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Orar

Domingo, 11 de octubre de 2026

28º domingo del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Ciclo A

II Vísperas

Semana IV del Salterio

V. R. Aleluya, (aleluya).

Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Himno

Hacedor de la luz: tú que creaste

la que brilla en los días de este suelo,

y que, mediante sus primeros rayos,

diste principio al universo entero.

Tú que nos ordenaste llamar día

al tiempo entre la aurora y el ocaso,

ahora que la noche se aproxima

oye nuestra oración y nuestro llanto.

Que cargados con todas nuestras culpas

no perdamos el don de la otra vida,

al no pensar en nada duradero

y al continuar pecando todavía.

Haz que, evitando todo lo dañoso

y a cubierto de todo lo perverso,

empujemos las puertas celestiales

y arrebatemos el eterno premio.

Escucha nuestra voz, piadoso Padre,

que, junto con tu Hijo Jesucristo

y con el Santo Espíritu Paráclito,

reinas y reinarás en todo siglo. Amén.

Salmodia

Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Salmo 109 · 109, 1-5. 7

Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno

según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.

Salmo 111

Caminad como hijos de la luz; toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef 5, 8-9)

Dichoso quien teme al Señor

y ama de corazón sus mandatos.

Su linaje será poderoso en la tierra,

la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,

su caridad es constante, sin falta.

En las tinieblas brilla como una luz

el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,

y administra rectamente sus asuntos.

El justo jamás vacilará,

su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,

su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor,

hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;

su caridad es constante, sin falta,

y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,

rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.

Cántico · Cf. Ap 19, 1-2. 5-7

Aleluya.

La salvación y la gloria y el poder

son de nuestro Dios.

(R. Aleluya.)

Porque sus juicios son verdaderos y justos.

Aleluya.

Alabad al Señor, sus siervos todos.

(R. Aleluya.)

Los que le teméis, pequeños y grandes.

Aleluya.

Porque reina el Señor, nuestro Dios,

dueño de todo.

(R. Aleluya.)

Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.

Llegó la boda del Cordero.

(R. Aleluya.)

Su esposa se ha embellecido.

LECTURA BREVE

Hb 12, 22-24

Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de los innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino, al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

R. Nuestro Señor es grande y poderoso.
V. Nuestro Señor es grande y poderoso.

R. Nuestro Señor es grande y poderoso.
V. Su sabiduría no tiene medida.

R. Nuestro Señor es grande y poderoso.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

A la hora de la cena el Señor llama a todos los invitados: «Venid, que ya está todo preparado.» Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

A la hora de la cena el Señor llama a todos los invitados: «Venid, que ya está todo preparado.» Aleluya.

Preces

Alegrándonos en el Señor, de quien vienen todos los dones, digámosle:

Escucha, Señor, nuestra oración.

Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que tu nombre fuese glorificado desde donde sale el sol hasta el ocaso, — fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los pueblos.

Haz que seamos dóciles a la predicación de los apóstoles, — y sumisos a la fe verdadera.

Tú que amas la justicia, — haz justicia a los oprimidos.

Libera a los cautivos, abre los ojos al ciego, — endereza a los que ya se doblan, guarda a los peregrinos.

Haz que nuestros hermanos que duermen ya el sueño de la paz — lleguen, por tu Hijo, a la santa resurrección.

Oración

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.