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Orar

Martes, 11 de junio de 2030

San Bernabé, apóstol

Tiempo Ordinario · Rojo · Año par (II)

Laudes

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión.

Himno

Te damos gracias, Señor,

porque has depuesto la ira

y has detenido ante el pueblo

la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,

la luz que nos ilumina,

la mano que nos sostiene

y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo

del manantial de la vida

las aguas que dan al hombre

la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:

«¡Cantadle con alegría!

¡El nombre de Dios es grande!

¡Su caridad infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!

Cantemos sus maravillas.

¡Qué grande en medio del pueblo

el Dios que nos justifica!» Amén.

Salmodia

Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Salmo 42

Yo he venido al mundo como luz. (Jn 12, 46)

Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa

contra gente sin piedad,

sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,

¿por qué me rechazas?

¿Por qué voy andando sombrío,

hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:

que ellas me guíen

y me conduzcan hasta tu monte santo,

hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,

al Dios de mi alegría;

que te dé gracias al son de la cítara,

Señor, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Cántico · Is 38, 10-14. 17-20

Yo soy el que vive y estaba muerto… y tengo las llaves de la muerte. (Ap 1, 17. 18)

Yo pensé: «En medio de mis días

tengo que marchar hacia las puertas del abismo;

me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor

en la tierra de los vivos,

ya no miraré a los hombres

entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida

como un tienda de pastores.

Como un tejedor devanaba yo mi vida,

y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando,

sollozo hasta el amanecer.

Me quiebras los huesos como un león,

día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina,

gimo como una paloma.

Mis ojos mirando al cielo se consumen:

¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,

la amargura se me volvió paz

cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía

y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,

ni la muerte te alaba,

ni esperan en tu fidelidad

los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:

como yo ahora.

El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas

todos nuestros días en la casa del Señor.

Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión. †

Salmo 64

Cuando se habla de Sión debe entenderse del reino eterno. (Orígenes)

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión,

† y a ti se te cumplen los votos,

porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal

a causa de sus culpas;

nuestros delitos nos abruman,

pero tú los perdonas.

Dichoso el que tú eliges y acercas

para que viva en tus atrios:

que nos saciemos de los bienes de tu casa,

de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,

Dios, Salvador nuestro;

tú, esperanza del confín de la tierra

y del océano remoto;

tú que afianzas los montes con tu fuerza,

ceñido de poder;

tú que reprimes el estruendo del mar,

el estruendo de las olas

y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe

se sobrecogen ante tus signos

y a las puertas de la aurora y del ocaso

las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas

y la enriqueces sin medida;

la acequia de Dios va llena de agua,

preparas los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones,

tu llovizna los deja mullidos,

bendices sus brotes;

coronas el año con tus bienes,

las rodadas de tu carro rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,

las colinas se orlan de alegría;

las praderas se cubren de rebaños,

los valles se visten de mieses,

que aclaman y cantan.

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión. †

LECTURA BREVE

1Co 15, 1-2a. 3-4

Hermanos: Os quiero traer a la memoria el mensaje evangélico que os prediqué; el que abrazasteis, el mismo en que os mantenéis firmes todavía y por el que estáis en camino de salvación. En primer lugar os comuniqué el mensaje que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y fue sepultado; resucitó al tercer día y vive, según lo anunciaron también las Escrituras.

R. Proclamaron.
V. Proclamaron las alabanzas del Señor y su poder. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Y las maravillas que realizó.

R. Proclamaron.
V. Gloria.

Benedictus

Bernabé partió para Tarso en busca de Saulo; y luego lo llevó a Antioquía, allí vivieron dentro de la comunidad e instruyeron a muchísima gente. (T. P. Aleluya.)

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Bernabé partió para Tarso en busca de Saulo; y luego lo llevó a Antioquía, allí vivieron dentro de la comunidad e instruyeron a muchísima gente. (T. P. Aleluya.)

Preces

Aclamemos a nuestro Salvador, que ha aniquilado la muerte, y ha hecho brillar la vida y la inmortalidad por el Evangelio, y supliquémosle, diciendo:

Confirma a tu Iglesia en la fe y la caridad.

Tú que por medio de doctores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia, — haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, — llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, — no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Oración

Dios nuestro, que, después de haber infundido en abundancia la fe y el Espíritu Santo en San Bernabé, lo destinaste para que anunciara a los pueblos paganos el mensaje de salvación, haz que el Evangelio de Cristo, que él predicó valerosamente, sea proclamado con fidelidad por nuestras palabras y nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.