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Orar

Martes, 21 de mayo de 2030

San Cristóbal Magallanes, presbítero y Compañeros, mártires

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Cristóbal Magallanes, presbítero y Compañeros, mártires.

V. Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere. Aleluya. R. La muerte no tiene ya poder sobre él. Aleluya.

Himno

Que doblen las campanas jubilosas

y proclamen el triunfo del amor,

y llenen nuestras almas de aleluyas,

de gozo y esperanza en el Señor.

Los sellos de la muerte han sido rotos,

la vida para siempre es libertad,

ni la muerte ni el mal son para el hombre

su destino, su última verdad.

Derrotados la muerte y el pecado,

es de Dios toda historia y su final;

esperad con confianza su venida;

no temáis, con vosotros él está.

Volverán encrespadas tempestades

para hundir vuestra fe y vuestra verdad,

es más fuerte que el mal y que su embate

el poder del Señor, que os salvará.

Aleluyas cantemos a Dios Padre,

aleluyas al Hijo salvador,

su Espíritu corone la alegría

que su amor derramó en el corazón. Amén.

Salmodia

El Señor hará justicia a los pobres.

SALMO 9 B

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. (Lc 6, 20)

¿Por qué te quedas lejos, Señor,

y te escondes en el momento del aprieto?

La soberbia del impío oprime al infeliz

y lo enreda en las intrigas que ha tramado.

El malvado se gloría de su ambición,

el codicioso blasfema y desprecia al Señor.

El malvado dice con insolencia:

«No hay Dios que me pida cuentas.»

La intriga vicia siempre su conducta,

aleja de su mente tus juicios

y desafía a sus rivales.

Piensa: «No vacilaré,

nunca jamás seré desgraciado.»

Su boca está llena de maldiciones,

de engaños y de fraudes;

su lengua encubre maldad y opresión;

en el zaguán se sienta al acecho

para matar a escondidas al inocente.

Sus ojos espían al pobre;

acecha en su escondrijo como león en su guarida,

acecha al desgraciado para robarle,

arrastrándolo a sus redes;

se agacha y se encoge

y con violencia cae sobre el indefenso.

Piensa: «Dios lo olvida,

se tapa la cara para no enterarse.»

El Señor hará justicia a los pobres.

Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.

SALMO 9 B

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. (Lc 6, 20)

Levántate, Señor, extiende tu mano,

no te olvides de los humildes;

¿por qué ha de despreciar a Dios el malvado,

pensando que no le pedirá cuentas?

Pero tú ves las penas y los trabajos,

tú miras y los tomas en tus manos.

A ti se encomienda el pobre,

tú socorres al huérfano.

Rómpele el brazo al malvado,

pídele cuentas de su maldad, y que desaparezca.

El Señor reinará eternamente

y los gentiles desaparecerán de su tierra.

Señor, tú escuchas los deseos de los humildes,

les prestas oído y los animas;

tú defiendes al huérfano y al desvalido:

que el hombre hecho de tierra

no vuelva a sembrar su terror.

Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.

Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.

Salmo 11

Porque éramos pobres, el Padre nos ha mandado a su Hijo. (San Agustín)

Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,

que desaparece la lealtad entre los hombres:

no hacen más que mentir a su prójimo,

hablan con labios embusteros

y con doblez de corazón.

Extirpe el Señor los labios embusteros

y la lengua orgullosa

de los que dicen: «La lengua es nuestra fuerza,

nuestros labios nos defienden,

¿quién será nuestro amo?»

El Señor responde: «Por la opresión del humilde,

por el gemido del pobre, yo me levantaré,

y pondré a salvo al que lo ansía.»

Las palabras del Señor son palabras sinceras,

como plata limpia de escoria,

refinada siete veces.

Tú nos guardarás, Señor,

nos librarás para siempre de esa gente:

de los malvados que merodean

para chupar como sanguijuelas sangre humana.

Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.

SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo

Queridísimos hermanos, cada vez que celebramos las fiestas de los mártires, debemos pensar que militamos bajo el mismo Rey bajo el que también ellos merecieron luchar y vencer.

Debemos pensar que hemos sido salvados por el mismo bautismo por el que ellos también fueron salvados, que gozamos y somos fortalecidos con los mismos sacramentos que ellos merecieron recibir, que llevamos en la frente el sello del Emperador que ellos también llevaron felizmente.

Por ello, cada vez que celebramos el aniversario de los santos mártires, los bienaventurados mártires deben reconocer en nosotros algo de sus virtudes, para que les agrade suplicar para nosotros la misericordia de Dios. En efecto, todos aman lo que les es semejante. Por tanto, si lo semejante se une a lo semejante, lo desemejante se aleja mucho. Nuestro particular bienaventurado,

cuya festividad deseamos celebrar con gozo, fue sobrio, ¿cómo se le podrá unir el que se da a la bebida? ¿Qué unión puede tener el humilde con el soberbio, el generoso con el envidioso, el espléndido con el avaro, el pacífico con el iracundo?

El bienaventurado mártir fue, sin duda, casto: ¿cómo podrá unirse al adúltero? Queridísimos hermanos, si los gloriosos mártires repartieron lo suyo con los pobres, ¿cómo podrán ser amigos de los que roban lo ajeno? Los santos mártires se afanaban en amar a los enemigos, ¿cómo tendrán parte con los que, a veces, ni siquiera se esfuerzan en el amor recíproco entre amigos?

Queridísimos hermanos, no nos contraríe imitar, en la medida de nuestras fuerzas, a los santos mártires para que, por sus méritos y oraciones, merezcamos ser absueltos de todos los pecados.

Alguno dirá: ¿quién puede imitar a los santos mártires? Con la ayuda de Dios podemos y debemos imitarlos en muchas cosas, si no en todo.

¿No puedes soportar el fuego? Puedes evitar la lujuria. ¿No puedes soportar la pezuña desgarradora? Rechaza la avaricia que conduce a negocios perversos y a ganancias malvadas. Si te vence lo fácil, ¿cómo no te destrozará lo difícil? La paz tiene también sus mártires: pues, en buena medida, participa del martirio el que vence a la ira, el que rehúye la envidia como si fuera un veneno viperino, el que rechaza la soberbia, el que expulsa del corazón el odio, el que refrena los deseos superfluos de la gula, el que no se entrega a la embriaguez.

Cada vez que y en cualquier lugar que trabajes por una causa justa, si das testimonio de ella, serás mártir. Puesto que Cristo es la justicia y la verdad, en cualquier lugar donde trabajes por la justicia o por la verdad o por la castidad, si las defiendes con todas tus fuerzas, recibirás la recompensa de los mártires.

Y como la palabra mártir significa testigo, quien da testimonio en favor de la verdad será indudablemente mártir de Cristo, que es la verdad.

R. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. * Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
V. En la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Oración

Dios eterno y omnipotente, que inspiraste en el presbítero san Cristóbal y sus compañeros la fidelidad al Reino de Cristo hasta el martirio; por su intercesión, concédenos que, perseverantes en la confesión de la verdadera fe, permanezcamos siempre fieles a los mandatos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.