OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Paulino de Nola, obispo.
Del común de mártires: para varios mártires.
V. Tu fidelidad, Señor, llega hasta las nubes. R. Tus sentencias son como el océano inmenso.
Himno
Señor, tu que llamaste
del fondo del no ser todos los seres,
prodigios del cincel de tu palabra,
imágenes de ti resplandecientes;
Señor, tú que creaste
la bella nave azul en que navegan
los hijos de los hombres, entre espacios
repletos de misterio y luz de estrellas;
Señor, tú que nos diste
la inmensa dignidad de ser tus hijos,
no dejes que el pecado y que la muerte
destruyan en el hombre el ser divino.
Señor, tú que salvaste
al hombre de caer en el vacío,
recréanos de nuevo en tu Palabra
y llámanos de nuevo al paraíso.
Oh Padre, tú que enviaste
al mundo de los hombres a tu Hijo,
no dejes que se apague en nuestras almas
la luz esplendorosa de tu Espíritu. Amén.
Salmodia
Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
Salmo 106
Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
norte y sur, oriente y occidente.
Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la vida;
pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a ciudad habitada.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos los colmó de bienes.
Yacían en oscuridad y tinieblas,
cautivos de hierros y miserias;
por haberse rebelado contra los mandamientos,
despreciando el plan del Altísimo.
Él humilló su corazón con trabajos,
sucumbían y nadie los socorría.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Los sacó de las sombrías tinieblas,
arrancó sus cadenas.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Destrozó las puertas de bronce,
quebró los cerrojos de hierro.
Estaban enfermos, por sus maldades,
por sus culpas eran afligidos;
aborrecían todos los manjares,
y ya tocaban las puertas de la muerte.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Envió su palabra, para curarlos,
para salvarlos de la perdición.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Ofrézcanle sacrificios de alabanza,
y cuenten con entusiasmo sus acciones.
Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.
Salmo 106
Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)
Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano.
Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto:
subían al cielo, bajaban al abismo,
su vida se marchitaba por el mareo,
rodaban, se tambaleaban como ebrios,
y no les valía su pericia.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar.
Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Aclámenlo en la asamblea del pueblo,
alábenlo en el consejo de los ancianos.
Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.
Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.
Salmo 106
Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)
El transforma los ríos en desierto,
los manantiales de agua en aridez;
la tierra fértil en marismas,
por la depravación de sus habitantes.
Transforma el desierto en estanques,
el erial en manantiales de agua.
Coloca allí a los hambrientos,
y fundan una ciudad para habitar.
Siembran campos, plantan huertos,
recogen cosechas.
Los bendice, y se multiplican,
y no les escatima el ganado.
Si menguan, abatidos por el peso
de infortunios y desgracias,
el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes
y los descarría por una soledad sin caminos
levanta a los pobres de la miseria
y multiplica sus familias como rebaños.
Los rectos lo ven y se alegran,
a la maldad se le tapa la boca.
El que sea sabio, que recoja estos hechos
y comprenda la misericordia del Señor.
Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.
PRIMERA LECTURA (Año II)
Del libro del profeta Zacarías · 2, 1-13
Alcé los ojos y vi un hombre con un cordel de medir. Pregunté:
«¿A dónde vas?»
El me contestó:
«A medir a Jerusalén, para comprobar su anchura y longitud.»
Entonces, salió el ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le vino al encuentro, diciendo:
«Corre y di a aquel joven: “Jerusalén será ciudad abierta, por la multitud de hombres y ganados que hay dentro de ella; yo seré para ella —oráculo del Señor— una muralla de fuego en torno, y gloria dentro de ella.”»
¡Ay, ay!, huid del país septentrional —oráculo del Señor—, porque os dispersaré a los cuatro vientos —oráculo del Señor—. ¡Ay, Sión, que habitas en Babilonia: sálvate! Así dice el Señor de los ejércitos, el que me ha enviado a los pueblos que os saqueaban: El que os toca me toca la niña de los ojos. Yo levantaré mi mano contra ellos: serán botín de sus esclavos; y comprenderéis que me ha enviado el Señor de los ejércitos.
¡Alégrate y goza, hija de Sión!, que yo vengo a habitar dentro de ti —oráculo del Señor—. Aquel día se unirán al Señor muchos pueblos, y serán pueblo mío. Habitaré en medio de ti, y comprenderás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti. El Señor tomará posesión de Judá sobre la tierra santa, y elegirá de nuevo a Jerusalén. ¡Calle toda carne ante el Señor, cuando se levanta de su santa morada!
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Paulino de Nola, obispo
Esta es la verdadera caridad, éste el amor perfecto, el que has demostrado tener para con nuestra pequeñez, señor verdaderamente santo y con razón bienaventurado y amable. En efecto, hemos recibido de manos de Juliano, uno de los de aquí, que volvía de Cartago, una carta tuya que nos revela tu santidad, tan elevada, que nos hace reconocer, más que conocer, tu caridad. Caridad que dimana de aquel que nos predestinó para sí desde el principio del mundo, en el cual fuimos hechos antes de nacer, ya que él nos hizo y somos suyos, y él hizo también lo que tiene que existir en el futuro. Formados, pues, por su presciencia y por su acción, fuimos unidos, antes de conocernos, por los lazos de la caridad, en un mismo sentir y en la unidad de la fe o en la fe de la unidad, de modo que, antes de vernos corporalmente, nos conocemos ya por una especie de revelación interna.
Por eso, nos congratulamos y nos gloriamos en el Señor, porque él, siendo el mismo y único, infunde su amor en los suyos por toda la tierra, por obra del Espíritu Santo, que ha derramado sobre todos los hombres, alegrando con el correr de las acequias su ciudad, sobre cuyos habitantes te ha puesto con toda justicia en la Sede apostólica, como jefe espiritual con los príncipes de su pueblo, como también a mí, que ha querido que tuviera parte en tu mismo ministerio, levantándome de mi bajeza y del polvo en que estaba. Pero nos congratulamos más aún por el don que nos ha hecho el Señor de habitar en tu corazón y de habernos él introducido en tus entrañas, de manera que podemos gloriarnos con seguridad de tu amor, que nos has demostrado con tus servicios y obsequios, obligándonos con ello a corresponderte con un amor semejante.
Para que nada ignores acerca de mí, has de saber que yo fui por mucho tiempo un pecador y que, si en otro tiempo fui sacado de las tinieblas y de la sombra de la muerte para respirar el hálito de vida y si puse la mano en el arado y tomé en mis manos la cruz del Señor, necesito, para perseverar hasta el fin, la ayuda de tus oraciones. Será un mérito más que añadir a los muchos que ya posees, si me ayudas a llevar mi carga. Porque el santo que ayuda al fatigado —y hablo así porque no me atrevo a llamarte hermano— será ensalzado como una gran ciudad.
En señal de unión, enviamos a tu santidad un pan, el cual es también signo de la unión indestructible de la santísima Trinidad. Tú lo convertirás en pan bendito si te dignas comerlo.
R. Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte por la riqueza. * Su dicha será consolidada por el Señor.
V. Pudo desviarse y no se desvió, hacer el mal y no lo hizo.
Oración
Señor, tú que nos has dado, en el obispo san Paulino de Nola un luminoso ejemplo de celo pastoral y de amor a la pobreza, concédenos a quienes celebramos hoy sus méritos imitar sus ejemplos de caridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. SANTOS JUAN FISHER, obispo, y TOMÁS MORO, mártires
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
