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Orar

Lunes, 14 de octubre de 2030

San Calixto I, papa y mártir

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Calixto I, papa y mártir.

V. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor. R. Más que miel en la boca.

Himno

En el principio, tu Palabra.

Antes que el sol ardiera,

antes del mar y las montañas,

antes de las constelaciones,

nos amó tu Palabra.

Desde tu seno, Padre,

era sonrisa su mirada,

era ternura su sonrisa,

era calor de brasa.

En el principio, tu Palabra.

Todo se hizo de nuevo,

todo salió sin mancha,

desde el arrullo del río

hasta el rocío y la escarcha;

nuevo el canto de los pájaros,

porque habló tu Palabra.

Y nos sigues hablando todo el día,

aunque matemos la mañana

y desperdiciemos la tarde,

y asesinemos la alborada.

Como una espada de fuego,

en el principio, tu Palabra.

Llénanos de tu presencia, Padre;

Espíritu, satúranos de tu fragancia;

danos palabras para responderte,

Hijo, eterna Palabra. Amén.

Salmodia

Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.

Salmo 72

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6)

¡Qué bueno es Dios para el justo,

el Señor para los limpios de corazón!

Pero yo por poco doy un mal paso,

casi resbalaron mis pisadas:

porque envidiaba a los perversos,

viendo prosperar a los malvados.

Para ellos no hay sinsabores,

están sanos y engreídos;

no pasan las fatigas humanas

ni sufren como los demás.

Por eso su collar es el orgullo,

y los cubre un vestido de violencia;

de las carnes les rezuma la maldad,

el corazón les rebosa de malas ideas.

Insultan y hablan mal,

y desde lo alto amenazan con la opresión.

Su boca se atreve con el cielo,

y su lengua recorre la tierra.

Por eso mi pueblo se vuelve a ellos

y se bebe sus palabras.

Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber,

se va a enterar el Altísimo?»

Así son los malvados:

siempre seguros, acumulan riquezas.

Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Salmo 72

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6)

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón

y he lavado en la inocencia mis manos?

¿Para qué aguanto yo todo el día

y me corrijo cada mañana?

Si yo dijera: «Voy a hablar como ellos»,

renegaría de la estirpe de tus hijos.

Meditaba yo para entenderlo,

pero me resultaba muy difícil;

hasta que entré en el misterio de Dios,

y comprendí el destino de ellos.

Es verdad: los pones en el resbaladero,

los precipitas en la ruina;

en un momento causan horror,

y acaban consumidos de espanto.

Como un sueño al despertar, Señor,

al despertarte desprecias sus sombras.

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.

Salmo 72

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6)

Cuando mi corazón se agriaba

y me punzaba mi interior,

yo era un necio y un ignorante,

yo era un animal ante ti.

Pero yo siempre estaré contigo,

tú tomas mi mano derecha,

me guías según tus planes,

y me llevas a un destino glorioso.

¿No te tengo a ti en el cielo?;

y contigo, ¿qué me importa la tierra?

Se consumen mi corazón y mi carne

por Dios, mi herencia eterna.

Sí: los que se alejan de ti se pierden;

tú destruyes a los que te son infieles.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios,

hacer del Señor mi refugio,

y proclamar todas tus acciones

en las puertas de Sión.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro de Ben Sirá · 11, 12-28

Suele haber alguien que es débil, necesitado de apoyo, falto de bienes y sobrado de pobreza, pero el Señor se fija en él para hacerle bien y lo levanta del polvo, le hace levantar la cabeza y muchos se asombran al verlo.

Bien y mal, vida y muerte, pobreza y riqueza, todo viene del Señor; el don del Señor es para el justo, y su favor le asegura el éxito.

Hay quien se hace rico a fuerza de afanes y avaricia, y se cree con esto ya bien pagado. Y dice para sí: «Ahora puedo descansar; ahora comeré de mis rentas.» Pero no sabe cuánto tiempo le queda para morir y dejar a otros todo lo suyo.

