OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa.
V. Hijo mío, haz caso a mis palabras. R. Presta oído a mis consejos.
Himno
Dios de la tierra y del cielo,
que, por dejarlas más claras,
las grandes aguas separas,
pones un límite al cielo.
Tú que das cauce al riachuelo
y alzas la nube a la altura,
tú que, en cristal de frescura,
sueltas las aguas del río
sobre las tierras de estío,
sanando su quemadura,
danos tu gracia, piadoso,
para que el viejo pecado
no lleve al hombre engañado
a sucumbir a su acoso.
Hazlo en la fe luminoso,
alegre en la austeridad,
y hágalo tu claridad
salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades,
el amor a tu verdad. Amén.
Salmodia
Vendrá el Señor y no callará.
Salmo 49
No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)
El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
viene nuestro Dios, y no callará.
Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo alto convoca cielo y tierra,
para juzgar a su pueblo:
«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio.»
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar.
Vendrá el Señor y no callará.
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
Salmo 49
No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)
«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
—yo, el Señor, tu Dios—
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños;
pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás gloria.»
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
Salmo 49
No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)
Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?
Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño;
te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.»
Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
PRIMERA LECTURA (Año II)
Del libro del profeta Jonás · 3, 1-4, 11
En aquellos días, el Señor dirigió otra vez la palabra a Jonás:
«Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»
Se levantó Jonás y fue a Nínive, como le mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día proclamando:
«¡Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida!»
Creyeron a Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Cuando el mensaje llegó al rey de Nínive, se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive:
«Hombres y animales, vacas v ovejas no prueben bocado, no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios; que cada cual se convierta de su mala vida y de la violencia de sus manos. A ver si Dios se arrepiente, cesa el incendio de su ira, y no perecemos.»
Vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.
Jonás sintió un disgusto enorme, y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos:
«Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra?
Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir.»
Respóndióle el Señor:
«¿Y tienes tú derecho a irritarte?»
Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces el Señor hizo crecer un ricino, alzándose por encima de Jonás, para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino. Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás y lo hacía desfallecer. Jonás se deseó la muerte y dijo:
«Más me vale morir que vivir.»
Respondió Dios a Jonás:
«¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?» Contestó él:
«Con razón siento un disgusto mortal.» El Señor le replicó:
«Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran cantidad de ganado?»
SEGUNDA LECTURA
De las Memorias escritas por una religiosa, secretaria de santa Juana Francisca
Cierto día, la bienaventurada Juana dijo estas encendidas palabras, que fueron en seguida recogidas fielmente:
«Hijas queridísimas, muchos de nuestros santos Padres y columnas de la Iglesia no sufrieron el martirio; ¿por qué creéis que ocurrió esto?».
Después de haber respondido una por una, la bienaventurada madre dijo:
«Pues yo creo que esto es debido a que hay otro martirio, el del amor, con el cual Dios, manteniendo la vida de sus siervos y siervas, para que sigan trabajando por su gloria, los hace, al mismo tiempo, mártires y confesores. Creo que a las Hijas de la Visitación se les asigna este martirio, y algunas de ellas, si Dios así lo dispone, lo conseguirán si lo desean ardientemente.»
Una hermana preguntó cómo se realizaba dicho martirio. Juana contestó:
«Sed totalmente fieles a Dios, y lo experimentaréis. El amor divino hunde su espada en los reductos más secretos e íntimos de nuestras almas, y llega hasta separarnos de nosotros mismos. Conocí a un alma a quien el amor separó de todo lo que le agradaba, como si un tajo, dado por la espada del tirano, hubiera separado su espíritu de su cuerpo.»
Nos dimos cuenta de que estaba hablando de sí misma. Al preguntarle otra hermana sobre la duración de este martirio, dijo:
«Desde el momento en que nos entregamos a Dios sin reservas hasta el fin de la vida. Pero esto lo hace Dios sólo con los corazones magnánimos que, renunciando completamente a sí mismos, son completamente fieles al amor; a los débiles e inconstantes en el amor, no les lleva el Señor por el camino del martirio, y les deja continuar su vida mediocre, para que no se aparten de él, pues nunca violenta a la voluntad libre.»
Por último, se le preguntó, con insistencia, si este martirio de amor podría igualar al del cuerpo. Respondió la madre Juana:
«No nos preocupemos por la igualdad. De todos modos creo que no tiene menor mérito, pues es fuerte el amor como la muerte, y los mártires de amor sufren dolores mil veces más agudos en vida, para cumplir la voluntad de Dios, que si hubieran de dar mil vidas para testimoniar su fe, su caridad y su fidelidad.»
R. Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, ponedlo por obra: * Y el Dios de la paz estará con vosotros.
V. Todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.
Oración
Padre, que iluminaste a santa Juana Francisca para que peregrinara en este mundo por caminos de luz y santidad; concédenos, por su intercesión, que viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos constantemente a las obras de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
