nunca estuvo la vida

de la muerte tan dentro,

nunca abrió tan terribles

el amor sus veneros.

El pecado del hombre,

tan huérfano del cielo,

se hizo perdón de sangre

y gracia de tu cuerpo. Amén.

Salmodia

Nuestros padres nos contaron el poder del Señor y las maravillas que realizó.

Salmo 77 · 77, 1-39

Estas cosas sucedieron en figura para vosotros. (1Co 10, 6)

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,

inclina el oído a las palabras de mi boca:

que voy a abrir mi boca a las sentencias,

para que broten los enigmas del pasado.

Lo que oímos y aprendimos,

lo que nuestros padres nos contaron,

no lo ocultaremos a sus hijos,

lo contaremos a la próxima generación:

las alabanzas del Señor,

su poder, las maravillas que realizó:

porque él estableció una norma para Jacob,

dio una ley a Israel.

Él mandó a nuestros padres

que lo enseñaran a sus hijos,

para que lo supiera la generación siguiente:

los hijos que nacieran después.

Que surjan y le cuenten a sus hijos,

para que pongan en Dios su confianza

y no olviden las acciones de Dios,

sino que guarden sus mandamientos;

para que no imiten a sus padres,

generación rebelde y pertinaz;

generación de corazón inconstante,

de espíritu infiel a Dios.

Los arqueros de la tribu de Efraím

volvieron la espalda en la batalla;

no guardaron la alianza de Dios,

se negaron a seguir su ley,

echando en olvido sus acciones,

las maravillas que les había mostrado,

cuando hizo portentos a vista de sus padres,

en el país de Egipto, en el campo de Soán:

hendió el mar para abrirles paso,

sujetando a las aguas como muros;

los guiaba de día con una nube,

de noche con el resplandor del fuego;

hendió la roca en el desierto,

y les dio a beber raudales de agua;

sacó arroyos de la peña,

hizo correr las aguas como ríos.

Nuestros padres nos contaron el poder del Señor y las maravillas que realizó.

Los hijos comieron el maná y bebieron de la roca espiritual que los seguía.

Salmo 77 · 77, 1-39

Estas cosas sucedieron en figura para vosotros. (1Co 10, 6)

Pero ellos volvieron a pecar contra él,

y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo:

tentaron a Dios en sus corazones,

pidiendo una comida a su gusto;

hablaron contra Dios: «¿Podrá Dios

preparar una mesa en el desierto?

Él hirió la roca, brotó agua

y desbordaron los torrentes;

pero ¿podrá también darnos pan,

proveer de carne a su pueblo?»

Lo oyó el Señor, y se indignó;

un fuego se encendió contra Jacob,

hervía su cólera contra Israel,

porque no tenían fe en Dios

ni confiaban en su auxilio.

Pero dio orden a las altas nubes,

abrió las compuertas del cielo:

hizo llover sobre ellos maná,

les dio un trigo celeste;

y el hombre comió pan de ángeles,

les mandó provisiones hasta la hartura.

Hizo soplar desde el cielo el levante,

y dirigió con su fuerza el viento sur;

hizo llover carne como una polvareda,

y volátiles como arena del mar;

los hizo caer en mitad del campamento,

alrededor de sus tiendas.

Ellos comieron y se hartaron,

así satisfizo su avidez;

pero con la avidez recién saciada,

con la comida aún en la boca,

la ira de Dios hirvió contra ellos:

mató a los más robustos,

doblegó a la flor de Israel.

Los hijos comieron el maná y bebieron de la roca espiritual que los seguía.

Se acordaron de que Dios era su roca y su redentor.

Salmo 77 · 77, 1-39

Estas cosas sucedieron en figura para vosotros. (1Co 10, 6)

Y con todo, volvieron a pecar,

y no dieron fe a sus milagros:

entonces consumió sus días en un soplo,

sus años en un momento;

y, cuando los hacía morir, lo buscaban,

y madrugaban para volverse hacia Dios;

se acordaban de que Dios era su roca,

el Dios Altísimo, su redentor.

Lo adulaban con sus bocas,

pero sus lenguas mentían:

su corazón no era sincero con él,

ni eran fieles a su alianza.

Él, en cambio, sentía lástima,

perdonaba la culpa y no los destruía:

una y otra vez reprimió su cólera,

y no despertaba todo su furor;

acordándose que eran de carne,

un aliento fugaz que no torna.

Se acordaron de que Dios era su roca y su redentor.

SEGUNDA LECTURA

Del tratado de san Vicente Ferrer, presbítero, sobre la vida espiritual

En la predicación y exhortación debes usar un lenguaje sencillo y un estilo familiar, bajando a los detalles concretos. Utiliza ejemplos, todos los que puedas, para que cualquier pecador se vea retratado en la exposición que haces de su pecado; pero de tal manera que no des la impresión de soberbia o indignación, sino que lo haces llevado de la caridad y espíritu paternal, como un padre que se compadece de sus hijos cuando los ve en pecado o gravemente enfermos o que han caído en un hoyo, esforzándose por sacarlos del peligro y acariciándoles como una madre. Hazlo alegrándote del bien que obtendrán los pecadores y del cielo que les espera si se convierten.

Este modo de hablar suele ser de gran utilidad para el auditorio. Hablar en abstracto de las virtudes y los vicios no produce impacto en los oyentes.

En el confesionario debes mostrar igualmente sentimientos de caridad, lo mismo si tienes que animar a los pusilánimes que si tienes que amenazar a los contumaces; el pecador ha de sentir siempre que tus palabras proceden exclusivamente de tu caridad. Las palabras caritativas han de preceder siempre a las recomendaciones punzantes.

Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios de todo corazón y pídele con sencillez que te conceda esa caridad, suma de todas las virtudes y la mejor garantía de éxito en tus actividades.

R. Proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella, persuade, reprende, exhorta, * armado de toda paciencia y doctrina. (T. P. Aleluya.)
V. He predicado a los pueblos que se arrepientan y se conviertan a Dios.

Oración

Señor Dios todopoderoso, que suscitaste a san Vicente Ferrer como predicador infatigable del Evangelio, para que anunciara con insistencia la venida de Jesucristo, juez universal, haz que nosotros anhelemos la venida de tu Hijo, para que, cuando venga, podamos contemplarlo en su reino glorioso. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.