Hijo mío, cumple tu deber, ocúpate de él, envejece en tu tarea; no admires las acciones del perverso, espera en el Señor y aguarda su luz; porque es cosa fácil para el Señor enriquecer en un instante al pobre.

La bendición del Señor es la recompensa del justo, y a su tiempo florece su esperanza.

No digas: «He despachado mis asuntos y, ahora, ¿qué puede ya hacerme falta?» No digas: «Ya tengo bastante, ¿qué mal me puede suceder?» En el día dichoso se olvida la desgracia, en el -día desgraciado se olvida la dicha. Fácil es para Dios, a la hora de la muerte, pagar al hombre su conducta.

Un mal momento hace olvidar de los place. Cuando llega el fin del hombre, se revela su miseria. Antes del fin, no declares feliz a nadie: su desenlace mostrará si es dichoso; pues sólo a su término es conocido el hombre.

SEGUNDA LECTURA

Del tratado de san Cipriano, obispo y mártir, a Fortunato

Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. ¿Quién, por tanto, no pondrá por obra todos los remedios a su alcance para llegar a una gloria tan grande, para convertirse en amigo de Dios, para tener parte al momento en el gozo de Cristo, para recibir la recompensa divina después de los tormentos y suplicios terrenos?

Si los soldados de este mundo consideran un honor volver victoriosos a su patria después de haber vencido al enemigo, un honor mucho más grande y valioso es volver triunfante al paraíso después de haber vencido al demonio y llevar consigo los trofeos de victoria a aquel mismo lugar de donde fue expulsado Adán por su pecado —arrastrando en el cortejo triunfal al mismo que antes lo había engañado—, ofrecer al Señor, como un presente de gran valor a sus ojos, la fe inconmovible, la incolumidad de la fuerza del espíritu, la alabanza manifiesta de la propia entrega, acompañarlo cuando comience a venir para tomar venganza de sus enemigos, estar a su lado cuando comience a juzgar, convertirse en heredero junto con Cristo, ser equiparado a los ángeles, alegrarse con los patriarcas, los apóstoles y los profetas por la posesión del reino celestial. ¿Qué persecución podrá vencer estos pensamientos, o qué tormentos superarlos?

La mente que se apoya en santas meditaciones persevera firme y segura y se mantiene inconmovible frente a todos los terrores diabólicos y amenazas del mundo, ya que se halla fortalecida por una fe cierta y sólida en el premio futuro. En la persecución se cierra el mundo, pero se abre el cielo; amenaza el anticristo, pero protege Cristo; se inflige la muerte, pero sigue la inmortalidad. ¡Qué gran dignidad y seguridad, salir contento de este mundo, salir glorioso en medio de la aflicción y la angustia, cerrar en un momento estos ojos con los que vemos a los hombres y el mundo para volverlos a abrir en seguida y contemplar a Dios y a Cristo! ¡Cuán rápidamente se recorre este feliz camino! Se te arranca repentinamente de la tierra, para colocarte en el reino celestial.

Estas consideraciones son las que deben impregnar nuestra mente, esto es lo que hay que meditar día y noche. Si la persecución encuentra así preparado al soldado de Dios, su fuerza, dispuesta a la lucha, no podrá ser vencida. Y aun en el caso de que llegue antes la llamada de Dios, no quedará sin premio una fe que estaba dispuesta al martirio; sin pérdida de tiempo, Dios, que es el juez, dará la recompensa; porque en tiempo de persecución se premia el combate, en tiempo de paz la buena conciencia.

R. Tened cuidado del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, * Como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.
V. En un administrador, lo que se busca es que sea fiel.

Oración

Atiende, Señor, con bondad las plegarias de tu pueblo y, por la intercesión del papa san Calixto, cuyo martirio hoy celebramos, concédenos la ayuda necesaria para nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.