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Orar

Jueves, 24 de octubre de 2030

San Antonio María Claret, obispo

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Antonio María Claret, obispo.

V. Ábreme, Señor, los ojos. R. Y contemplaré las maravillas de tu voluntad

Himno

Con gozo el corazón cante la vida,

presencia y maravilla del Señor,

de luz y de color bella armonía,

sinfónica cadencia de su amor.

Palabra esplendorosa de su Verbo,

cascada luminosa de verdad,

que fluye en todo ser que en él fue hecho

imagen de su ser y de su amor.

La fe cante al Señor, y su alabanza,

palabra mensajera del amor,

responda con ternura a su llamada

en himno agradecido a su gran don.

Dejemos que su amor nos llene el alma

en íntimo diálogo con Dios,

en puras claridades cara a cara,

bañadas por los rayos de su sol.

Al Padre subirá nuestra alabanza

por Cristo, nuestro vivo intercesor,

en alas de su Espíritu que inflama

en todo corazón su gran amor. Amén.

Salmodia

La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.

Salmo 17 · 17, 31-51

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rm 8, 31)

Perfecto es el camino de Dios,

acendrada es la promesa del Señor;

él es escudo para los que a él se acogen.

¿Quién es dios fuera del Señor?

¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?

Dios me ciñe de valor

y me enseña un camino perfecto;

él me da pies de ciervo

y me coloca en las alturas;

él adiestra mis manos para la guerra,

y mis brazos para tensar la ballesta.

La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro de Ben Sirá · 38, 25-39, 15

El ocio del escritor aumenta su sabiduría, el que está poco ocupado se hará sabio. ¿Cómo se hará sabio el que agarra el arado y su orgullo es manejar la aguijada? El que guía los bueyes, dirige los toros y no habla más que de novillos; se desvela por arreglar el establo y se preocupa de trazar los surcos.

Lo mismo el artesano y el tejedor, que emplean la noche como el día. Los que esculpen relieves de sellos procurando variar el diseño, se esfuerzan por imitar la vida y se desvelan por terminar la tarea.

Lo mismo el herrero, sentado junto al yunque, mientras estudia el trabajo del hierro; el soplo del fuego le seca la carne, mientras brega en el calor del horno; el ruido del martillo le ensordece, mientras se fija en el modelo de la herramienta; se esfuerza por dar término a su tarea y se desvela por perfilar la obra.

Lo mismo el alfarero, sentado al trabajo, hace girar el torno con los pies, siempre preocupado por su tarea, y trabajando payo producir mucho; con el brazo modela la arcilla, y ablanda su resistencia con los pies; se esfuerza por terminar el barnizado y se desvela por dejar limpio el horno.

Todos éstos se fían de su destreza y son expertos en su oficio; sin su trabajo la ciudad no tiene casas ni habitantes ni transeúntes; con todo, no los eligen senadores al descuellan en la asamblea, no toman asiento en el tribunal ni discuten la justa: sentencia, no exponen su doctrina o su decisión ni entienden de proverbios; aunque mantienen la vieja creación ocupados en su trabajo artesano.

En cambio, el que se entrega de lleno a meditar la ley; del Altísimo indaga la sabiduría de sus predecesores y estudia las profecías, examina las explicaciones de autores famosos y penetra por parábolas intrincadas, indaga el misterio de proverbios y da vueltas a enigmas.

Presta servicio ante los poderosos y se presenta ante los jefes; viaja por países extranjeros, probando el bien y el mal de los hombres; madruga por: el Señor, su creador, y reza delante del Altísimo; abre la boca para suplicar, pidiendo perdón de sus pecados.

Si el Señor lo quiere, él se llenará de espíritu de inteligencia; Dios le hará derramar sabias palabras, y él confesará al Señor en su oración. Dios guiará sus consejos prudentes, y él meditará sus misterios; Dios le comunicará su doctrina y enseñanza, y él se gloriará de la ley del Altísimo.

Muchos alabarán su inteligencia, que no perecerá jamás; nunca faltará su recuerdo, y su fama vivirá por generaciones. Los pueblos contarán su sabiduría y la asamblea anunciará su alabanza; mientras vive, tendrá renombre entre mil, que le bastará cuando muera.

SEGUNDA LECTURA

De las obras de san Antonio María Claret, obispo

Inflamados por el fuego del Espíritu Santo, los misioneros apostólicos han llegado, llegan y llegarán hasta los confines del mundo, desde uno y otro polo, para anunciar la palabra divina; de modo que pueden decirse con razón a sí mismos las palabras del apóstol san Pablo: Nos apremia el amor de Cristo.

El amor de Cristo nos estimula y apremia a correr y volar con las alas del santo celo. El verdadero amante ama a Dios y a su prójimo; el verdadero celador es el mismo amante, pero en grado superior, según los grados de amor; de modo que, cuanto más amor tiene, por tanto mayor celo es compelido. Y, si uno no tiene celo, es señal cierta que tiene apagado en su corazón el fuego del amor, la caridad. Aquel que tiene celo desea y procura, por todos los medios posibles, que Dios sea siempre más conocido, amado y servido en esta vida y en la otra, puesto que este sagrado amor no tiene ningún límite.

Lo mismo practica con su prójimo, deseando y procurando que todos estén contentos en este mundo y sean felices y bienaventurados en el otro; que todos se salven, que ninguno se pierda eternamente, que nadie ofenda a Dios y que ninguno, finalmente, se encuentre un solo momento en pecado. Así como lo vemos en los santos apóstoles y en cualquiera que esté dotado de espíritu apostólico.

Yo me digo a mí mismo: Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra, se goza en las privaciones, aborda los trabajos, abraza los sacrificios, se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

R. Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas. * Porque os habíais ganado nuestro amor.
V. Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta que Cristo tome forma en vosotros.

Oración

Dios nuestro, que infundiste en san Antonio María Claret una gran fortaleza y una admirable caridad para llevar a cabo la evangelización de los pueblos, concédenos, por su intercesión, que busquemos siempre tu reino en todo lo que hagamos y que nos dediquemos, con empeño, a ganar a nuestros hermanos para Cristo. Que vive y reina contigo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.