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Martes, 11 de agosto de 2026

Santa Clara, virgen

Tiempo Ordinario · Blanco · Ciclo A

Nona (Hora intermedia)

El himno

El libro ofrece varios; puede rezarse cualquiera de ellos.

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Librará al pobre que clamaba. R. Y salvará la vida de los pobres.

Himno

Danos, Señor, la firme voluntad,

compañera y sostén de la virtud,

que sabe en la fatiga hallar quietud

y en medio de las sombras claridad:

La que trueca en tesón la veleidad,

y el ocio en perennal solicitud,

y las ásperas fiebres en salud

y los torpes engaños en verdad.

Y así conseguirá mi corazón

que los favores que a tu amor debí

le ofrezcan algún fruto en galardón.

Y aún tú, Señor, conseguirás así

que no llegue a romper mi confusión

la imagen tuya que pusiste en mí. Amén.

Salmodia

Amar es cumplir la ley entera.

Salmo 118 · 118, 97-104

¡Cuánto amo tu voluntad!

todo el día la estoy meditando;

tu mandato me hace más sabio que mis enemigos,

siempre me acompaña;

soy más docto que todos mis maestros,

porque medito tus preceptos.

Soy más sagaz que los ancianos,

porque cumplo tus leyes;

aparto mi pie de toda senda mala,

para guardar tu palabra;

no me aparto de tus mandamientos,

porque tú me has instruido.

¡Qué dulce al paladar tu promesa:

más que miel en la boca!

Considero tus decretos,

y odio el camino de la mentira.

Amar es cumplir la ley entera.

Acuérdate, Señor, de la comunidad que adquiriste desde antiguo.

Salmo 73 · 118, 97-104

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo. (Mt 10, 28)

¿Por qué, ¡oh Dios!,

nos tienes siempre abandonados,

y está ardiendo tu cólera

contra las ovejas de tu rebaño?

Acuérdate de la comunidad

que adquiriste desde antiguo,

de la tribu que rescataste para posesión tuya,

del monte Sión donde pusiste tu morada.

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;

el enemigo ha arrasado del todo el santuario.

Rugían los agresores en medio de tu asamblea,

levantaron sus propios estandartes.

En la entrada superior

abatieron a hachazos el entramado;

después, con martillos y mazas,

destrozaron todas las esculturas.

Prendieron fuego a tu santuario,

derribaron y profanaron la morada de tu nombre.

Pensaban: «Acabaremos con ellos»,

e incendiaron todos los templos del país.

Ya no vemos nuestros signos, ni hay profeta:

nadie entre nosotros sabe hasta cuándo.

¿Hasta cuándo, Dios mío,

nos va a afrentar el enemigo?

¿No cesará de despreciar tu nombre el adversario?

¿Por qué retraes tu mano izquierda

y tienes tu derecha escondida en el pecho?

Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre,

tú ganaste la victoria en medio de la tierra.

Acuérdate, Señor, de la comunidad que adquiriste desde antiguo.

Levántate, Señor, defiende tu causa.

Salmo 73 · 118, 97-104

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo. (Mt 10, 28)

Tú hendiste con fuerza el mar,

rompiste la cabeza del dragón marino;

tú aplastaste la cabeza del Leviatán

se la echaste en pasto a las bestias del mar;

tú alumbraste manantiales y torrentes,

tú secaste ríos inagotables.

Tuyo es el día, tuya la noche,

tú colocaste la luna y el sol;

tú plantaste los linderos del orbe,

tú formaste el verano y el invierno.

Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja,

que un pueblo insensato desprecia tu nombre;

no entregues a los buitres la vida de tu tórtola,

ni olvides sin remedio la vida de tus pobres.

Piensa en tu alianza: que los rincones del país

están llenos de violencias.

Que el humilde no se marche defraudado,

que pobres y afligidos alaben tu nombre.

Levántate, ¡oh Dios!, defiende tu causa:

recuerda los ultrajes continuos del insensato;

no olvides las voces de tus enemigos,

el tumulto creciente de los rebeldes contra ti.

Levántate, Señor, defiende tu causa.

LECTURA BREVE

Pr 22, 22-23

No robes al pobre porque es pobre, no oprimas al desgraciado en el tribunal, porque el Señor defenderá su causa y pondrá zancadillas a los que se las ponían.

Oremos:

Dios nuestro, que enviaste un ángel al centurión Cornelio para que le revelara el camino de la salvación, ayúdanos a trabajar cada día con mayor entrega en la salvación de los hombres, para que, junto con todos nuestros hermanos, incorporados a la Iglesia de tu Hijo, podamos llegar a ti. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.

Liturgia de las Horas — Parroquia Jesús Obrero