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Orar

Viernes, 26 de julio de 2030

San Joaquín y Santa Ana

Tiempo Ordinario · Blanco · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Hijo mío, haz caso de mi sabiduría. R. Presta oído a mi inteligencia.

Himno

¡Qué hermosos son los pies

del que anuncia la paz a sus hermanos!

¡Y qué hermosas las manos

maduras en el surco y en la mies!

Grita lleno de gozo,

pregonero, que traes noticias buenas:

se rompen las cadenas,

y el sol de Cristo brilla esplendoroso.

Grita sin miedo, grita,

y denuncia a mi pueblo sus pecados;

vivimos engañados,

pues la belleza humana se marchita.

Toda yerba es fugaz,

la flor del campo pierde sus colores;

levanta sin temores,

pregonero, tu voz dulce y tenaz.

Si dejas los pedazos

de tu alma enamorada en el sendero,

¡qué dulces, mensajero,

qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.

Salmodia

Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.

Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24

Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)

Dios mío, escucha mi oración,

no te cierres a mi súplica;

hazme caso y respóndeme,

me agitan mis ansiedades.

Me turba la voz del enemigo,

los gritos del malvado:

descargan sobre mí calamidades

y me atacan con furia.

Se estremece mi corazón,

me sobrecoge un pavor mortal,

me asalta el temor y el terror,

me cubre el espanto,

y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma

para volar y posarme!

Emigraría lejos,

habitaría en el desierto,

me pondría en seguida a salvo de la tormenta,

del huracán que devora, Señor;

del torrente de sus lenguas.»

Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.

El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.

Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24

Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)

Violencia y discordia veo en la ciudad:

día y noche hacen la ronda

sobre las murallas;

en su recinto, crimen e injusticia;

dentro de ella, calamidades;

no se apartan de su plaza

la crueldad y el engaño.

Si mi enemigo me injuriase,

lo aguantaría;

si mi adversario se alzase contra mí,

me escondería de él;

pero eres tú, mi compañero,

mi amigo y confidente,

a quien me unía una dulce intimidad:

juntos íbamos entre el bullicio

por la casa de Dios.

El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.

Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.

Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24

Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)

Pero yo invoco a Dios,

y el Señor me salva:

por la tarde, en la mañana, al mediodía,

me quejo gimiendo.

Dios escucha mi voz:

su paz rescata mi alma

de la guerra que me hacen,

porque son muchos contra mí.

Dios me escucha, los humilla

el que reina desde siempre,

porque no quieren enmendarse

ni temen a Dios.

Levantan la mano contra su aliado,

violando los pactos;

su boca es más blanda que la manteca,

pero desean la guerra;

sus palabras son más suaves que el aceite,

pero son puñales.

Encomienda a Dios tus afanes,

que él te sustentará;

no permitirá jamás

que el justo caiga.

Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos

a la fosa profunda.

Los traidores y sanguinarios

no cumplirán ni la mitad de sus años.

Pero yo confío en ti.

Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro de Job · 22, 1-30

Elifaz de Temán habló a su vez y dijo:

«¿Puede un hombre ser útil a Dios?, ¿puede un sabio serle útil? ¿Qué le importa al Todopoderoso que tú seas justo o qué gana si tu conducta es honrada? ¿Acaso te reprocha el que le temas o te lleva a juicio por ello? ¿No es más bien por tu mucha maldad y por tus innumerables culpas?

Exigías sin razón prendas a tu hermano, arrancabas el vestido al desnudo, no dabas agua al sediento y negabas el pan al hambriento. Como hombre poderoso, dueño del país, privilegiado habitante de él, despedías a las viudas con las manos vacías, inutilizabas los brazos de los huérfanos. Por eso te cercan lazos, te espantan terrores repentinos y oscuridad que no te deja ver, y te sumergen aguas desbordadas.

¿No es Dios la cumbre del cielo? ¡Y mira qué alto está el cenit sobre los astros! Tú dices: “¿Qué sabe Dios; puede distinguir a través de los nubarrones?, las nubes lo tapan y no le dejan ver cuando se pasea por la órbita del cielo.”

¿Quieres tú seguir la vieja ruta que hollaron mortales perversos, arrastrados prematuramente cuando la riada inundó sus cimientos? Decían a Dios: “Apártate de nosotros; ¿qué puede hacernos el Todopoderoso?” Él les había llenado la casa de bienes, y ellos lo excluían de sus planes perversos. Los justos, al verlo, se alegraban, los inocentes, se burlaban de ellos: “¡Se han acabado sus posesiones, el fuego ha devorado su opulencia!”

Reconcíliate y ten paz con él, y recibirás bienes; aceptada instrucción de su boca, y guarda sus palabras en tu corazón; si te vuelves al Todopoderoso, te restablecerá; aleja de tu tienda la injusticia, arroja al polvo tú oro, y tu metal de Ofir a los guijarros del torrente, y el Todopoderoso será tu oro y tu plata a montones; él será tu delicia, y alzarás hacia él tu rostro; cuando le supliques, te escuchará, y tú cumplirás tus votos; lo que tú decidas, se hará, y brillará la luz en tus caminos; porque él humilla a los arrogantes y salva a los que se humillan. Él librará al inocente, te librará por la limpieza de tus manos.»

SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Juan Damasceno, obispo

Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.

Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas a luz, rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Ángel del gran designio» de la salvación universal, «Dios guerrero». Este niño es Dios.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.

¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!

Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.

R. Servían día y noche al Señor con ayunos y oraciones, * y esperaban la redención de Israel.
V. Pedían a Dios que visitase a su pueblo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.